¿Qué le hicieron los egipcios a Moisés según la Biblia?
Según el relato bíblico, lo que los egipcios le hicieron a Moisés comenzó antes de que naciera. En Éxodo capítulo 1, se narra que un Faraón, que no conocía a José, vió con temor el crecimiento del pueblo hebreo y decidió someterlos a una dura esclavitud. Los capataces egipcios los oprimieron con trabajos forzados: ladrillos, tierra, labranza y toda clase de faenas agotadoras en el desierto.
Ante la insistencia del pueblo en crecer, el Faraón dictó una orden terrible a las parteras hebreas (Sifrá y Puá): que mataran a todo varón hebreo en el momento del parto. Sin embargo, las parteras temieron a Dios y no obedecieron, lo que salvó a muchos niños en ese primer intento.
Frente al fracaso de esa estrategia, el Faraón escaló la violencia y ordenó a todo su pueblo: "Toda criatura que nazca hebreo en Egipto será arrojada al río Nilo" (Éxodo 1:22). Esta fue la orden directa que amenazó de muerte a Moisés desde el vientre de su madre.
Fue en ese contexto de terror donde la madre de Moisés, viéndolo hermoso, lo ocultó tres meses en su casa. Cuando ya no pudo seguir escondiéndolo, tomó una caja de junco impermeabilizada con brea y asfalto, colocó al bebé dentro y lo depositó entre los juncos de la orilla del Nilo. Su hermana, Miriam, se quedó a la distancia para ver qué ocurría.
El destino intervino de manera extraordinaria: la hija del Faraón bajó al río a bañarse, descubrió la caja entre los juncos y, al abrirlo, vio al niño llorando. Se compadeció de él y decidió adoptarlo. Miriam se acercó y ofreció una nodriza hebrea, que resultó ser la propia madre de Moisés, pagada por la princesa egipcia para criar a su propio hijo.
Así, lo que los egipcios le hicieron a Moisés fue ordenar su muerte, pero paradójicamente fue una princesa egipcia quien lo salvó y lo crió. La misma cultura que debía aniquilarlo terminó dándole una educación de élite. Moisés creció en el palacio del Faraón, aprendiendo "todos los saberes de los egipcios" (Hechos 7:22).
El texto bíblico también relata un episodio posterior donde Moisés, ya adulto, mata a un capataz egipcio que golpeaba a un esclavo hebreo (Éxodo 2:11-12). Este acto lo convierte en prófugo y lo obliga a huir a Madián, donde pasará cuarenta años como pastor antes de que Dios lo llame desde la zarza ardiente.
La ironía del relato es profunda: los egipcios quisieron destruirlo arrojándolo al río, pero fue precisamente el río el vehículo de su salvación. El mismo Nilo que debía ser su tumba se convirtió en el puente hacia el palacio que lo formó como líder.
Este episodio marco el inicio de una relación tensa y compleja entre Moisés y Egipto, que culminaría décadas después con las diez plagas, la Pascua y la partida de los hebreos hacia la tierra prometida.
Moisés fue educado en "todo el saber de los egipcios" (Hechos 7:22), lo que lo preparó para ser el liberador de su propio pueblo.
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