Cómo hacer punto remallado a mano: técnicas, materiales y trucos para un acabado profesional
El remallado es la técnica de costura que protege los cantos crudos de la tela para evitar que se deshilachen con el uso y los lavados. Consiste, básicamente, en pasar un pespunte por todo el contorno de las piezas cortadas de forma que el hilo abrace el borde y lo recubra. Lo más habitual es hacerlo con máquina remalladora o overlock, pero es perfectamente posible realizar un remallado a mano con excelentes resultados, sobre todo en arreglos puntuales, tejidos delicados, zonas donde la máquina no alcanza y proyectos artesanales.
La remalladora o overlock cose, corta y sobrehila en una sola pasada, trabajando con dos, tres, cuatro o cinco hilos, dejando el borde protegido y la unión resuelta al mismo tiempo. Sin embargo, la costura a mano ofrece alternativas muy válidas para conseguir un acabado limpio, flexible y duradero. Es especialmente útil en áreas pequeñas y curvas que la máquina no puede alcanzar, en telas delicadas como seda o gasa, y en acabados que deben quedar invisibles.
Preparación del material: antes de empezar conviene tener a mano todo lo necesario. Se necesita una aguja de grosor adecuado a la tela, aguja fina para tejidos ligeros y aguja robusta para lona o mezclilla. El hilo de poliéster aporta mayor resistencia, mientras que el de algodón da una caída más natural. También hacen falta tijeras de costura afiladas, un dedal si la tela es gruesa, un enhebrador, alfileres para sujetar las piezas y una cinta métrica o regla para marcar guías. Es muy recomendable disponer de un trozo de tela de práctica, como muselina, para ensayar la puntada antes de pasar a la prenda definitiva.
La puntada clásica para remallar a mano es el sobrehilado o punto de festón. Se trabaja desde el reverso de la tela, entrando la aguja por el canto y saliendo por la cara, manteniendo una distancia constante de unos 3 milímetros respecto al borde. Al pasar el hilo por debajo de la aguja antes de tirar, se forma un nudo en el propio canto que es lo que impide que la tela se deshilache. Esta puntada protege y decora a la vez, por lo que se emplea en bordes de mantas, bolsos, ojales y en todo tipo de remates visibles.
El punto de festón requiere puntadas uniformes y una tensión constante para que el resultado sea limpio. Si se desea un efecto decorativo, se puede utilizar un hilo de color en contraste con la tela, lo que realza el borde y le da protagonismo al acabado. Para un resultado perfecto es importante mantener la tensión uniforme a lo largo de toda la fila y seguir la secuencia de costura sin saltos, ya que una puntada floja dejará el canto desprotegido y una demasiado apretada fruncirá el tejido.
Otra opción manual es la puntada en zigzag a mano, que se ejecuta con puntadas diagonales alternas que dibujan una Z sobre el borde. Esta variante aporta elasticidad y protege la orilla, por lo que es perfecta para rematar tejidos elásticos como el jersey, la felpa o la lycra, y para reforzar zonas de tensión en mochilas, bolsos y ropa deportiva. Cambiando el ángulo y la longitud de las puntadas se obtiene un zigzag más ancho, que cubre mejor el canto, o más estrecho, más delicado y discreto.
La puntada de flecha, también conocida como catchstitch, es una variante muy interesante para remates flexibles. Forma pequeñas X o zigzags en el reverso del tejido y aporta sujeción discreta en dobladillos elásticos, ya que se estira con la prenda sin romperse. A mano es perfecta para prototipos y acabados en zonas de estrés, y en la industria textil se utiliza como refuerzo flexible complementario de otras costuras.
En el caso del punto de ojal, la técnica emplea un punto festón apretado que cubre el borde de los agujeros y previene el deshilachado. Se usa para reforzar broches y botones, cosiendo con puntada de ojal cada uno de los agujeros de forma que los nudos queden en el borde de la pieza, y sirve también como detalle decorativo visible. La clave está en mantener la tensión uniforme y en asegurar bien el hilo al empezar y al terminar.
Para imitar el acabado de una remalladora sin máquina, las opciones rápidas a mano son el sobrehilado y el punto festón, que controlan el deshilachado sin añadir volumen excesivo. En arreglos puntuales estas puntadas sacan del paso sin necesidad de desmontar la prenda. Con máquina doméstica se puede usar el zigzag estrecho o la puntada elástica, procurando que una de las puntadas caiga fuera del tejido y otra dentro, de modo que el borde quede completamente recubierto.
En tejidos elásticos como el jersey y la felpa, que prácticamente no se deshilachan, el remate es opcional. Si se quiere hacer, basta con una puntada de zigzag de poco ancho para mantener la elasticidad. En tejidos planos como el popelín, el algodón de patchwork o el lino, el remallado previo a la confección es muy recomendable, sobre todo si la prenda va a lavarse muchas veces o si el proyecto va a venderse, porque el canto crudo se deshace con rapidez.
En labores de punto de aguja existe además un remallado específico, la costura invisible horizontal, que sirve para cerrar puntos de dos piezas que están sin rematar imitando el punto con el que se ha estado tejiendo. Queda plana, no abulta, no deja holgura y apenas se distingue del tejido, por lo que sustituye con ventaja a costuras incómodas en zonas como la puntera de un calcetín, la entrepierna de un cubrepañal o los hombros de un jersey.
Para realizar este remallado de punto se colocan las dos piezas enfrentadas revés con revés, de manera que se vea el derecho de ambas, y se utiliza el mismo hilo con el que se ha tejido, dejando una hebra de unas tres veces y media el largo del ancho de la costura. Con los puntos aún en las agujas y la hebra situada en la pieza de detrás, a la derecha, se enhebra una aguja lanera y se trabaja de derecha a izquierda.
“Para el remallado de punto de aguja, deja una hebra de 3,5 veces el ancho de la costura antes de empezar la secuencia.”
Dato clave