Cómo sembrar zinnias: siembra, germinación y primeros pasos
Las zinnias pertenecen a la familia de las Asteráceas, emparentadas con margaritas y cosmos, y tienen su origen en los matorrales y praderas desérticas que se extienden desde el sur de Estados Unidos hasta México. El género agrupa unas veinte especies, siendo Zinnia elegans la más conocida y cultivada desde hace siglos. Junto a ella aparecen otras como Zinnia angustifolia, de porte bajo y extendido; Zinnia haageana, compacta y con flores algo menores; Zinnia tenuifolia o Zinnia acerosa, y cerca de un centenar de híbridos y cultivares repartidos en series como Profusion, Zahara o Lilliput.
Se trata de una planta de carácter gélifo que en climas templados se cultiva como anual: nace, florece y muere dentro del mismo ciclo. Esa vida breve no impide una floración prolongada que arranca en junio y se mantiene ininterrumpida hasta las primeras heladas, lo que la convierte en una de las floraciones más generosas del verano.
La zinnia forma una mata densa, ramificada, compacta y erguida. Su altura varía enormemente según la variedad: las enanas no superan los 20 cm, mientras que las grandes pueden alcanzar entre 90 cm y un metro. De esa base surgen tallos rígidos, angulosos o redondeados, bien ramificados, con follaje áspero, rugoso y ligeramente pubescente, de verde medio a verde pálido. Las hojas, opuestas, lineales, ovadas o elípticas, miden entre 2 y 8 cm y terminan en punta.
Las flores son capítulos solitarios portados en la extremidad de largos tallos erguidos. Alrededor de un disco central se disponen una o varias filas de pétalos ligulados radiantes, con un diámetro que oscila entre 2 y 12 cm. La gama cromática es extraordinaria: naranja flamboyante, rojo cereza, blanco puro, amarillo dorado, púrpura, rosa humo, verde chartreuse en variedades como Envy. Se clasifican por su forma en tipos de cactus, dalia, escabiosa o crisantemo, con formas simples, semidobles, muy dobles y pompones ligeramente aplanados. Están ligeramente perfumadas, con un aroma ceroso, y al ser nectaríferas atraen abejas, mariposas y otros polinizadores; las flores simples, con el disco más accesible, son especialmente valiosas para ellos.
La siembra es el método habitual de propagación, una forma colorida y económica de llenar un parterre. Se puede sembrar directamente en su ubicación definitiva o iniciar en semillero unas semanas antes. Crecen rápido y no necesitan mucho tiempo en el semillero antes del trasplante. La siembra directa debe esperar a que haya desaparecido el riesgo de heladas y la tierra esté templada, con temperaturas constantes del orden de 21 °C (70 °F). En zonas de primavera fría resulta útil adelantarlas en interior, entre 4 y 6 semanas antes de la última helada prevista, sin excesiva antelación porque crecen deprisa y conviene trasplantarlas jóvenes.
Para sembrar en semillero se emplea un sustrato ligero, fino y con buen drenaje, humedecido antes de colocar las semillas. Es práctico poner una o dos semillas por alvéolo para reducir la manipulación de raíces. En siembra directa se eliminan las malas hierbas, se trabaja la superficie hasta obtener tierra suelta sin grandes terrones, y se coloca aproximadamente una semilla cada 10 cm. En todos los casos las semillas se introducen a poca profundidad, unos 0,5 cm, y se cubren con una fina capa de sustrato, ya que no necesitan luz para germinar.
Tras la siembra conviene realizar un riego fino que humedezca uniformemente sin descubrir las semillas. Se mantiene humedad moderada durante la germinación, evitando el encharcamiento. Las zinnias germinan rápidamente con temperaturas cálidas: un rango de 21–24 °C favorece una germinación rápida y uniforme, y en buenas condiciones las primeras plántulas aparecen en 3 a 7 días, aunque puede prolongarse con temperaturas inferiores.
Una vez emergidas las plántulas, la luz se vuelve fundamental: necesitan mucha iluminación, pues una luz insuficiente provoca plantas alargadas y tallos débiles. Si germinaron en interior, deben acostumbrarse progresivamente al sol antes del trasplante. El trasplante al aire libre se hace cuando la planta tiene más de un par de hojas y el suelo se ha calentado, habiendo pasado todo riesgo de heladas. En climas mediterráneos se recomienda esperar a mediados de mayo, manteniendo previamente las plantitas bajo refugio en un lugar tibio y luminoso a más de 14 °C.
El trasplante se realiza preparando el lugar: se pala bien la tierra para aflojarla, se hace un hoyo 2 o 3 veces más ancho que la maceta, se añade compost o abono orgánico y grava o bolas de arcilla en el fondo para mejorar el drenaje. Se retira la planta con cuidado, se coloca en el centro del hoyo con el cuello al nivel del suelo, se cubren las raíces con tierra, se riega abundantemente y se coloca mantillo sobre el suelo. Es aconsejable trasplantar en horas de la tarde, cuando el sol no aprieta, para que la planta se recupere con mayor facilidad.
“Floración ininterrumpida de junio a primeras heladas, con floración desde ~2 meses tras la siembra”
Dato clave