¿Qué hicieron los Reyes Magos el 6 de enero?
El 6 de enero se celebra la Epifanía del Señor, festividad cristiana que conmemora la visita de los Magos de Oriente al niño Jesús en Belén. Según el Evangelio de Mateo (capítulo 2), tres sabios procedentes de tierras lejanas siguieron una estrella hasta encontrar al recién nacido, adorarle y ofrecerle tres regalos: oro, incienso y mirra. Este episodio es el fundamento de toda la tradición posterior que hoy conocemos como Día de los Reyes Magos. En la teología cristiana, los tres Magos no aparecen con nombres en la Biblia, pero la tradición posterior les asignó los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar (o Belén), probablemente a partir de una interpretación del salmo 34: «Doré, lué y léalé» (oro, incienso y mirra). Se les asocia además con tres continentes conocidos en la antigüedad: Asia, África y Europa, o bien con las tres edades de la vida: juventud, madurez y ancianidad. El gesto central de los Magos ese día fue adorar al niño como rey y mesiás. Al presentar oro lo reconocían como rey, el incienso señalaba su divinidad (solo se ofrecía a Dios en el templo), y la mirra anticipaba su futura muerte y unción funeraria. Es decir, no solo traían regalos materiales, sino que declaraban públicamente la identidad de Jesús: hombre, dios y ser destinado a una muerte redentora. En la liturgia católica, el 6 de enero se celebra misa solemne con lecturas específicas: el pasaje de Mateo, el himno «Veni, veni Emmanuel» y la bendición de los cirios. En muchas parroquias se realiza la bendición de la cera y el tizne para escribir las iniciales de los tres Reyes sobre la puerta de las casas, rito que simboliza la visita real y la protección del hogar. En España y en gran parte de Latinoamérica, la celebración popular se desplaza al 5 de enero por la noche o la mañana del 6, cuando los niños dejan sus zapatos o unos zapatos con azúcar junto a la ventana para que los Reyes dejen los regalos. La «cabalgata» del 5 de enero, con carrozas, confeti y papeletas, es la representación popular más extendida de esa visita real. Desde el punto de vista histórico, la festividad de la Epifanía se remonta al siglo IV en Oriente (Egipto, Siria), donde originalmente conmemoraba el Bautismo de Jesús en el Jordán. Con el tiempo, en Occidente (Roma, España) se fue desplazando el énfasis hacia la visita de los Magos, consolidándose como la «fiesta de los Reyes». El papel de los Magos en ese 6 de enero tiene una dimensión ecuménica importante: fueron personas de otras culturas y religiones que reconocieron al Mesías. Esto convierte su historia en un símbolo de universalidad: la luz del Evangelio alcanza a todos los pueblos, más allá de las fronteras étnicas o religiosas. Hoy, aunque muchas familias ya no recuerdan el trasfondo teológico, el gesto de dejar una carta a los Reyes, escribir una papeleta o preparar un plato especial (roscón de reyes, tortas de aceite, turrones) mantiene viva la idea central: un día de generosidad, visita inesperada y reconocimiento de lo sagrado. En resumen, el 6 de enero los Reyes Magos, según la tradición, llegaron a Belén, adoraron al niño Jesús, le ofrecieron sus tesoros y partieron por otro camino, cumpliendo así el papel de primeros misioneros de los gentiles y abriendo el Evangelio al mundo entero.
La festividad de la Epifanía se celebra desde el siglo IV en Oriente; en Occidente se consolidó como «Día de los Reyes» durante la Edad Media.
Dato clave