Cómo se fabrica la vacuna de la gripe: del laboratorio a tu brazo en seis meses
La fabricación de una vacuna contra la gripe es mucho más que mezclar ingredientes en una fábrica. Es un proceso que arranca en los laboratorios epidemiológicos, recorre plantas industriales y acaba en el brazo de millones de personas, todo dentro de una ventana temporal muy ajustada. Y lo más llamativo: cada año hay que empezar prácticamente desde cero, porque el virus de la influenza muta con una velocidad que deja atrás a otros patógenos.
Todo comienza antes de que se toque un solo huevo o una placa de cultivo. Los expertos de la Organización Mundial de la Salud y sus centros colaboradores vigilan las cepas que circulan por el mundo. Dos veces al año, una para el hemisferio norte y otra para el sur, determinan qué cepas deben incluirse en la próxima campaña. El motivo es sencillo: los virus tipo A llevan en su superficie dos proteínas, la hemaglutinina (H) y la neuraminidasa (N). De la primera existen 16 formas conocidas y de la segunda 9, lo que genera un abanico enorme de combinaciones naturales. Reevaluar la cepa predominante cada temporada no es opcional, es obligatorio.
Una vez seleccionadas las cepas, las autoridades sanitarias envían muestras y virus candidatos a las compañías farmacéuticas, junto con los reactivos necesarios. En Estados Unidos esas cepas llegan de los CDC o del CBER; en Europa, del National Institute for Biological Standards and Control; y para el hemisferio sur, del Therapeutic Goods Administration australiano. Esos virus candidatos constituyen el inóculo inicial de toda la producción.
La FDA tiene aprobadas tres tecnologías de producción, y todas las vacunas antigripales comercialmente disponibles se elaboran con una de ellas:
- Vacuna a base de huevos: la más antigua, en uso desde hace más de 70 años.
- Vacuna a base de cultivos celulares: aprobada por la FDA en 2012.
- Vacuna recombinante: aprobada para el mercado estadounidense en 2013.
Las tres siguen el mismo camino regulatorio en cuanto a seguridad y eficacia, pero difieren mucho en su método industrial. Empecemos por la más tradicional.
El proceso con huevos arranca inyectando los virus candidatos, cultivados bajo requisitos regulatorios estrictos, en huevos de gallina fertilizados que han sido previamente desinfectados. Se incuban entre dos y tres días para que el virus se replique, porque el patógeno necesita células vivas para multiplicarse. La escala es brutal: se pueden inocular unos 3.600 huevos en apenas ocho horas, lo que da una idea del volumen que exige una campaña anual.
Después se extrae por aspiración el líquido rico en virus, situado en la clara del huevo. Aquí el camino se bifurca según el tipo de vacuna:
| Tipo de vacuna | Procedimiento |
|---|---|
| Inactivada (inyectable) | Los virus se inactivan con formaldehído o betapropiolactona, se fraccionan, se purifican varias veces por centrifugación, filtración y gradiente de densidad de sacarosa para eliminar residuos del huevo y la parte lipídica viral. |
| Viva atenuada (atomizador nasal) | Los virus candidatos se transforman en virus vivos pero debilitados que solo se replican en vías respiratorias superiores de temperatura fría, no en los pulmones. Exige más huevos y más tiempo. |
La purificación repite varias veces hasta obtener antígenos virales a granel. Es un trabajo minucioso, donde cada paso elimina impurezas que podrían provocar reacciones adversas en quien recibe la vacuna. La vacuna viva atenuada, administrada en spray nasal, es la preferida en pediatría porque evita la aguja, aunque su producción con huevo es más lenta y consume una cantidad enorme de aves.
“La vacuna típica contiene 15 microgramos de hemaglutinina por cada cepa incluida.”
Dato clave