Cómo hacer punto tallo: la puntada más versátil del bordado a mano
El punto de tallo, conocido en inglés como stem stitch, es una de las puntadas más antiguas y reconocibles dentro del bordado a mano. Su estructura es muy sencilla: se trata de puntadas rectas superpuestas donde cada aguja sale justo al lado de la anterior, formando una línea continua con un efecto retorcido que recuerda a una cuerda trenzada. Ese relieve cordonado es lo que le da nombre, porque tradicionalmente se ha usado para representar tallos de flores, ramas y contornos de hojas.
En español tiene varios nombres alternativos: punto de contorno, punto de vástago, cordoncillo, puntada de caña, puntada crewel o puntada de tallo. En inglés se le llama stem stitch, stalk stitch, rope stitch, outline stitch, crewel stitch, arrow stitch o South Kensington stitch. Todas esas denominaciones describen la misma familia de puntadas enlazadas que generan una línea continua.
Se clasifica como puntada de nivel principiante, así que es una de las primeras que aprende quien se inicia en el bordado. Su función principal abarca contorno, nervaduras, relleno y tallos, lo que lo hace extremadamente polivalente.
La ejecución básica es muy directa. Necesitas hilo de algodón para bordar, una aguja de bordar y un tejido de trama uniforme como lino. Enhebras la aguja, la introduces por el reverso de la tela en el punto de inicio y la sacas al frente a la longitud deseada para la primera puntada. A partir de ahí, la aguja vuelve a entrar por el derecho a la distancia de la siguiente puntada, pero aquí está el gesto clave: la sacas por el lado de la puntada anterior, no por su centro, y tiras del hilo siempre por el mismo lado al insertar la aguja.
Ese detalle, sacar la aguja al lado y no dividiendo la pasada previa, es lo que produce el efecto retorcido de cuerda. La dirección en la que dejas el hilo, por debajo o por encima de la puntada anterior, determina el sentido de la torsión del cordoncillo. Conviene decidir de antemano si vas a mantener el hilo a la izquierda o a la derecha para que el relieve quede uniforme en toda la línea.
La diferencia fundamental con el punto partido (falsa cadeneta) está precisamente ahí. En el punto tallo la aguja sale al lado de la puntada anterior, mientras que en el punto partido divide la pasada por el centro, pinchando encima de la última pasada. El punto partido funciona mejor con hilos gruesos; el punto tallo da una línea más fina y trenzada.
Frente a otras variantes cercanas, el punto de cuerda ofrece un trazo más grueso, el punto pluma es más suelto y ramificado con efecto decorativo distinto, y el punto tallo se sitúa en el término medio: una línea definida, continua, con relieve, apta tanto para líneas rectas como para curvas. Se adapta muy bien a formas curvadas.
Su historia es impresionante. Está documentado en Perú y Egipto al menos desde el 900 a.C., aparece en artefactos funerarios egipcios del siglo XIV a.C., en piezas peruanas del periodo 600-200 a.C., en excavaciones de Kellis (siglos I-V d.C.) y en el hallazgo de Mammen, Dinamarca, hacia el 970 d.C. En el Tapiz de Bayeux del siglo XI se usó para perfilar contornos, en el siglo XV fue popular en bordados eclesiásticos islandeses, en el XVII aparece en el bordado jacobeo inglés, en el XVIII se emplea en los Mandarin Squares chinos y en el Candlewick de Estados Unidos, y en el XIX resulta esencial en la Broderie Anglaise, los diseños de William Morris, el bordado de Cachemira y el de Meknes en Marruecos.
El mantenimiento de una tensión uniforme es el consejo más repetido. Una tensión constante evita que el hilo se enrede, que el cordoncillo quede apretado o que la línea se deforme. También se recomienda usar hilos con un ligero brillo, porque resalta la textura retorcida y hace visible el efecto de cuerda en el resultado.
“Documentado desde el 900 a.C. en Perú y Egipto, presente en el Tapiz de Bayeux (siglo XI) y en los diseños de William Morris (siglo XIX): más de 2.500 años de tradición textil.”
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