La respuesta corta depende de tu objetivo principal, aunque existe una regla general aceptada por la mayoría de los fisiólogos del ejercicio: si tu prioridad es mejorar el rendimiento en carrera, corre primero. Sin embargo, si tu meta es ganar fuerza o masa muscular, lo ideal es realizar las pesas antes de la actividad aeróbica.
Este orden se debe a un fenómeno conocido como interferencia cruzada. Cuando corres durante un periodo prolongado antes de levantar peso, agotas tus reservas de glucógeno muscular y fatigas el sistema nervioso central. Esto reduce significativamente la cantidad de fuerza que eres capaz de generar en las posteriores series de pesas, lo que puede limitar tu progresión en hipertrofia o potencia. Por el contrario, si levantas pesas antes de correr, puedes garantizar que tus músculos estén frescos y con energía máxima para ejecutar los ejercicios de fuerza con buena técnica y carga adecuada.
Por otro lado, si tu objetivo es la resistencia cardiovascular, hacer las pesas después de correr puede ser contraproducente porque la fatiga muscular extrema podría afectar a tu técnica en los pesos, aumentando el riesgo de lesión. En este caso, se recomienda invertir el orden o, idealmente, separar ambos tipos de entrenamiento al menos 6 u 8 horas.
Si decides hacerlos en la misma sesión y tu prioridad es la fuerza, deja las pesas para el principio y termina con una carrera suave o rodaje. Si tu prioridad es correr rápido, haz la parte intensa de la carrera (intervalos o tempo) al inicio y usa las pesas como complemento posterior o en días alternos. La consistencia y la recuperación son clave, por lo que adaptar este orden a tu calendario semanal y a cómo te sientes físicamente es más importante que seguir una dogma estricto.
En definitiva, no hay un ganador absoluto, sino que el orden debe dictarse por tu meta. Escucha a tu cuerpo, prioriza el entrenamiento más importante para ti en ese momento y asegúrate de hidratar y nutrirte adecuadamente entre ambas sesiones si las haces juntas.