Cómo hacer el punto espiga en bordado: técnica, variantes y consejos prácticos
El punto espiga, conocido internacionalmente como Herringbone Stitch, es una de las puntadas decorativas más versátiles del bordado a mano. Se forma por dos filas de puntadas diagonales paralelas que se cruzan cerca de sus extremos, generando ese característico efecto entrelazado en la parte frontal de la labor. Pertenece a la familia de las puntadas en espiga y se clasifica con un nivel de dificultad intermedio, así que es perfectamente accesible si ya dominas el hilván, el punto atrás o el punto cadena.
Lo que hace realmente especial a esta puntada es su reversibilidad. Al girar la tela, el reverso muestra dos líneas paralelas muy similares a un punto hilván, lo que la convierte en una técnica ideal para trabajos reversibles y para el llamado bordado de sombra. Esa doble cara limpia y decorativa se valora enormemente en prendas, pañuelos, mantelería y cualquier textil que se vea por ambas caras.
Antes de lanzarte a coser, conviene conocer el equipamiento mínimo. Necesitas una aguja de punta roma, hilo de perlé especial, mouliné o incluso hilo de ganchillo fino, un bastidor o aro de bordado (de madera, plástico o silicona según tu gusto), tijeras de bordar y buena luz, idealmente natural. Si eres principiante, un dedal es casi obligatorio: te evita pinchazos mientras adquieres la costumbre de empujar la aguja con el dedo índice contra la tela tensada en el bastidor.
El punto espiga recibe nombres muy distintos según la tradición y el país, lo que revela su enorme difusión geográfica. En español se le llama punto cruzado ruso, punto de bruja, punto gato y punto Mossoul. En otros idiomas: Plaited stitch, Catch stitch, Russian cross stitch, Barred witch stitch, Mossoul stitch o Point croisé. Está presente en bordados tradicionales de Italia (Assisi), Marruecos (Chefchaouen), Egipto, Líbano, Siria (Telli), Jordania, Palestina, Israel y Pakistán (Kashmir y Rabari).
La base del trabajo se apoya sobre dos líneas paralelas marcadas en la tela que delimitan la banda por la que avanzará la puntada. Con un lápiz de tela o un hilo hilvanado, dibuja esas dos guías a la distancia que quieras para la anchura final. Esa guía es el esqueleto invisible del diseño, y trabajar sobre ella evita que el punto se desvíe.
El primer paso es enhebrar y anclar. Introduce el hilo en la aguja de punta roma, anuda un extremo pequeño y lleva la aguja desde el reverso hacia el frente en el punto de inicio, en la línea inferior. El hilo queda anclado por detrás, listo para trabajar. A partir de ahí, toda la ejecución se hace de izquierda a derecha, saltando alternativamente entre la línea superior y la inferior.
La secuencia básica es la siguiente: haces un punto diagonal corto desde la línea inferior hacia la superior (subiendo en ángulo, unos 3-4 mm de largo). Regresas la aguja a la línea inferior dando un punto corto hacia atrás que queda paralelo al anterior. Luego un segundo punto diagonal que cruza al primero. Las diagonales quedan entrelazadas, formando la espiga. Repites el ciclo avanzando unos 3-4 mm cada vez.
La manera tradicional de ejecutarlo consiste en alternar el lado derecho y el lado izquierdo, cruzando los hilos de forma regular para que el frente muestre el clásico dibujo de espiga. Esta versión fundamental es la base de todas las variantes, así que conviene practicarla hasta que las diagonales tengan un ángulo y una longitud uniformes. La constancia es lo que separa un punto tosco de un punto limpio.
El punto espiga puede trabajarse en todas las direcciones: hacia arriba, hacia abajo, a la izquierda y a la derecha. Combinar esas orientaciones en una misma pieza permite crear diseños espectaculares en cenefas, sábanas, cortinas y cualquier superficie que se quiera embellecer. En esos casos es fundamental coserlo de forma simétrica para que el efecto final quede armónico.
Para que el resultado sea prolijo conviene mantener una tensión uniforme del hilo, jugar con el grosor para conseguir efectos decorativos más ricos y experimentar con colores contrastantes que resalten el dibujo entrelazado. Elaborar un muestrario con las distintas variantes, probando hilos, grosores y texturas, es la mejor manera de dominar la técnica y construir un repertorio propio de efectos visuales.
“La secuencia básica es: punto diagonal arriba → punto corto atrás → punto diagonal que cruza → avanzar 3-4 mm y repetir.”
Dato clave