Existe un mito muy extendido que asocia directamente el 8 de marzo de 1908 con una tragedia fabril en Nueva York que marcó la lucha por los derechos de la mujer. Sin embargo, al indagar en los archivos históricos y las crónicas de la época, se descubre que no hubo ningún incendio ni suceso trágico registrado en esa fecha exacta en 1908. La confusión surge porque el evento real, conocido como la Tragedia de la Triangle Shirtwaist Factory, ocurrió exactamente tres años después, concretamente el 25 de marzo de 1911. En aquella jornada, un incendio en una fábrica de camiseras situada en el Lower East Side de Manhattan causó la muerte de 146 trabajadores, la gran mayoría jóvenes mujeres inmigrantes. Las condiciones laborales eran inhumanas: las salidas estaban bloqueadas para evitar robos, los pasillos eran estrechos y no existían medidas básicas de seguridad contra incendios. Este suceso devastador sirvió como catalizador para las reformas laborales y la conciencia sobre los derechos de las trabajadoras en Estados Unidos.
Entonces, ¿de dónde viene la efeméride del 8 de marzo? La fecha se estableció oficialmente mucho después, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas celebrado en Copenhague en 1910. En ese encuentro, organizado por Clara Zetkin, se propuso la celebración de un Día Internacional de las Mujeres. Aunque no se fijó una fecha exacta en esa primera ocasión, en 1913 y 1914 se celebró el último domingo de febrero en varios países europeos. No fue hasta 1921, cuando el Soviet de Rusia, tras la Revolución Bolchevique, decretó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en honor a las movilizaciones feministas que habían tenido lugar dos años antes (en 1917) en ese país. La Organización de las Naciones Unidas adoptó oficialmente esta fecha en 1977, consolidando el 8 de marzo como la jornada global para reivindicar los derechos de la mujer.
En conclusión, aunque el 8 de marzo de 1908 no fue escenario de la tragedia que popularizó la lucha feminista moderna, la fecha tiene una raigambre histórica profunda y legítima. Conocer los hechos reales nos permite honrar mejor la memoria de quienes lucharon por la igualdad desde el siglo XIX hasta nuestros días.