¿Qué animal no entró al arca de Noé? Las tres respuestas que la tradición bíblica dejó abiertas
El relato del diluvio universal en el libro del Génesis es una de las narrativas más conocidas de toda la tradición abrahámica, y a su alrededor han crecido siglos de preguntas, especulaciones y discusiones teológicas. Una de las más persistentes es la que gira en torno a un detalle aparentemente menor: ¿qué animal no entró al arca? La respuesta no es una sola, y depende de la lectura que se haga del texto sagrado. La tradición judía y cristiana, apoyada en Génesis 8, versículos 6 a 12, señala con bastante claridad al cuervo como el primer ser viviente que abandonó la nave. Noé, tras cuarenta días de diluvio, abrió la ventana que había construido en el arca y soltó al ave. El cuervo «salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra». Es decir, no regresó a refugiarse. A diferencia de la paloma, que volvió al arca sin descanso para sus pies, el cuervo eligió revolotear sobre la tierra abierta mientras las aguas bajaban, hallando refugio en la superficie y no en el interior de la nave.
El contraste con la paloma es muy revelador. Noé envió primero al cuervo y después a la paloma, buscando comprobar si las aguas habían descendido lo suficiente. La paloma no encontró sitio donde posarse, regresó al arca y Noé la tomó con la mano, metiéndola consigo. Siete días después la volvió a soltar, y al caer la noche regresó con una hoja de olivo recién cortada en el pico. Esa señal indicó que las aguas habían retrocedido hasta dejar la tierra al descubierto. El cuervo, en cambio, encontró descanso en la tierra y no volvió. Por eso se le considera, en la tradición más extendida, el ave que no entró —o mejor dicho, que no regresó— al arca.
Esta conducta del cuervo se explica, según los estudiosos, por su condición ritual de animal impuro. En la ley dietary del Levítico y del Deuteronomio, el cuervo aparece entre las aves consideradas abominación, junto al buitre, el halcón, el milano y el búho. También son impuros el camello, la liebre, el conejo y el cerdo, entre otros, por no cumplir los requisitos de pezuña hendida y rumiante. Los reptiles, todos ellos, comparten esa misma condición.
- Animales limpios: Noé introdujo siete parejas de cada especie.
- Animales impuros: Solo un par de cada especie subió a bordo.
- El cuervo: Al ser impuro, viajó en pareja reducida y, al soltarlo, no volvió al abrigo del arca.
Génesis 6, versículos 19 y 20, ordena a Noé: «De todo ser viviente de toda carne, dos de cada especie harás entrar en el arca, para que tengan vida contigo; machos y hembras serán». El pasaje indica una selección concreta, pero la Biblia no enumera las criaturas que subieron ni explica cuáles fueron excluidas. El énfasis del relato está en la inclusión, en la salvación, no en la exclusión. Esa ausencia de detalle ha alimentado siglos de especulación teológica y popular.
En cuanto a la cronología, el arca se asentó en el monte Ararat tras ciento cincuenta días. El diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches, y las aguas retrocedieron hasta que emergieron las cimas de las montañas. El cuervo fue el primer animal en salir; la paloma, la que trajo la evidencia del retroceso. Noé y los animales repoblaron la tierra al final del episodio.
“Los peces no entraron al arca porque su hábitat acuático no se vio alterado por el diluvio: más de 32.000 especies habrían hecho inviable su inclusión”
Dato clave