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Cómo se fabrica la cal: del carbonato a la cal viva y apagada
La cal es uno de los materiales de construcción más antiguos de la humanidad, utilizada desde hace más de 5.000 años en civilizaciones como la egipcia, la griega y la romana. Su fabricación se basa en un principio químico sencillo pero que requiere condiciones industriales muy específicas. El proceso completo puede dividirse en tres etapas fundamentales: la extracción de la materia prima, la calcinación y el apagado (o hidratación).
La materia prima es la piedra caliza, una roca sedimentaria compuesta principalmente por carbonato de calcio (CaCO₃), a menudo con pequeñas cantidades de arcilla, sílice, óxido de hierro y otros minerales. Las canteras de piedra caliza se encuentran en formaciones geológicas de origen marino o lacustre, donde los esqueletos de organismos marinos se acumularon durante millones de años. En España, por ejemplo, existen grandes yacimientos en Andalucía, Murcia y Aragón que abastecen a la industria nacional.
Una vez extraída, la piedra caliza se tritura hasta obtener partículas de tamaño adecuado para el horno, generalmente entre 20 y 50 mm para cal viva y hasta 2 mm para cal aérea. Este proceso de molienda se realiza con trituradores de mandíbulas y, en algunos casos, con molinos de barras. El tamizado posterior garantiza una granulometría uniforme que es crítica para la eficiencia térmica del horno.
La etapa central es la calcinación, que consiste en calentar la piedra caliza a temperaturas comprendidas entre 900 °C y 1.200 °C en hornos especializados. A estas temperaturas se produce la descomposición térmica del carbonato de calcio:
| Reacción | Producto | Nombre común |
| CaCO₃ → CaO + CO₂↑ | Óxido de calcio | Cal viva o calcinada |
| CaO + H₂O → Ca(OH)₂ | Hidróxido de calcio | Cal apagada o extinguida |
Los
hornos de calcinación más utilizados a nivel industrial son los hornos verticales de anillo (también llamados de revestimiento móvil), los hornos rotatorios y, en menor medida, los hornos de lecho fluidizado. Los hornos verticales son los más comunes en Europa por su bajo consumo energético (alrededor de 450-550 kWh/t de cal viva) y su capacidad de tratamiento continuo. El combustible puede ser gas natural, fuel oil, coque o incluso residuos sólidos recuperados.
El
control térmico es fundamental: si la temperatura es insuficiente (por debajo de 850 °C), la calcinación es incompleta y queda carbonato no descompuesto en el producto final. Si se supera los 1.250 °C, el óxido de calcio reacciona con la sílice y el alúmina presentes como impurezas, generando silicatos y aluminatos que reducen la reactividad de la cal. Por ello, los hornos modernos cuentan con
sensores infrarrojos y termopares que regulan la temperatura en tiempo real.
Tras la calcinación, el producto sale del horno como
cal viva en grano (CaO), un material blanco o grisáceo, muy higroscópico y reactivo. Si se desea obtener cal aérea (hidróxido de calcio), esta se somete al
apagado: se añade agua (aproximadamente el 32 % del peso de la cal viva) a una temperatura controlada, generalmente entre 60 y 180 °C. La reacción es fuertemente exotérmica y libera mucha energía, por lo que el proceso se realiza en
apagadores verticales o en bataneras.
La
cal aérea resultante puede utilizarse directamente como pasta o ser molida en seco para obtener un polvo fino. Existe también la
cal hidráulica, que se produce calcinando calizas con un mayor contenido en arcilla (5-15 %), de modo que durante la calcinación se forman silicatos y aluminatos de calcio que, al contacto con el agua, desarrollan propiedades cementantes. Esta variante es la que se utiliza en morteros de obra moderna.
Finalmente, el producto se
empaca en sacos de papel multicapa, big bags o se transporta a granel por neumática o en camiones cisterna. Las calces vivas se almacenan en silos herméticos para evitar la absorción incontrolada de humedad y CO₂ de la atmósfera, que las degradarían. Toda la cadena productiva está sujeta a
normativas ambientales estrictas (emisiones de CO₂, polvo, ruido) que han modernizado los procesos en las últimas décadas.