Qué hicieron los astronautas en la superficie lunar
Entre 1969 y 1972, la NASA llevó a cabo seis misiones Apolo con alunizaje exitoso (Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17), en las que un total de 12 astronautas pisaron la superficie de la Luna. Estas misiones no fueron simples paseos: cada una tenía objetivos científicos y de ingeniería muy concretos que los tripulantes debían cumplir en un entorno extremadamente hostil, con gravedad un sexto de la terrestre, ausencia de atmósfera y temperaturas que oscilaban entre los 127 °C de día y los -180 °C de noche. La primera gran actividad fue, obviamente, el descenso y el primer paso. El 21 de julio de 1969, Neil Armstrong salió del módulo Lunar Eagle y pronunció su célebre frase: «Un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad». Minutos después lo hizo Buzz Aldrin. Desde entonces, cada astronauta que bajó a la superficie realizó caminadas lunares (EVA) de entre 2 y 7 horas, dependiendo de la misión. Durante esas caminadas, los astronautas recogieron muestras de roca y suelo lunar. En total, se trajeron a la Tierra aproximadamente 382 kilogramos de material lunar, distribuidos entre las seis misiones. Estas muestras siguen siendo analizadas en laboratorios sellados en Houston y han permitido a los geólogos estudiar la composición del regolito, la estructura del manto lunar y la cronología de impactos de meteoritos. Otra actividad fundamental fue la instalación de instrumentos científicos. En las misiones Apolo 11 a 17 se desplegaron los paquetes ALSEP (Ap Lunar Surface Experiments Package), que incluían sismógrafos, medidores de viento solar, detectores de plasma y reflectores láser. Estos instrumentos permitieron, por ejemplo, detectar terremotos lunares (moonquakes) y confirmar que la Luna tiene un núcleo parcialmente fundido. En las tres últimas misiones (Apolo 15, 16 y 17) se introdujo el Lunar Roving Vehicle (LRV), un pequeño rover eléctrico de cuatro ruedas que permitía a los astronautas recorrer distancias de hasta 27 kilómetros en una sola jornada. Con el rover, el alcance exploratorio se multiplicó enormemente: mientras que en Apolo 11 Armstrong solo caminó unos 550 metros desde el módulo, en Apolo 17 Eugene Cernan y Harrison Schmitt recorrieron más de 36 kilómetros en sus tres caminadas. Los astronautas también dedicaron tiempo a la fotografía y documentación visual. Se tomaron miles de fotografías con cámaras Hasselblad de 70 mm, incluyendo las icónicas imágenes de la Tierra naciendo sobre el horizonte lunar (Earthrise) y los retratos de los propios tripulantes con sus trajes blancos contra el fondo negro del espacio. Además, se grabaron en vídeo gran parte de las actividades para su posterior análisis por los equipos de la NASA. Un aspecto menos conocido pero muy significativo fue la deja de objetos conmemorativos. En Apolo 11, Armstrong y Aldrin dejaron una placa en el módulo de descenso con los nombres de los tripulantes y un mensaje para la humanidad. En Apolo 13 (que no alunizó), se dejó una placa dedicada a sus tripulantes. En Apolo 15, el rover fue bautizado como «the Chariot» en memoria del piloto de carrera Pete Duel. En Apolo 17, Schmitt dejó una cruz ortodoxa griega y una medalla con los nombres de astronautas fallecidos. También hubo momentos de experimentación lúdica y deportiva. En una misión no tripulada (Apolo 14), el astronauta Alan Shepard realizó un lanzamiento de pelota de golf con un adaptador que llevaba en su traje. La pelota, según sus propias declaraciones, recorrió «miles de yardas y pies» por la gravedad reducida. Aunque no fue una actividad científica, demostró de forma espectacular cómo la gravedad lunar (1,62 m/s²) permitía trayectorias mucho más largas que en la Tierra. Finalmente, los astronautas plantaron la bandera estadounidense en cada misión (excepto Apolo 17, donde se optó por una placa). También realizaron pruebas de resistencia de sus trajes, verificaron el funcionamiento del equipo de comunicación con la Tierra y, en varias ocasiones, participaron en conferencias de prensa en directo desde la superficie lunar, transmitiendo por televisión ante audiencias de cientos de millones de personas en todo el mundo.
El rover lunar (LRV) permitió recorrer hasta 36 km en una sola jornada, multiplicando el alcance de la exploración a pie.
Dato clave