¿Qué animal zumba? Un viaje entre revolcones virales, danza animal y zumbidos reales
El término zumba aplicado a los animales tiene varias lecturas, y todas son fascinantes. Empecemos por la más popular: un perro que se revolcaba sobre el suelo al compás de una clase de baile al aire libre. El vídeo, grabado por Cala Vera (@calavera7 en TikTok) a finales de julio de 2023, rozó el 1.100.000 reproducciones, con más de 157.600 me gusta y cerca de 1.600 comentarios.
Los internautas no tardaron en bromear. El usuario @stridvaides escribió: "pues cada quien hace sus ejercicios como más le acomode y convenga". Y @march07_ añadió que el animal llevaba mejor ritmo que los propios humanos que intentaban seguir al instructor. La escena corrió como la pólvora por portales de tendencias y cadenas de televisión de Latinoamérica, que lo trataron como una anécdota simpática del mundo de las mascotas.
Lo curioso es que no se sabe con exactitud dónde se grabó. ¿Era un perro callejero de paso? ¿Acompañaba a algún asistente? El misterio alimentó las especulaciones durante semanas.
Pero, ¿por qué un perro se revolcaba así? UnoTV lo explicó con base científica: los canes poseen glándulas odoríferas en la piel que producen feromonas, sustancias químicas clave para la comunicación entre individuos de la misma especie. Al revolcarse, el perro transfiere su olor a superficies y objetos, marcando territorio o comunicándose con otros animales.
Además, este comportamiento cumple una función de camuflaje: el animal intenta ocultar su propio olor para no ser detectado por presas o depredadores. En la naturaleza, lobos y coyotes se revuelcan tras cazar una presa para impregnarse con su olor y regresar a la manada sin delatar que han cazado.
Otras causas habituales son el alivio de picazón por insectos o alergias, el ejercicio sobre superficies rugosas para liberar energía acumulada, e incluso un hábito aprendido si el perro recibe atención o elogios tras revolcarse. Es decir, la lectura humorística de que estaba "haciendo Zumba" encaja perfectamente con varias motivaciones biológicas reales.
Más allá del vídeo viral, la ciencia ha documentado que existen animales con verdadera capacidad de seguir el ritmo de la música. La Agencia SINC recoge que algunas aves, las ballenas, los delfines, las focas, los murciélagos y los elefantes pueden seguir el tempo de una melodía.
Un ejemplo histórico: el estornino que Mozart tuvo como mascota durante tres años. El compositor le dedicó un poema burlesco a su muerte, que begins con el verso "Aquí yace un loco entrañable, un pájaro rígido". Según Gabriel Jackson en la biografía del compositor, el ave aprendió a silbar el último movimiento del concierto para piano en Sol mayor.
Junto al estornino, periquitos y cacatúas pueden aprender vocalizaciones y moverse al ritmo de forma predictiva y flexible. La hipótesis tradicional sugiere que solo los animales con capacidades vocales siguen el compás, pero estudios con chimpancés y leones marinos la han contradicho.
Hugo Merchant, investigador del Instituto de Neurobiología de la UNAM, defiende que hace falta una investigación sistemática con muchas especies, mismos estímulos y análisis estadístico para aclarar el problema. Señala que el ser humano tiene una capacidad enorme para percibir y generar movimientos rítmicos, con una flexibilidad no observada en ninguna otra especie, detectada incluso en bebés recién nacidos, lo que sugiere algo innato.
“Los colibríes, abejas, mosquitos y avispas son los animales que literalmente 'zumban' al batir sus alas.”
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