El animal que quedó fuera del Arca de Noé: el cuervo y las criaturas que nunca subieron
La respuesta más extendida a esta pregunta es clara y tiene respaldo textual directo: el cuervo fue el animal que quedó fuera del arca. No entró como pasajero permanente, sino que fue el primer ser vivo que Noé envió al exterior, soltándolo desde la ventana del arca tras asentarse sobre el monte Ararat. El pasaje de Génesis 8:7 lo describe con una imagen casi cinematográfica: el ave «salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra». Nunca regresó al refugio. Eligió la tierra, revoloteó sin descanso y se quedó afuera, literalmente, hasta que el terreno quedó seco.
¿Por qué no estaba dentro? La razón más aceptada se encuentra en el Levítico, donde se enumeran las aves consideradas impuras, las «sabandijas» que no pueden consumirse ritualmente. El cuervo figura expresamente en esa lista, «en toda su especie». Dentro de la tradición judía, los animales impuros son aquellos que no cumplen los requisitos de pureza ritual: el camello, el conejo, la liebre, el cerdo, todos los carnívoros con almohadillas, todos los reptiles. El cuervo, al ser un ave carroñera y carnívora, carece de las características consideradas limpias, y eso habría influido en su exclusión del arca.
La instrucción divina a Noé, recogida en Génesis 6:19-20, es específica: «De todo ser viviente de toda carne, dos de cada especie harás entrar en el arca, para que tengan vida contigo; machos y hembras serán». Dios ordenó siete parejas de cada animal puro (kosher) y una sola pareja de los impuros. La Biblia, sin embargo, no detalla qué animales concretos se quedaron fuera. Ese vacío textual es lo que ha alimentado siglos de especulación.
El episodio de las aves enviadas desde el arca resulta especialmente revelador. Noé soltó un cuervo y una paloma, y ambas se convirtieron en emisarios con mensajes opuestos. El cuervo «voló de aquí para allá hasta que las aguas se secaron sobre la tierra» y no regresó. La paloma, en cambio, volvió porque no encontró dónde posarse: Noé la tomó en su mano y la metió consigo. Esperó siete días, la soltó de nuevo, y esta vez la paloma regresó al caer la noche con una hoja de olivo recién cortada en el pico, señal de que las aguas habían bajado. Siete días después la envió otra vez y el ave no volvió, indicando que ya existía un hogar en el mundo exterior y era hora de planificar el desembarco.
La interpretación simbólica es rica: el cuervo eligió la Tierra y encontró descanso en ella, mientras la paloma no halló reposo y volvió a Noé. Algunos estudiosos han leído esto como una representación del pecado, la corrupción y la separación de la humanidad respecto a Dios. El Génesis, en su esencia, es una historia simbólica sobre el poder divino, la necesidad del arrepentimiento humano y la esperanza para quienes buscan refugio. La ausencia del cuervo se interpreta, en clave alegórica, como la representación de la impureza que no encaja en el arca de salvación.
No obstante, hay quienes subrayan que el cuervo fue enviado por una razón específica dentro del relato, sin relación directa con su pureza o impureza. La Biblia no explica explícitamente por qué el ave no estuvo dentro. El episodio es un enigma abierto, y la narrativa se centra en la misericordia y el juicio de Dios, no en una lista exhaustiva de animales. El énfasis está en la inclusión, no en la exclusión.
Para situar la escena del cuervo, conviene recordar el marco del diluvio. Según Génesis 7:17, llovió durante cuarenta días y cuarenta noches, y las aguas permanecieron sobre la tierra un total de ciento cincuenta días. El arca descansó sobre las montañas de Ararat (Génesis 8:4), y las aguas fueron retrocediendo hasta que emergieron las cimas. Entonces Noé envió al cuervo, que revoloteó yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca. El desenlace incluye el sacrificio que Noé ofreció a Yahvé tras el desembarco y la promesa divina sellada con el arcoíris en las nubes, señal del pacto entre Dios, la humanidad y todo ser viviente.
El arca en sí se describe en Génesis 6:13-16 como una «teba», término hebreo que significa canasto, cesto, caja o arcón. Las dimensiones eran de trescientos codos de longitud (unos 150 metros), cincuenta de ancho (25 metros) y treinta de altura (15 metros). Era una gran caja rectangular de fondo plano, sin proa, popa, quilla, remos, timón, anclas ni velas. Calafateada con betún por dentro y por fuera, con un «tsohar» (tragaluz) a un codo por encima, una puerta al costado, celdillas y tres cubiertas superpuestas. Noé vivió trescientos cincuenta años más tras el diluvio y murió a los novecientos cincuenta años.
El relato no es exclusivo de la Biblia. Aparece en la Torá, el Antiguo Testamento y el Corán, con paralelos en la mitología mesopotámica: el mito sumerio de Utnapishtim, el poema épico Atrahasis con Ziusudra, y el zoroastrismo a través del mito de Vara, un granero de tres pisos mandado construir por Ahura Mazdā. En 2014, el curador del Museo Británico Irving Finkel estudió una tablilla cuneiforme que describía un arca circular, un coracle de cuerda sobre estructura de madera, del que se construyó una réplica a escala 1:3 que flotó con éxito.
Las búsquedas del arca físico han sido constantes. Friedrich von Parrot ascendió al Ararat en 1829 sin éxito. En 1916 el explorador ruso Vladimir Rosskowizky aseguró haber hallado una embarcación semienterrada a 4.000 metros, con evidencias perdidas tras la Revolución Soviética. En 1955 el alpinista Fernand Navarra aportó un travesaño negro. La anomalía del Ararat, fotografiada en 1949 y 1965, resultó ser una formación de lava volcánica. En 2010 investigadores chinos y turcos aseguraron haber hallado una sección compartimentada datada por carbono 14 en 4.800 años, hallazgo calificado por otros como montaje. El consenso científico considera el diluvio una historia transmitida oralmente hasta convertirse en obra literaria, con un núcleo histórico basado en grandes inundaciones regionales.
“Los animales acuáticos (peces, ballenas, delfines) no aparecen en la lista del arca porque sobrevivían en su hábitat natural bajo las aguas.”
Dato clave