Cómo hacer jabón casero: guía completa del proceso en frío
Hacer jabón casero es mucho más sencillo de lo que aparenta. Se trata de mezclar una grasa (normalmente aceite de oliva), agua y sosa cáustica en proporciones exactas, verter la mezcla en un molde y dejar que el tiempo haga el resto. Esa reacción química se llama saponificación y es la misma que se usaba tradicionalmente en las cocinas para aprovechar el aceite de freír. En unas cuatro horas de trabajo real, repartidas en dos días, se obtiene una docena de pastillas, y en cuatro o seis semanas de curado estarán listas para usar.
El jabón no es una mezcla, es un producto nuevo. Cuando el hidróxido de sodio entra en contacto con las moléculas de grasa, rompe sus enlaces y forma dos sustancias distintas: sales de ácidos grasos (el jabón propiamente dicho) y glicerina, que aporta el tacto suave y ligeramente hidratante que no tienen los geles industriales, donde la glicerina se extrae y se vende aparte. En el jabón terminado no queda sosa cáustica: si las cantidades son correctas, toda la sosa se consume durante la reacción.
Por eso se calcula siempre un pequeño exceso de aceite, lo que en jabonería se llama sobreengrasado o superfat, en torno al 5 %. Este margen garantiza que no sobre ni un gramo de sosa sin reaccionar y, de paso, deja la pastilla más suave con la piel. Para un sobreengrasamiento del 5 % hay que restar un 5 % a la cantidad de sosa calculada; para un 10 %, se resta un 10 %. Los jabones para el cuerpo suelen buscar un sobreengrasado de entre 5 y 10 %, mientras que un 0 % da un jabón más detergente, apto para limpieza doméstica.
El método más usado por los jaboneros aficionados es el de proceso en frío. No se cocina la mezcla, solo se templa. El término «en frío» no significa que todo se haga a temperatura ambiente, sino que no se aplica calor externo para forzar la reacción: el calor generado proviene del propio proceso químico. Sus ventajas son la conservación de la glicerina natural, un alto nivel de personalización en ingredientes y diseño, la posibilidad de trabajar con ingredientes sensibles al calor y la obtención de jabones más suaves y nutritivos.
Los tres ingredientes básicos para una tanda estándar son:
- 1.000 g de aceite de oliva (virgen, refinado o de orujo), que da un jabón blanco, muy suave y duradero.
- 128 g de sosa cáustica en escamas o perlas con pureza del 98-99 %, que se encuentra en droguerías (nunca limpiadores de desagüe, porque llevan aditivos).
- 330 g de agua destilada o mineral embotellada, ya que el agua del grifo con mucha cal puede dejar manchas y velos blancos en la pastilla.
Si se quiere más espuma, se sustituyen 200 g de oliva por aceite de coco. Para una primera vez, se puede dividir todo entre dos: 500 g de aceite, 64 g de sosa y 165 g de agua.
La cantidad de sosa se calcula a partir de los índices de saponificación de cada grasa: se multiplica el peso del aceite por su índice.
| Grasa | Índice de saponificación |
|---|---|
| Aceite de oliva | 0,136 |
| Aceite de coco | 0,184 |
| Aceite de babasú | 0,175 |
| Aceite de jojoba | 0,066 |
| Manteca de cacao | 0,137 |
| Cera de abeja | 0,067 |
Con 200 g de manteca de cacao serían necesarios 27,4 g de NaOH para un jabón sin sobreengrasado. La cantidad de agua se estima en torno a un tercio del peso de los aceites usados (200 g de grasas suponen unos 67 g de agua), ajustando hacia arriba cuando se emplean muchas mantecas o ceras duras.
La elección de los aceites condiciona el resultado: los que aportan dureza son oliva, palma, coco, manteca de cacao y karité; los de girasol o pepita de uva, con índice de yodo más alto, dan jabones más blandos; y babasú, coco, oliva y ricino aumentan la espuma. Es importante que las proporciones entre aceites duros y blandos estén equilibradas en la receta. Lo que separa un jabón perfecto de uno que se deshace en la ducha no es la habilidad manual, sino la báscula: los gramos de sosa tienen que cuadrar con los gramos de aceite, y si se cambia de aceite hay que recalcular la sosa con una calculadora de saponificación.
Los utensilios deben reservarse en exclusiva para hacer jabón y guardarse aparte: una báscula digital de precisión de 0,1 g (es el utensilio irrenunciable, porque «a ojo» no existe en jabonería), dos jarras de plástico rígido PP, vidrio o acero inoxidable, una batidora de brazo que reduce el batido de dos horas a cinco minutos, un termómetro de cocina digital, una espátula de silicona, un molde de silicona (o un tetrabrik forrado con papel de horno) y equipo de protección: guantes de goma largos, gafas cerradas, manga larga y mascarilla. Nunca se emplean recipientes de aluminio ni utensilios antiadherentes rayados.
“El curado mínimo es de 4 semanas; el pH baja de 14 (sosa pura) a 8,5-9,5, haciendo el jabón seguro para la piel.”
Dato clave