Qué hicieron los Kirchner: doce años que reconfiguraron Argentina
El período que abarca las presidencias de Néstor Carlos Kirchner (25 de mayo de 2003 – 10 de diciembre de 2007) y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner (10 de diciembre de 2007 – 9 de diciembre de 2015) constituye uno de los ciclos políticos más extensos y transformadores de la historia argentina contemporánea. Son doce años de gobierno que, según la historiografía predominante, reconfiguraron la economía, el rol del Estado, la agenda de derechos humanos y la inserción internacional del país tras la devastadora crisis de diciembre de 2001.
Néstor Kirchner nació en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, el 25 de febrero de 1950, y falleció en El Calafate el 27 de octubre de 2010. Asumió la presidencia con apenas el 22% de los votos, tras la retirada de Carlos Menem del balotaje, con Daniel Scioli como vicepresidente y Alberto Fernández como jefe de Gabinete. Su legitimidad inicial era débil, y su estrategia política consistió en construir una base de poder propia apoyándose en el progresismo, las organizaciones de derechos humanos, los movimientos sociales y sectores del sindicalismo renovado, más allá del peronismo tradicional.
El contexto de llegada al poder fue un derrumbe total: Argentina venía de la década neoliberal menemista y del estallido social de diciembre de 2001, con la renuncia de Fernando de la Rúa en helicóptero, cuatro presidentes interinos en cinco días, el default soberano más grande de la historia moderna (unos 95.000 millones de dólares) y el «corralito» que congeló los ahorros de la clase media. Sobre esa herencia se construyó todo el programa kirchnerista.
La medida más emblemática y de mayor impacto duradero fue la política de derechos humanos. Kirchner impulsó la anulación en el Congreso de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, promovió la declaración de nulidad de los indultos menemistas y renovó la Corte Suprema de Justicia, que en 2005 declaró inconstitucionales las leyes de impunidad. Esto permitió la reapertura de cientos de causas por crímenes de lesa humanidad, con decenas de represores detenidos o procesados al final de su mandato y una mayor recuperación de nietos apropiados por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo, consolidando la consigna «Memoria, Verdad y Justicia».
En materia económica, el gobierno mantuvo los lineamientos del ministro Roberto Lavagna —heredados de la gestión de Eduardo Duhalde—: tipo de cambio real competitivo tras la devaluación, fuerte intervención del Banco Central en la compra de divisas, superávit gemelo (fiscal primario y comercial) y crecimiento impulsado por las exportaciones. El PIB creció a tasas cercanas al 9% anual, el período más prolongado de crecimiento de los últimos cien años:
| Año | Crecimiento del PIB | Industria (promedio anual) |
|---|---|---|
| 2003 | 8,8% | 10,3% |
| 2004 | 9,0% | |
| 2005 | 9,2% | |
| 2006 | 8,4% | |
| 2007 | 8,0% |
Los indicadores sociales mejoraron de forma sostenida: la pobreza pasó del 62% al 35% (otras series la sitúan del 54% al 23,4%), la desocupación descendió del 19,7% al 8,5% y el salario mínimo subió de 360 a 1.240 pesos. Las reservas internacionales se multiplicaron, pasando de unos 10.000-14.000 millones de dólares en 2003 a más de 46.000-47.000 millones en 2007, y en 2004 el Banco Central incorporó 55 toneladas de oro, la mayor compra de metal desde 1960.
La renegociación de la deuda fue el otro gran hito del mandato de Néstor. Tras el default de 2001, con una relación deuda/PIB que llegó al 166%, el gobierno propuso en septiembre de 2003 una quita promedio del 75% sobre bonos por 94.302 millones de dólares. La «Propuesta de Buenos Aires» de 2004 y el canje lanzado el 14 de enero de 2005 ofrecieron bonos Par, Cuasi Par (quita del 30,1%) y Descuento (quita del 66,3%), reestructurando unos 62.500 millones de dólares nominales por nuevos títulos por 35.300 millones.
Más del 76% de los bonistas aceptó el canje, la deuda en poder del sector privado se redujo en unos 40.000 millones y el componente en pesos de la deuda subió del 3% al 37%. El desendeudamiento incluyó el pago anticipado y total de la deuda con el FMI el 3 de enero de 2006, por unos 9.530-9.810 millones de dólares, con reservas del Banco Central. La relación con el Fondo quedó marcada por la tensión, y la deuda pública bajó del pico del 166% del PIB a menos del 40%.
El Estado recuperó empresas y servicios estratégicos: se estatizaron Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino y el Astillero Río Santiago, y se crearon ENARSA y Agua y Saneamientos Argentinos (AySA). También se renegociaron los contratos de servicios públicos privatizados con congelamiento de tarifas, se expandieron los planes sociales y las jubilaciones, y se aprobó en 2004 el proyecto nacional de promoción del turismo, con récord histórico de 5,3 millones de visitantes internacionales en 2007.
En política exterior, Kirchner marcó un viraje autonomista: se alió con Hugo Chávez, Lula da Silva y Tabaré Vázquez, y en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata (2005), junto a Chávez, enterró el proyecto del ALCA impulsado por Estados Unidos. Argentina y Venezuela firmaron acuerdos energéticos y de financiamiento, y Kirchner impulsó la creación de la UNASUR, con Rafael Bielsa y luego Jorge Taiana en la cancillería, recuperando liderazgo regional.
Las luces y sombras del modelo incluyen la intervención del INDEC hacia el final del mandato para subreportar la inflación (8-10% oficial frente a 15-20% estimado por consultoras privadas), la dependencia de los commodities —la soja superaba el 50% de las exportaciones—, el uso intensivo de decretos de necesidad y urgencia, la concentración de decisiones en el Ejecutivo y el control discrecional de fondos hacia gobernadores e intendentes. Las retenciones móviles a la soja, elevadas en 2008, anticiparon el conflicto con el sector agropecuario.
“La deuda pública bajó del pico del 166% del PIB (2002) a menos del 40% al final del gobierno de Néstor Kirchner, con pago total al FMI en enero de 2006.”
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