El virus que causaría una de las mayores crisis sanitarias del siglo XXI, el SARS-CoV-2, tuvo sus inicios documentados en la ciudad de Wuhan, China. Aunque se desconoce con certeza absoluta el paciente cero o el momento exacto de la primera infección zoonótica (de animal a humano), los registros médicos apuntan a que los primeros síntomas aparecieron en diciembre de 2019. En esa fecha, un grupo de personas vinculadas al mercado mayorista de mariscos Huanan comenzó a presentar cuadros de neumonía atípica. Esto marcó el inicio silencioso del brote antes de que las autoridades sanitarias chinas alertaran a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en enero de 2020.
La propagación inicial fue lenta pero constante, aprovechando las fiestas del Año Nuevo Chino para dispersarse por otras provincias y países vecinos. Fue el 30 de diciembre de 2019 cuando se notificó oficialmente el primer caso confirmado en Wuhan, y poco después, el 7 de enero de 2020, se secuenció el genoma del virus, confirmando que se trataba de un coronavirus nuevo. El 11 de marzo de 2020 es la fecha histórica en la que la OMS declaró la situación como pandemia global, tras observar una transmisión masiva e incontrolable en todo el mundo, consolidando así el impacto del virus que había comenzado casi tres meses antes.
En conclusión, aunque la ciencia sigue investigando los orígenes exactos del salto de especie, el consenso histórico y médico sitúa el comienzo de la COVID-19 en finales de diciembre de 2019, transformándose rápidamente en una emergencia global que redefinió la vida mundial durante años.