Cómo hacer muñecos de año viejo: la tradición que quema lo que te sobró
Si alguna vez has caminado por una calle de Guayaquil, La Plata o Chame la noche del 31 de diciembre, seguro viste una figura de papel encolado ardiendo entre risas, música y fuegos artificiales. Esa escena tiene siglos de vida. La quema del muñeco de fin de año, también llamada quema del año viejo, se celebra a última hora del 31 de diciembre y en la primera hora del 1 de enero para despedir el año que termina y dar la bienvenida al que comienza. La efigie que arde recibe nombres como año viejo, momo de fin de año, fantoche, monigote o simplemente muñeco, y su fabricación es el primer paso del ritual: construir una figura con materiales combustibles, generalmente reciclados, que encarna todo aquello que se desea dejar atrás.
El origen se remonta a la antigua Grecia helénica primitiva. Un rey sagrado, consorte de una ninfa tribal, debía morir al final de su mandato. Una figura de madera de acebuche simbolizaba al rey y era quemada en una gran pira hacia el cierre de su periodo. La madera representaba al Año Nuevo, cuando el rey inicia su reinado expulsando a los espíritus del año viejo, y quien enciende la hoguera representa al sucesor que gobernará durante todo un nuevo ciclo. En América Latina la costumbre se consolidó durante la época colonial como forma de celebrar la llegada del nuevo año.
En Ecuador hay referencias desde al menos 1897, un año después del Gran Incendio de Guayaquil, aunque testimonios afirman que para 1870 ya se practicaba. Se dice que los inicios están en Guayaquil, amenazada por un brote de fiebre amarilla: como medida sanitaria se confeccionaron atados de paja y ramas con los vestidos de familiares muertos, quemados en la calle el último día del año para ahuyentar la peste y la desesperanza. Desde entonces se usa esa misma medida para alejar cualquier mal que afecte a la familia, a una persona o a una comunidad.
En Argentina se recolectaban, originalmente en la semana previa al 31 de diciembre, ropa usada, papel de diario, maderas y pintura para crear muñecos de envergadura similar a un espantapájaros. Con el tiempo las figuras evolucionaron y los tamaños se incrementaron hasta obras gigantescas. Suelen tener una estructura de madera y alambres revestida con capas sobre capas de papel encolado que, tras secar, se pinta acorde al motivo. En La Plata la tradición nació en 1956 en la puerta del almacén y bar de 10 y 40 de Luis Tortora, para homenajear a un jugador de Cambaceres.
En Panamá, desde mediados de diciembre se ven muñecos en la vía Interamericana, especialmente en la zona de Bejuco de Chame y San Carlos, en Panamá Oeste, donde artistas locales los elaboran para la venta. Cada año cambian los personajes: políticos locales e internacionales, personas de la farándula y objetos varios. En zonas rurales como Los Santos se ven muñecos menos elaborados, hechos de paja, cartón, papel, ropa vieja y accesorios, parecidos a un espantapájaros; no están a la venta y representan a personajes locales como campesinos, pescadores, obreros y borrachos.
Los llamados fantoches suelen contar con movimiento, ya sea mediante palancas o motores especiales que les permiten uno o varios movimientos limitados para lograr un efecto más pintoresco. Eran más comunes en Europa o Argentina durante el Carnaval, aunque la creación de muñecos con movimientos se incorporó después a los momos de fin de año. En décadas pasadas la efigie era similar a las representaciones alegóricas de Cronos o el Padre Tiempo; en épocas recientes los motivos variaron hacia figuras del cine, la TV, la música e incluso la política. El uso de pirotecnia es otra incorporación frecuente.
Antes de empezar conviene prepararse: recopilar materiales reciclados como papel, cartón, telas y objetos desechados; preparar la mesa de trabajo con papel de estraza o una superficie plana; tener a mano témperas, pegamentos y tijeras; asegurarse de tener suficiente espacio y de que el ambiente sea seguro; y tomar inspiración de imágenes de muñecos de año viejo para tener una idea clara de lo que se quiere crear.
Para fabricar un muñeco no se necesita mucho tiempo ni dinero. Los elementos básicos son ropa usada, hilos, tijera, aguja, careta y papel periódico, además de mucha creatividad. También sirven papel o cartón para la estructura, telas y objetos desechados para la ropa y los accesorios, témperas y pinturas para decorar, pegamentos y adhesivos para unir los materiales, y tijeras y cuchillas para cortar y dar forma.
Un método casero sencillo consiste en elegir primero el personaje que se quiere quemar y definir el tamaño. Se busca ropa vieja de familiares o amigos que ya no se utilice y pueda ser quemada. Con aguja e hilo se cosen las bastas de los pantalones y del buzo para poder incluir el relleno, procurando hacer un punto de cruz para que no se descosa.
El relleno es mejor hacerlo con papel periódico: se toman pedazos de papel, se hacen bolitas pequeñas y se van aplastando mientras se meten dentro de las prendas. Cuando el pantalón esté lleno, se hace en la tela la forma de una camisa y se le va dando forma, siguiendo con aguja e hilos para que quede compacta en las piernas. Para la cabeza, lo más sencillo es usar una media o más ropa y darle una forma redonda con varias bolas de papel.
“En Guayaquil se documenta la tradición desde 1870, ligada a una medida sanitaria contra la fiebre amarilla: quemar la ropa de los fallecidos para ahuyentar la peste.”
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