La enfermedad por coronavirus 2019, conocida mundialmente como COVID-19, tiene como agente etiológico directo al virus denominado SARS-CoV-2. Este microorganismo pertenece al género Coronavirus y a la familia Coronaviridae. Fue identificado por primera vez en el año 2019, con casos iniciales registrados en Wuhan, China, marcando el inicio de una pandemia global que redefinió la salud pública del siglo XXI. La denominación oficial fue asignada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), diferenciándolo del SARS-CoV-1, responsable de otra brote anterior, para evitar confusión y estigmatización geográfica.
El SARS-CoV-2 es un virus de ARN monocatenario con polaridad positiva, rodeado por una envoltura lipídica que contiene proteínas de pico (spike) esenciales para la entrada en las células humanas. Estas proteínas se unen al receptor ACE2 presente en el epitelio respiratorio y otros tejidos, permitiendo la replicación viral. La alta tasa de mutación característica de los virus de ARN ha dado lugar a diversas variantes, algunas con mayor transmisibilidad o capacidad evasiva frente a la inmunidad, lo que subraya la necesidad continua de vigilancia epidemiológica y adaptación de las estrategias sanitarias.
En conclusión, el SARS-CoV-2 es el responsable directo de la COVID-19 y su comprensión biológica es fundamental para el desarrollo de vacunas y tratamientos. La vigilancia genómica continua sigue siendo clave para anticipar nuevas variantes y proteger a la población global.