La mejor forma de visitar Cinque Terre sin agobios
Cinque Terre, las "cinco tierras", es ese tramo de costa ligur entre La Spezia y Génova donde se aprietan cinco pueblos de fachadas imposibles: Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. Colgados sobre acantilados, con viñedos en terraza que caen casi verticalmente al mar, forman un parque nacional costero que atrae a miles de visitantes cada año. La clave para disfrutarlo está en elegir bien cuándo ir y cómo moverse, porque los pueblos son pequeños y la masificación puede arruinar la experiencia.
La temporada media es, sin discusión, la mejor época: abril, mayo, septiembre y octubre. El clima acompaña, la luz es cálida y, sobre todo, se esquiva el aluvión de julio y agosto. En verano los trenes van repletos, los barcos se abarrotan y las calles estrechas se convierten en pasillos de colas interminables. Varios guías son tajantes: evita julio y agosto a toda costa. La temporada baja, de noviembre a marzo, trae tiempo inestable y la mayoría de locales orientados al turismo cierran, así que el invierno no es una buena opción.
Otro consejo muy repetido: evita los fines de semana. De lunes a viernes las terrazas tienen mesas libres, los senderos no obligan a esquivar gente y los trenes van mucho más cómodos. Si viajas en temporada alta, madruga todo lo posible para anticiparte a la llegada de los grupos de excursionistas.
El medio de transporte estrella es el tren, y es el consejo más unánime entre todas las guías. La línea ferroviaria conecta los cinco pueblos con trayectos de apenas 5 a 10 minutos, con una frecuencia altísima: en invierno al menos un tren por hora, en verano se sube a tres, e incluso se menciona un tren cada 20 minutos. Los billetes sencillos entre pueblos con el Cinque Terre Express van de 5 € a 10 € para adultos según la época.
Un detalle que mucha gente pasa por alto: hay que validar el billete en las máquinas de la estación o junto a las vías. Si no lo haces y te pilla el revisor, la multa ronda los 40 € por persona, aunque lleves el billete en regla. Parece una tontería, pero es uno de los errores más habituales entre turistas despistados.
El coche está prácticamente descartado. No se permite el acceso en automóvil a la mayor parte de los pueblos, las carreteras son estrechas y los aparcamientos brillan por su escasez. La recomendación es dejar el vehículo en un parking a las afueras —La Spezia o Levanto tienen aparcamientos gratuitos— y luego tomar el tren o un taxi. Aparcar fuera y moverse en tren: esa es la fórmula unánime.
Los barcos ofrecen una perspectiva única, acercarse a los pueblos desde el mar. Paradas en todos salvo Corniglia, que no tiene acceso marítimo. Funcionan aproximadamente de abril a octubre (algunas fuentes amplían de finales de marzo a principios de noviembre), con frecuencia de un barco cada 45 minutos o una hora. El pase diario ronda los 40-41 €, gratis para niños pequeños, con parada incluida en Porto Venere. Es más caro que el tren, pero las vistas desde el agua compensan de sobra.
Para los senderos junto a la costa, básicamente el Sendero Azul (Sentiero Azzurro), hay que pagar una entrada de 7,50 €; los caminos por el interior de las montañas son gratuitos. Existe la Cinque Terre Card en dos versiones:
- Trekking Card: solo senderos de pago, 7,50 € un día.
- Treno MS Card: senderos + tren y buses ilimitados entre Levanto y La Spezia, entre 19,50 € y 32,50 € por día según temporada.
El Sendero Azul recorre la costa y une los cinco pueblos, unos 12 km. Su tramo más popular es la Vía del Amor (Via dell'Amore), entre Riomaggiore y Manarola, que tras años cerrada ha reabierto. Ojo: los senderos se cierran a menudo por lluvias y desprendimientos, así que conviene informarse antes de cada ruta. Para la foto de postal no hace falta trekking: cada pueblo tiene miradores espectaculares.
“Mejor época: abril, mayo, septiembre y octubre. Evita julio-agosto (masificación total) y los fines de semana si puedes.”
Dato clave