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como hacer jabon, Manos con guantes vertiendo sosa cáustica sobre aceite de oliva en un bol
manualidades ·#3336 ·Lectura 11 min. · Redactor: Laura Hernandez

¿Como hacer jabon?

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El índice de saponificación del aceite de oliva es 0,136: por cada 1.000 g de oliva necesitas 128 g de sosa cáustica (sin sobreengrasado).

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Cómo hacer jabón casero: guía completa del proceso en frío

Hacer jabón casero es mucho más sencillo de lo que aparenta. Se trata de mezclar una grasa (normalmente aceite de oliva), agua y sosa cáustica en proporciones exactas, verter la mezcla en un molde y dejar que el tiempo haga el resto. Esa reacción química se llama saponificación y es la misma que se usaba tradicionalmente en las cocinas para aprovechar el aceite de freír. En unas cuatro horas de trabajo real, repartidas en dos días, se obtiene una docena de pastillas, y en cuatro o seis semanas de curado estarán listas para usar.

El jabón no es una mezcla, es un producto nuevo. Cuando el hidróxido de sodio entra en contacto con las moléculas de grasa, rompe sus enlaces y forma dos sustancias distintas: sales de ácidos grasos (el jabón propiamente dicho) y glicerina, que aporta el tacto suave y ligeramente hidratante que no tienen los geles industriales, donde la glicerina se extrae y se vende aparte. En el jabón terminado no queda sosa cáustica: si las cantidades son correctas, toda la sosa se consume durante la reacción.

Por eso se calcula siempre un pequeño exceso de aceite, lo que en jabonería se llama sobreengrasado o superfat, en torno al 5 %. Este margen garantiza que no sobre ni un gramo de sosa sin reaccionar y, de paso, deja la pastilla más suave con la piel. Para un sobreengrasamiento del 5 % hay que restar un 5 % a la cantidad de sosa calculada; para un 10 %, se resta un 10 %. Los jabones para el cuerpo suelen buscar un sobreengrasado de entre 5 y 10 %, mientras que un 0 % da un jabón más detergente, apto para limpieza doméstica.

El método más usado por los jaboneros aficionados es el de proceso en frío. No se cocina la mezcla, solo se templa. El término «en frío» no significa que todo se haga a temperatura ambiente, sino que no se aplica calor externo para forzar la reacción: el calor generado proviene del propio proceso químico. Sus ventajas son la conservación de la glicerina natural, un alto nivel de personalización en ingredientes y diseño, la posibilidad de trabajar con ingredientes sensibles al calor y la obtención de jabones más suaves y nutritivos.

Los tres ingredientes básicos para una tanda estándar son:

  • 1.000 g de aceite de oliva (virgen, refinado o de orujo), que da un jabón blanco, muy suave y duradero.
  • 128 g de sosa cáustica en escamas o perlas con pureza del 98-99 %, que se encuentra en droguerías (nunca limpiadores de desagüe, porque llevan aditivos).
  • 330 g de agua destilada o mineral embotellada, ya que el agua del grifo con mucha cal puede dejar manchas y velos blancos en la pastilla.

Si se quiere más espuma, se sustituyen 200 g de oliva por aceite de coco. Para una primera vez, se puede dividir todo entre dos: 500 g de aceite, 64 g de sosa y 165 g de agua.

La cantidad de sosa se calcula a partir de los índices de saponificación de cada grasa: se multiplica el peso del aceite por su índice.
GrasaÍndice de saponificación
Aceite de oliva0,136
Aceite de coco0,184
Aceite de babasú0,175
Aceite de jojoba0,066
Manteca de cacao0,137
Cera de abeja0,067

Con 200 g de manteca de cacao serían necesarios 27,4 g de NaOH para un jabón sin sobreengrasado. La cantidad de agua se estima en torno a un tercio del peso de los aceites usados (200 g de grasas suponen unos 67 g de agua), ajustando hacia arriba cuando se emplean muchas mantecas o ceras duras.

La elección de los aceites condiciona el resultado: los que aportan dureza son oliva, palma, coco, manteca de cacao y karité; los de girasol o pepita de uva, con índice de yodo más alto, dan jabones más blandos; y babasú, coco, oliva y ricino aumentan la espuma. Es importante que las proporciones entre aceites duros y blandos estén equilibradas en la receta. Lo que separa un jabón perfecto de uno que se deshace en la ducha no es la habilidad manual, sino la báscula: los gramos de sosa tienen que cuadrar con los gramos de aceite, y si se cambia de aceite hay que recalcular la sosa con una calculadora de saponificación.

Los utensilios deben reservarse en exclusiva para hacer jabón y guardarse aparte: una báscula digital de precisión de 0,1 g (es el utensilio irrenunciable, porque «a ojo» no existe en jabonería), dos jarras de plástico rígido PP, vidrio o acero inoxidable, una batidora de brazo que reduce el batido de dos horas a cinco minutos, un termómetro de cocina digital, una espátula de silicona, un molde de silicona (o un tetrabrik forrado con papel de horno) y equipo de protección: guantes de goma largos, gafas cerradas, manga larga y mascarilla. Nunca se emplean recipientes de aluminio ni utensilios antiadherentes rayados.

“El curado mínimo es de 4 semanas; el pH baja de 14 (sosa pura) a 8,5-9,5, haciendo el jabón seguro para la piel.”

Dato clave
como hacer jabon, Pastillas de jabón casero curándose sobre una rejilla de madera
Imagen

Pastillas de jabón casero curándose sobre una rejilla de madera

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Ingredientes, química y seguridad para fabricar tu propio jabón natural

La sosa cáustica es corrosiva y provoca quemaduras químicas, con un pH de 14 en estado puro, por lo que hay reglas que no se negocian: se vierte siempre la sosa sobre el agua, jamás al revés, porque invertido puede proyectar salpicaduras hirviendo; se trabaja en espacio ventilado junto a una ventana abierta, terraza o campana extractora, ya que al disolverse desprende vapores irritantes durante el primer minuto; la protección se pone antes de abrir el bote; no hay niños ni mascotas alrededor; y se tiene vinagre y agua fría a mano. Ante una salpicadura en la piel se aclara con abundante agua fría durante 15 minutos, y si es en los ojos, agua y consulta médica inmediata.

El primer paso operativo es pesar todo antes de tocar nada: aceite, agua y sosa por separado, comprobando dos veces el peso de la sosa, que es el número que decide si el jabón sale bien o sale cáustico. Con guantes y gafas puestos se vierte la sosa poco a poco sobre el agua removiendo con espátula de silicona hasta que se disuelva del todo; la mezcla subirá sola hasta los 80-90 °C y se volverá turbia unos segundos, y se deja reposar en un sitio seguro hasta bajar a unos 35-40 °C, entre 30 y 45 minutos. Se recomienda que la temperatura de la lejía quede siempre por debajo de la de los aceites.

El aceite se templa a unos 40 °C (con 20 segundos de microondas o al baño maría suele bastar) y se vierte la solución de sosa en hilo fino, apoyando el chorro en la espátula para que no salpique. Se bate con batidora de brazo en tandas cortas de 20 segundos, alternando con movimientos manuales para no quemar el motor; si se hace a mano hay que remover vigorosamente unos 15 minutos. En tres a cinco minutos la mezcla pasa de líquida a una textura de natillas ligeras o pudin: es la traza o «delineado», y se reconoce porque al dejar caer un hilo desde la batidora queda una marca visible en la superficie un par de segundos antes de desaparecer. La temperatura nunca debe bajar de 37 °C, o la mezcla no espesará.

Con la traza recién alcanzada se añaden los ingredientes de personalización y se remueve a mano unos 20 segundos: unos 30 g de aceites esenciales por cada 1.000 g de jabón (lavanda, romero, menta, naranja, pomelo, limón, benjuí), una cucharada de arcilla verde o cacao para dar color natural, avena molida o café usado como exfoliante suave, miel, leche vegetal, hierbas secas o extractos botánicos. Se vierte enseguida en el molde, se golpea la base contra la mesa para soltar burbujas y se cubre con papel de horno y una toalla o manta: mantener el calor durante 24-48 horas ayuda a que la saponificación se complete de forma uniforme y favorece la fase de gel, con colores más intensos y textura más homogénea.

A las 24-48 horas el bloque estará firme como un queso curado, momento en que deja de desprender calor. Se desmolda con guantes (todavía es alcalino) y se corta en pastillas de unos 2,5 cm con un cuchillo largo y liso. Las pastillas se colocan de pie sobre una rejilla, separadas entre sí, en un lugar seco, aireado y sin sol directo, dándoles la vuelta una vez por semana. El curado dura de cuatro a seis semanas, a veces hasta ocho: durante ese tiempo se evapora el agua sobrante y el pH baja hasta valores entre 8,5 y 9,5, resultando un jabón más duro, más duradero en la jabonera e infinitamente más suave con la piel.

Existen alternativas y variantes. El método melt and pour parte de una base de glicerina ya saponificada: se corta en dados, se funde al baño maría o en microondas en tandas de 20 segundos sin dejar que hierva, se añade colorante y esencia, se vierte en el molde y se pulveriza alcohol para eliminar burbujas; en una hora está sólido y usable, sin curado, ideal para hacer con niños, con flores secas incrustadas o piezas transparentes, aunque no se controla la fórmula.

El jabón de aceite usado de freír requiere filtrarlo dos veces con colador de tela o una media, y opcionalmente calentarlo diez minutos con rodajas de patata para absorber olores; para 1.000 g de aceite usado se usan unos 135 g de sosa y 330 g de agua, dando un resultado más oscuro destinado a suelos, trapos o lavadora.

Los cinco errores que arruinan la primera tanda son:

  • Jabón blando y pastoso a las 72 horas (exceso de agua o falta de sosa, deja curar dos semanas más).
  • Cristales blancos o zonas resbaladizas (sosa sin reaccionar, no usarlo en piel).
  • Separación en dos capas aceitosas (poco batido o temperaturas muy dispares, vuelve a batir y remoldea).
  • Traza en 30 segundos (algunos aceites esenciales como canela y clavo aceleran, añádelos al final y con la mezcla más fría).
  • Manchas naranjas al cabo de meses (rancidez, usa aceite fresco y guarda en sitio seco, nunca en bolsa de plástico cerrada).

La clave está en entender que cada gramo cuenta. La química no perdona aproximaciones: la báscula digital de 0,1 g es tan importante como la receta misma. Quien respeta los pesos, la temperatura y el curado obtiene una pastilla que dura meses en la jabonera, espuma densa y no reseca la piel. Quien improvisa, obtiene un ladrillo blando que se deshace tras tres duchas.

Conclusión:

¿como hacer jabon?

Si alguna vez has pensado que fabricar jabón es cosa de químicos con batas blancas, basta con seguir las proporciones, respetar la seguridad y darle a la mezcla sus semanas de reposo para tener en la ducha una pastilla que huele a lavanda y dura meses. La satisfacción de cortar tu propio bloque a las 48 horas y ver cómo se endurece semana tras semana no se parece a nada comprado.

Fuentes: 1º Manualia.net, 2º Cremas-caseras.es, 3º Bio-esencia.net, 4º WikiHow.com
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Redacción: Laura Hernandez · Actualizado en: 08/10/2026
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