En el mundo de la tecnología móvil, el término obsoleto aplicado a Android no se refiere solo a los modelos más antiguos, sino a las versiones del sistema operativo que han dejado de recibir actualizaciones de seguridad y funciones por parte de Google. Actualmente, las versiones que se consideran obsoletas son principalmente aquellas anteriores a Android 8.0 (Oreo), aunque la situación es dinámica.
Google establece un ciclo de vida para sus versiones, generalmente garantizando actualizaciones mayores durante dos años y actualizaciones de seguridad durante tres o cuatro años después del lanzamiento. Por tanto, versiones como Android 7.0 Nougat, Android 6.0 Marshmallow y las anteriores (Lollipop, KitKat, Jelly Bean) están totalmente fuera de soporte. Esto significa que si tu teléfono sigue utilizando una de estas versiones, está expuesto a vulnerabilidades conocidas que los ciberdelincuentes pueden explotar sin que exista parche disponible.
Es importante distinguir entre obsolescencia total y falta de soporte del fabricante. Muchas versiones relativamente recientes, como Android 9 (Pie) o Android 10, pueden seguir existiendo en dispositivos antiguos que sus fabricantes han abandonado. Aunque la base de código de Android 10 sigue siendo funcional, si el fabricante no emite parches de seguridad, el dispositivo se vuelve inseguro y, por tanto, funcionalmente obsoleto en términos de protección.
Para un usuario común, la regla práctica es: cualquier versión anterior a la tercera más reciente que Google haya lanzado suele ser candidata a considerarse obsoleta si no recibe parches. En 2024-2025, las versiones críticas son las inferiores a Android 10 o 11, dependiendo de qué tan estricto sea el criterio de seguridad del fabricante. Recomendamos encarecidamente revisar en los ajustes del teléfono la última fecha en que se instaló una actualización de seguridad; si supera los seis meses, es señal de alerta.
En conclusión, determinar qué versión de Android es obsoleta depende tanto de la antigüedad del sistema como de la continuidad en los parches de seguridad. Lo más prudente para el usuario final es asumir que cualquier versión que no reciba actualizaciones regulares está obsoleta y representa un riesgo para la privacidad y los datos bancarios. La mejor estrategia es mantener siempre el software al día o, si el dispositivo ya no lo permite, considerar una sustitución por uno más reciente.