Comer y deglutir: dos actos que el cuerpo ejecuta como una sola secuencia, pero que no son lo mismo
La deglución, del latín deglutĭo, es un proceso fisiológico sumamente complejo por el cual sustancias como los alimentos, la saliva o incluso medicamentos se trasladan desde la cavidad oral hasta el estómago sin que las vías respiratorias se obstruyan. El término nace del verbo latino deglutire, formado por el prefijo intensivo de- y glutire, que significa "tragar", y el sustantivo deglutitio aparece documentado en textos médicos latinos desde el periodo renacentista. En el lenguaje clínico, deglutir describe ese traslado controlado del bolo alimenticio desde la boca al estómago, mientras que en la conversación cotidiana la palabra equivalente y popular es, simplemente, "tragar".
Comer, en cambio, es un concepto mucho más amplio. Implica masticar y deglutir un alimento sólido, es decir, ingerir alimento en su conjunto. Comer es por tanto un proceso completo que involucra descomponer los alimentos en partículas más pequeñas a través de la masticación, mezclarlos con saliva, y luego enviarlos hacia el sistema digestivo. Deglutir se refiere únicamente al acto de hacer pasar de la boca al estómago cualquier sustancia sólida o líquida. La diferencia esencial radica, entonces, en que comer abarca toda la secuencia (preparación, masticación, insalivación y deglución), mientras que deglutir designa solo el paso del bolo hacia el esófago y el estómago.
La deglución se inicia de manera voluntaria en tanto el reflejo involuntario se activa mediante la estimulación de la base de la lengua. El proceso comienza en la boca, donde los alimentos son masticados por los dientes, amasados por la lengua y humedecidos por la saliva, que a su vez inicia la digestión química mediante la enzima amilasa. Así, la comida se transforma en una masa de consistencia pastosa llamada bolo alimenticio. Una vez que este adquiere la consistencia adecuada, la lengua empuja el bolo hacia atrás para que ingrese a la faringe y desde allí continúe su camino hasta el esófago.
La acción de deglutir implica la intervención de diversos músculos que actúan de forma integrada, convirtiéndose en una respuesta refleja desencadenada por impulsos nerviosos aferentes de los nervios trigémino (V par), glosofaríngeo (IX par) y vago (X par). Por ello la deglución es considerada uno de los actos instintivos inherentes al ser humano desde su nacimiento: un mecanismo en el que intervienen coordinadamente estructuras del sistema digestivo, del sistema respiratorio y del sistema nervioso, entre otros.
El proceso deglutorio combina una fase voluntaria, en la que la persona decide cuándo iniciar el acto de tragar, con fases reflejas que escapan al control consciente y dependen de centros bulbares localizados en el tronco encefálico. Conviene no confundir la deglución con la masticación, que la precede, ni reducirla al gesto aparentemente simple de tragar. Jean (1999) la calificó como la función motora más elaborada del ser humano, y la secuencia completa dura entre once y dieciséis segundos, aunque la fase faríngea ocurre en menos de un segundo, lo que exige una precisión temporal extraordinaria para evitar que el alimento se desvíe hacia la vía aérea.
La fase oral es la única voluntaria y consciente por completo. Comprende la masticación de alimentos y la formación del bolo, y requiere la participación de la corteza cerebral, los nervios craneales V, VII y XII (trigémino, facial e hipogloso), del aparato masticatorio, de la articulación temporomandibular y de las estructuras musculares orales y linguales. Comienza cuando la lengua recoge el bolo masticado y lo impulsa hacia atrás contra el paladar, con un movimiento anteroposterior que lo dirige hacia el istmo de las fauces, mientras el cierre labial mantenido por los músculos orbiculares impide que el bolo se escape hacia delante.
La fase oral se divide en oral preparatoria, que se lleva a cabo cuando preparamos el alimento mordiéndolo y masticándolo para transformarlo en una masa homogénea, y que finaliza con la estabilización mandibular en oclusión dentaria; y oral propulsiva, caracterizada por movimientos linguales ondulatorios y peristálticos que permiten el pasaje del bolo desde su posición en el dorso de la lengua hacia la entrada de la faringe. El momento en que la cola del bolo contacta con los pilares palatinos marca el final de esta fase y el disparo del reflejo deglutorio.
A partir de ahí la voluntad deja de intervenir. La fase faríngea comienza con el paso del bolo desde la base de la lengua hasta la pared faríngea posterior, desencadenada por receptores sensoriales del nervio glosofaríngeo y del nervio vago, que envían información al centro de la deglución en la formación reticular del bulbo raquídeo. En fracciones de segundo ocurren varios eventos simultáneos:
- El velo del paladar se eleva para cubrir las fosas nasales y cerrar la nasofaringe.
- La cavidad bucal se cierra por completo.
- La epiglotis bascula hacia atrás para cubrir la entrada de la laringe.
- Las cuerdas vocales se contraen y aproximan, cerrando la glotis.
- La laringe asciende mientras los constrictores faríngeos se retraen y empujan el bolo hacia abajo.
La fase esofágica, enteramente involuntaria, comienza con la relajación y apertura del esfínter esofágico superior. Una onda peristáltica primaria recorre la musculatura esofágica y conduce el bolo hasta el esfínter esofágico inferior, que se relaja para permitir la entrada al estómago. Esta fase es la más larga y puede durar entre ocho y diez segundos. Los líquidos tardan unos tres segundos en atravesar el esófago, mientras que los sólidos invierten unos ocho segundos, y la gravedad influye en la velocidad de progresión.
“Un adulto sano deglute entre 600 y 1000 veces al día, incluyendo la deglución de saliva durante el sueño, casi siempre sin percatarse.”
Dato clave