El cambio de agua es fundamental para mantener un ambiente sano en tu acuario. A diferencia de lo que se cree, no se debe cambiar el 100% del agua, ya que esto altera drásticamente los parámetros químicos y puede matar a los peces por shock osmótico.
La regla de oro es realizar un cambio parcial entre el 20% y el 30% del volumen total cada semana. Este proceso elimina acumulación de desechos, amoníaco y nitratos sin desestabilizar la colonia bacteriana beneficiosa que vive en la filtración y el sustrato.
Antes de empezar, retira siempre el filtro o apágalo para evitar absorber agua antes de tiempo. Usa un sifón o una manguera para aspirar el sustrato, eliminando los restos de comida y las heces pegadas al fondo. Este paso es crucial porque es donde se acumulan la mayor parte de los tóxicos.
La calidad del agua nueva es crítica. El agua del grifo contiene cloro y cloraminas, sustancias tóxicas para los peces. Debes dejar reposar el agua al menos 24 horas o, mejor aún, utilizar un neutralizador de cloro específico para acuarios que actúa de forma inmediata.
También es vital igualar la temperatura del agua nueva con la del acuario. Una diferencia mayor a 2-3 grados puede ser letal. Deja el agua reposando en una habitación similar al lugar donde está la pecera o usa un calentador para ajustarla antes de verterla.
Al añadir el agua, hazlo poco a poco y con cuidado de no remover demasiado el sustrato ni asustar a los peces. No añadas fertilizantes ni medicamentos durante el cambio de agua habitual, salvo indicación expresa de un experto.
Mantener la pecera limpia no se trata de tener el agua cristalina como un espejo, sino de mantener los parámetros químicos estables. La constancia en los cambios parciales y el uso de productos adecuados son la clave para que tus peces vivan sanos y llenen tu espacio de color y movimiento.