Cómo se fabrica la seda natural: del gusano al tejido
La seda natural es una de las fibras más antiguas y valiosas que el ser humano ha producido. Su origen se remonta a hace más de 5.000 años en China, donde por accidente (según la leyenda) una oruga cayó en la infusión de la emperatriz Leizu, revelando la existencia de un hilo continuo capaz de tejer telas extraordinarias. Hoy, el proceso sigue siendo esencialmente el mismo, aunque con mejoras tecnológicas importantes. Todo comienza con la cría del gusano de seda, cuya especie principal es el Bombyx mori. Las orugas se alimentan exclusivamente de hojas de morera (Morus), que son las que proporcionan los nutrientes necesarios para la síntesis de fibroína, la proteína que forma el hilo de seda. Durante aproximadamente 4 a 5 semanas, el gusano come de forma prácticamente ininterrumpida, aumentando su peso hasta 8.000 veces respecto al huevo. Cuando el gusano alcanza el tamaño adecuado (unos 7-8 cm), deja de comer y busca un lugar elevado para tejer su capullo. Este proceso dura entre 2 y 3 días, durante los cuales la oruga secreta desde sus glándulas sericígenas una hebra continua de seda que, al entrar en contacto con el aire, se solidifica. Un solo capullo contiene entre 300 y 900 metros de hilo ininterrumpido, con un diámetro de apenas 10 a 12 micras. El hilo está compuesto por dos capas: la fibroína, que es la proteína estructural interior (aproximadamente 70-80% del peso), y la sericina, una guma proteica que recubre y cementa las dos hebras paralelas que forman el filamento. Esta sericina es la clave del proceso de hilatura, ya que debe eliminarse parcialmente para poder trabajar la fibra. Una vez formados los capullos, estos se secan al sol o en hornos a temperatura controlada (alrededor de 60-70 °C) durante varios días. El secado previene que el gusano se convierta en polilla y rompa el hilo desde dentro, lo cual destruiría la continuidad del filamento. Los capullos se clasifican según tamaño, color y calidad. La siguiente fase es el desgranado o cocer: los capullos se sumergen en agua caliente (70-90 °C) durante unos 15-30 minutos. El calor ablanda la sericina, haciendo que las hebras se separen suavemente y el capullo se abra como una concha. En este punto, se localiza el extremo del hilo y se commence a despolvar (tirar del hilo). En la hilatura, los hilos de 4 a 8 capullos distintos se juntan y trenzan simultáneamente en un proceso llamado rebobinado o hilado. Se añade una pequeña cantidad de sericina extra como adhesivo para que las hebras no se separen. El resultado es un hilo de seda cru (sin tejer) de grosor uniforme, que se enrolla en bobinas. El hilo de seda cru se somete a un lavado para eliminar la sericina sobrante, proceso que reduce el peso aproximadamente un 20-30%. Una vez limpio y seco, la seda queda lista para ser teñida (si se desea) y tejida en telares, ya sean manuales o industriales, produciendo tejidos como satén, crepé, organza o charmeuse. A nivel global, el 90% de la producción mundial de seda natural proviene de Asia, siendo China y la India los dos principales productores. En Europa, Italia y Francia mantienen una tradición artesanal de gran calidad, especialmente en regiones como la Provenza francesa o la Lombardía italiana.
“La seda natural está compuesta por fibroína (70-80%) recubierta de sericina, una guma que se elimina en la hilatura.”
Dato clave