Cómo hacer punto ocho con dos agujas: guía completa del cruce trenzado
El punto ocho, también llamado trenza o cable, es uno de los relieves más reconocibles y apreciados del tejido a dos agujas. Consiste en un grupo de puntos que sobresalen de la labor y se cruzan periódicamente, generando un dibujo entrelazado con forma de ocho que recorre el proyecto de arriba abajo. Su efecto tridimensional transforma una simple superficie de punto de media en un tejido con volumen, profundidad y un aire artesanal muy cálido.
Aunque la mecánica del cruce siempre es idéntica, las variantes del motivo son casi infinitas. Puedes cruzar los puntos hacia la derecha o hacia la izquierda, ensanchar o estrechar la trenza (cuantos más puntos la formen, más ancha será, trabajándose siempre en múltiplos de dos), variar la frecuencia del cruce, juntar varias trenzas en un mismo panel o incluso crear trenzas con dos cruces alternos. Aprender una única técnica te abre la puerta a decenas de diseños distintos.
Este punto es un clásico absoluto en cárdigans, suéteres y sacos, donde el relieve trenzado queda especialmente lucido, pero sus aplicaciones van mucho más allá: gorros, ponchos, capas, polainas, calentadores, diademas, bufandas, mantas, chalecos, cuellos y chompas. Es un punto ideal para prendas de invierno porque aporta un aire acogedor, texturizado y muy decorativo que ninguna labor lisa puede igualar.
Para tejer ochos a dos agujas necesitas el hilo del proyecto, las agujas habituales de la labor y, de forma imprescindible, una aguja auxiliar o un imperdible del tamaño adecuado. Esa aguja auxiliar es la herramienta que permite sostener una parte de los puntos mientras tejes la otra, y es precisamente lo que hace posible el cruce. También es fundamental dominar los puntos básicos del derecho y del revés, ya que ambos intervienen en la formación del motivo.
En cuanto a materiales, conviene elegir agujas cómodas de manejar; los tamaños más frecuentes son 3,5, 4, 4,5 y 5 mm. La lana debe ser acorde al grosor y al tipo de proyecto. Completan el equipo unas tijeras para cortar la hebra, una aguja lanera para enhebrar y coser extremos, y un patrón que indique los puntos y el tamaño de la pieza. A medida que ganas experiencia puedes incorporar marcadores de puntos y otros accesorios que facilitan llevar la cuenta.
Antes de empezar conviene tener claras varias cuestiones. Los puntos que se cruzan se tejen generalmente del derecho, por lo que las vueltas de cruce son vueltas del derecho. Para que la trenza resalte sobre el resto de la labor, a ambos lados deben ir puntos tejidos del revés. Esa franja en relieve crea el contraste visual que hace que el ocho se vea nítido y bien definido.
Un dato muy útil: un tejido con una o más trenzas tende a encoger un poco de ancho. Al alternar puntos del derecho y del revés junto con los cruces, se genera un tejido elástico con esa tendencia natural. La vuelta de cruce, además, tiene mucha tensión en la zona del entrelazado, así que hay que trabajar con cuidado para no perder puntos ni deformar el dibujo.
El primer paso práctico es decidir el diseño. Hay que fijar cuántas trenzas se van a añadir, a qué distancia entre ellas, cuántos puntos formarán la trenza, cuántos puntos del revés tendrá a cada lado, en qué sentido girarán los puntos y cada cuántas vueltas se realizará el cruce. Una vez definido todo esto, ya puedes poner manos a la aguja.
Como configuración habitual y fácil de recordar, una trenza de 6 puntos cruzada cada 8 vueltas con 2 puntos del revés a cada lado funciona muy bien. Un consejo que marca la diferencia estética: no empieces directamente por la vuelta de cruce, sino que teje primero la mitad de las vueltas que tendrá el ocho de alto, en este caso 4 vueltas, para que el dibujo arranque limpio desde el borde inferior.
Para las vueltas de cruce se procede así: tejes con normalidad hasta la altura de la trenza, pasas los puntos del revés que la preceden y luego trasladas la mitad de los puntos de la trenza a la aguja auxiliar sin retorcerlos. En una trenza de 6, eso son 3 puntos. Ese detalle de no retorcer es muy importante, porque un punto torcido arruina la línea del ocho.
Para cruzar a la derecha, la aguja auxiliar se coloca por detrás de la labor. Para cruzar a la izquierda, se coloca por delante. Después tejes la otra mitad de los puntos del derecho, pasas los puntos de la aguja auxiliar a la aguja izquierda con cuidado de no retorcerlos y los tejes también del derecho. Cierras la vuelta con los puntos del revés que cierran la trenza y sigues.
En el resto de las vueltas se tejen los puntos de la trenza tal y como se presentan: los que se ven del derecho, del derecho; los que se ven del revés, del revés. Con esa repetición sencilla el ocho va creciendo y dibujando su trazado entrelazado característico, vuelta tras vuelta, hasta que el proyecto alcance la longitud deseada.
“Una trenza de 6 puntos cruzada cada 8 vueltas con 2 puntos del revés a cada lado es la base más usada.”
Dato clave