El animal que no toma agua: la rata canguro y otros seres que sobreviven sin beber
El agua es la esencia de la vida, y la inmensa mayoría de los animales no resisten más de unos pocos días sin beber. Sin embargo, existen especies que nunca ingieren agua en su forma tradicional, y a las que la biología denomina xerófilos. Estos organismos han desarrollado mecanismos extraordinarios para minimizar la pérdida de líquido y obtenerlo de fuentes alternativas: los alimentos que consumen, procesos metabólicos internos o, en algunos casos, directamente a través de la piel.
El ejemplo más citado y asombroso es la rata canguro (género Dipodomys), un pequeño roedor que habita los desiertos del suroeste de Estados Unidos, el norte de México y Baja California. Pesa menos de 100 gramos, salta sobre sus enormes patas traseras con un aspecto que recuerda a un canguro en miniatura, y curiosamente no es ni rata ni ratón: su pariente más cercano es la tuza de bolsillo. Lo remarkable es que no bebe agua en toda su vida.
¿De dónde saca el líquido entonces? De las semillas, raíces y plantas del desierto que consume, y sobre todo del llamado agua metabólica, que su propio organismo fabrica al oxidar los carbohidratos y grasas de los alimentos secos. Se calcula que obtiene cerca del 90% de su agua corporal de origen metabólico y el 10% restante del agua libre presente en su comida seca. Cada gramo de semillas masticadas le aporta aproximadamente medio gramo de agua. Sus fuentes nutricionales principales son las semillas de pasto y los frijoles de mezquite, y ocasionalmente pequeños insectos, que almacena en bolsas en las mejillas.
El aparato renal de este roedor es una obra maestra biológica. Sus riñones producen una orina mucho más concentrada que la humana —unas cinco veces más—, hasta el punto de quedar prácticamente cristalizada o casi sólida. No se pierde ni una gota. Esta capacidad se atribuye a las extremadamente largas asas de Henle de sus nefronas, algunas de las más largas del reino mamífero, que crean un gradiente de concentración para la máxima reabsorción de agua. Su orina puede llegar a ser hasta 14 veces más concentrada que su propia sangre.
A la fisiología se suman adaptaciones de comportamiento muy inteligentes. La rata canguro es nocturna: sale de su madriguera solo de noche, cuando la temperatura baja y la humedad sube, y tapona la entrada con tierra durante el día para conservar un microclima fresco y húmido. No suda ni jadea —carece por completo de glándulas sudoríparas—, y para evitar el calor extremo permanece bajo tierra. Al dormir entierra el hocico en su pelaje para acumular una pequeña bolsa de aire húmedo, y sus cavidades nasales, extraordinariamente largas, enfrían el aire que sale de los pulmones y permiten reabsorber la humedad de la respiración. Transporta las semillas en bolsas mejilleras forradas de pelo, y no en la boca, para que la saliva no hidrate el alimento y le robe agua a su cuerpo.
Su vida transcurre en ecosistemas extremos como Death Valley, la Gran Cuenca, el desierto de Mojave y zonas del desierto de Sonora, donde de día se superan los 47 °C y apenas hay agua. Su tiempo de recambio de agua es muy largo, de dos a tres semanas, de modo que las moléculas circulan repetidamente por su organismo antes de perderse. A cambio de estas hazañas, su esperanza de vida es corta, de dos a cinco años, y es presa de tejones, lechuzas y coyotes, que en un paisaje árido ven en estos roedores auténticas fuentes móviles de agua.
“El diablo espinoso absorbe agua a través de la piel por acción capilar, sin necesitar beber del suelo”
Dato clave