Cómo se fabrica la nafta: del crudo al surtidor
La nafta, conocida como gasolina en buena parte del mundo hispanohablante, es un combustible líquido compuesto por una mezcla de hidrocarburos que se obtienen tras un largo recorrido industrial. No existe en la naturaleza como tal: el petróleo crudo es una sopa de miles de moléculas con tamaños y estructuras muy distintas, y para llegar a ese líquido que enciende un motor hace falta someterlo a una secuencia de operaciones térmicas y químicas en una refinería.
El crudo llega a la planta por oleoductos, buques tanque o vagones ferroviarios, y se almacena en grandes depósitos. Aquí hay un detalle importante: se separa el crudo de bajo azufre del de alto azufre, y el primero se procesa antes, para evitar contaminación cruzada entre lotes. Antes de cualquier operación térmica, el crudo se deshidrata y desala, porque el agua y las sales provocan corrosión y dañan equipos costosos.
La primera gran operación es la destilación atmosférica. Se calienta el crudo hasta cerca de los 600 °C y se introduce en una torre de fraccionamiento. Los vapores ascienden, se enfrían por tramos y se capturan a distintas temperaturas según su punto de ebullición:
| Fracción | Temperatura aprox. | Destino principal |
|---|---|---|
| Gases (propano, butano) | ~100 °C | Uso industrial y doméstico |
| Gasolina / nafta ligera | ~100–175 °C | Motor de combustión interna |
| Keroseno | ~175 °C | Aviación, calefacción |
| Gasóleo ligero | ~200 °C | Diésel |
| Gasoil pesado | ~300 °C | Diésel, fuel oil |
Los residuos pesados que salen de la columna atmosférica se someten a una destilación al vacío, a presiones reducidas, para extraer aceites lubricantes, gasóleos pesados y asfaltos sin romper las moléculas por exceso de temperatura. En este punto aún no tenemos gasolina útil: las fracciones nafténicas que se obtienen tienen un octanaje muy bajo, insuficiente para un motor moderno.
Las refinerías donde ocurre todo esto varían mucho en complejidad. Las simples, con pocas unidades, son habituales en países en desarrollo. Las complejas, con decenas de unidades de procesamiento, son la norma en Europa y Estados Unidos, donde la demanda de combustible exige una optimización constante del rendimiento por barril.
La ubicación geográfica también importa: las refinerías se instalan preferentemente en zonas costeras, para abaratar el transporte marítimo del crudo y reducir la necesidad de oleoductos largos. Deben diseñarse para manejar una amplia variedad de crudos, ya que la calidad del petróleo depende del origen, la viscosidad, el contenido de azufre y el punto de fluidez.
Según su composición, los crudos se clasifican en nafténicos, aromáticos y por contenido de azufre: muy bajo (SELV), bajo (BTS), medio (MTS), alto (HTS) y muy alto (VHTS). Esta clasificación condiciona todo el posterior tratamiento, porque un crudo muy azufrado requiere unidades de desulfuración más agresivas y consume más hidrógeno en el proceso.
En resumen, la primera fase del proceso convierte un barril de crudo en varias fracciones separadas por tamaño molecular. La nafta que sale directamente de la columna atmosférica es la materia prima base, pero todavía necesita transformaciones químicas para alcanzar la calidad que exige un motor de alta compresión.
Este esquema de fraccionamiento se ha perfeccionado durante más de un siglo. Los antiguos chinos ya destilaban petróleo en el siglo I, los alquimistas persas lo trabajaron en el siglo IX, y la industria moderna arrancó a mediados del siglo XIX con la producción de queroseno para lámparas. La gasolina para automóviles y el combustible de aviación fueron los grandes motores del crecimiento refinador durante el siglo XX.
“La capacidad mundial de hidrotratamiento creció un 40 % en la última década por exigencias ambientales”
Dato clave