Comer y alimentarse: dos actos que no son lo mismo
En el lenguaje cotidiano, comer y alimentarse se usan como sinónimos, como si ambos verbos describieran exactamente la misma acción. Sin embargo, la realidad es que estos dos términos apuntan a procesos muy distintos, y comprender esa diferencia puede transformar por completo la manera en que cada persona se relaciona con su plato cada día.
Comer es, en esencia, la acción de ingerir cualquier cosa, tenga o no tenga nutrientes. Es un acto guiado por la urgencia de saciar el apetito, por la costumbre, por la prisa del trabajo, por el estrés del día a día. La mayoría de las personas comen de manera inconsciente y automática, muchas veces sin prestar atención a lo que entra en su boca ni a lo que ese alimento le está aportando al cuerpo. Comer quita el hambre, y punto. No exige calidad, no exige equilibrio, no exige pensamiento.
Alimentarse, en cambio, va un paso más allá. Implica que aquello que se ha comido aporte un valor nutricional real al organismo. Para alimentarse es necesario comer, sí, ambas acciones están ligadas, pero no toda comida constituye una alimentación. La alimentación exige que lo ingerido contenga proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua. Es una decisión, una selección, un acto consciente donde la persona elige qué entra en su cuerpo y por qué.
El cirujano bariátrico Adolfo León Uribe lo explica con una comparación muy visual: un automóvil requiere determinados combustibles, aceites y elementos según las recomendaciones de su fabricante para funcionar correctamente. El cuerpo necesita lo mismo: nutrientes adecuados para mantenerse en buenas condiciones. La gran diferencia está en que el coche se puede cambiar, pero el cuerpo es el lugar donde se vive durante toda la vida. Lo que se ingiere construye o destruye ese hogar único e irrepetible.
En el ámbito pediátrico la distinción se amplía a tres niveles muy claros:
- Comer: simplemente ingerir alimentos, sin más.
- Alimentarse: seleccionar opciones con calidad nutricional, pensando en lo que el cuerpo necesita.
- Nutrirse: el proceso interno mediante el cual el organismo absorbe y utiliza los nutrientes para crecer, desarrollarse y funcionar.
No siempre que un niño come bien está bien nutrido. La nutrición depende de la calidad de lo consumido y de cómo el cuerpo lo aprovecha. Es frecuente observar niños que comen suficiente, incluso en exceso, pero presentan deficiencias de vitaminas y minerales. A esto se le llama doble carga de malnutrición: sobrepeso conviviendo con una mala nutrición, porque muchos alimentos diarios son altos en calorías pero bajos en nutrientes. Llenan, pero no nutren.
Una alimentación saludable debe estar formada por los tres grupos de macronutrientes —proteínas, carbohidratos y grasas—, que aportan lo que el organismo necesita para funcionar. A ellos se suman las micronutrientes, el agua y la fibra dietética, presentes en frutas, verduras, lácteos, cereales integrales y grasas saludables como el aguacate, las nueces o el aceite de oliva. No son lujos, son necesidades básicas.
La alimentación es un proceso totalmente voluntario, consciente y modificable. Las personas eligen qué alimentos van a ingerir, de qué manera y dónde. En ella influyen aspectos externos como la religión, la cultura, la disponibilidad de los alimentos o las tradiciones familiares. Conlleva fases concretas: la elección, el cocinado y su ingesta. Todo ello se puede cambiar, mejorar, ajustar. La alimentación es una decisión diaria que construye salud.
La nutrición, por el contrario, es un proceso involuntario e inconsciente sobre el que no se tiene poder de decisión. Hablamos de la digestión, del transporte y la absorción de los nutrientes. La nutrición conlleva procesos que suceden en el cuerpo después de comer, después de alimentarse: es la obtención, asimilación y digestión de los nutrientes por el organismo. No se puede controlar directamente, pero se le puede dar la mejor materia prima posible.
Quienes se nutren correctamente presentan mejores digestiones, mayor vitalidad, piel y pelo con más brillo y, en definitiva, gozan de mejor salud. Una alimentación con carencias produce alteraciones físicas y funcionales que favorecen la aparición de enfermedades como diabetes, hipertensión, anemia u osteoporosis. Lo que se come cada día se acumula en el cuerpo, en silencio, y un día se manifiesta como diagnóstico.
“La doble carga de malnutrición: sobrepeso y deficiencias nutricionales conviviendo en la misma persona, por calorías vacías sin nutrientes.”
Dato clave