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ciencia · química
como se fabrica el hidrogeno, Planta industrial de reformado con vapor para producción de hidrógeno desde gas natural
ciencia ·#13033 ·Lectura 12 min. · Redactor: Gonzalo E.Garcia

¿Como se fabrica el hidrogeno?

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El 95% del hidrógeno mundial se produce con gas natural, generando 830 millones de toneladas de CO2 al año

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Cómo se fabrica el hidrógeno: del átomo al vector energético

El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, también el más simple que existe: un solo protón y un solo electrón. En la Tierra, sin embargo, no lo encontramos libre, flotando en la atmósfera esperando a que lo recojamos. Está atrapado dentro de moléculas, sobre todo en el agua (H2O) y en los hidrocarburos, siendo el metano (CH4) el compañero más frecuente. Para liberarlo de esos enlaces hay que aportar energía, separar el hidrógeno del carbono o del oxígeno a los que está unido, y luego ese mismo hidrógeno se recombinará con oxígeno para devolvernos agua. Esa ida y vuelta de energía es la razón por la que se le llama vector energético: no es una fuente primaria, es un transportador que lleva energía desde donde se genera hasta donde se necesita.


La magnitud de la producción global es enorme. La Agencia Internacional de la Energía cifró en 74 millones de toneladas la producción mundial en 2018, y en 2020 la cifra subió a unos 87 millones de toneladas. Lo interesante es que la mayor parte de ese hidrógeno no se quema como combustible. Se usa como materia prima química: en refinerías de petróleo, en la fabricación de amoníaco para fertilizantes mediante el proceso Haber, en la producción de metanol por reducción del monóxido de carbono, y en la obtención de acero. El problema es que el 95% de la producción actual se hace con gas natural, y eso genera unos 830 millones de toneladas de CO2 como subproducto. Descarbonizar esa producción es hoy una urgencia climática real.


El método dominante se llama reformado con vapor de metano, conocido por sus siglas en inglés, SMR. Funciona así: el vapor de agua y el gas natural, previamente purificados para eliminar contaminantes e impurezas, se calientan juntos a alta presión, entre 20 y 30 atmósferas, y a temperaturas que van de 700 a 1100 °C, aproximadamente 900 °C en la práctica habitual. Todo ocurre sobre un catalizador de base níquel. La reacción principal es:


CH4 + H2O → CO + 3H2


Esa reacción es endotérmica, consume unos 191,7 kJ/mol. El calor se obtiene quemando una parte del propio metano, lo que añade emisiones de CO2 adicionales. El resultado es una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno llamada syngas o gas de síntesis.


Para exprimir más hidrógeno de ese syngas se aplica una segunda reacción, la de cambio gas-agua (water gas shift), a temperatura más baja, unos 130 °C. Aquí el CO reacciona con más vapor: CO + H2O → CO2 + H2, con un balance de -40,4 kJ/mol. El átomo de oxígeno del vapor extra oxida el CO a CO2, y esa oxidación aporta la energía que mantiene el proceso vivo. La reacción global de todo el ciclo es:


CH4 + 2H2O → CO2 + 4H2


El metano y el agua aportan cada uno dos moléculas de hidrógeno. Al final, el H2 se separa del resto de gases mediante adsorción por oscilación de presión, un proceso que incrementa la energía necesaria y, con ella, la emisión de CO2 asociada. La eficiencia global del SMR ronda el 80%, con un rango entre 70% y 85% según las tablas tecnológicas.


Existen variantes del reformado que mejoran el cuadro. La oxidación parcial del metano (POX) mezcla CH4 con una cantidad limitada de oxígeno o aire (2CH4 + O2 → 2CO + 4H2) y libera calor durante la propia reacción, lo que la hace energéticamente eficiente, aunque exige un control muy preciso para evitar la formación de hollín. Si se acopla la POX con el SMR dentro de un único reactor se obtiene el reformado autotérmico (ATR), que no necesita aporte de calor externo, resulta más compacto, más barato y emite menos carbono; el proceso LCH de Johnson Matthey es un ejemplo. También existe el reformado con dióxido de carbono, que sustituye el vapor por CO2 para reaccionar con el metano, con potencial para capturar y reutilizar carbono, aunque su eficiencia suele ser menor y demanda temperaturas y presiones más altas.


Parámetro del SMRValor
Presión20 – 30 atmósferas
Temperatura700 – 1100 °C (≈ 900 °C)
CatalizadorBase de níquel
Energía reacción principal+191,7 kJ/mol (endotérmica)
Reacción globalCH4 + 2H2O → CO2 + 4H2
Eficiencia70% – 85%

El CO2 liberado puede separarse porque la producción se concentra en una sola planta. Se inyecta en reservas de petróleo o gas agotadas mediante proyectos de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS). StatoilHydro lo hizo en el Mar del Norte, en el campo de gas Sleipner, y en el noroeste del Reino Unido se desarrolla la red de hidrógeno HyNet. En la mayoría de casos, sin embargo, el CO2 acaba en la atmósfera, aunque también puede aprovecharse como subproducto en el procesamiento y envasado de alimentos.


Una vía distinta dentro del mundo de los hidrocarburos es el Proceso de Kværner, desarrollado en los años 80 por la compañía noruega del mismo nombre. Produce negro de carbón e hidrógeno a partir de metano, gas natural o biogás mediante pirólisis. La reacción es CH4 → C + 2H2 + 74,8 kJ/mol. De la energía disponible, el 48% queda en el hidrógeno, el 40% en carbón activado y el 10% en vapor sobrecalentado. Ese perfeccionamiento permitió aplicarlo a gran volumen y bajo coste, dando lugar al llamado hidrógeno turquesa. El carbón, por su parte, puede convertirse en syngas mediante la gasificación del carbón, un proceso muy contaminante si el CO2 se libera libre a la atmósfera, clasificado como hidrógeno negro o marrón.

“La electrólisis renovable solo representa hoy el 2% de la producción global, pero es la vía clave para el hidrógeno verde”

Dato clave
como se fabrica el hidrogeno, Electrolizadores PEM junto a una planta fotovoltaica para producir hidrógeno verde renovable
Imagen

Electrolizadores PEM junto a una planta fotovoltaica para producir hidrógeno verde renovable

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Métodos de producción, colores y eficiencia del hidrógeno a escala industrial

La electrólisis del agua es la ruta alternativa más promovida para una producción limpia. Consiste en descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno usando electricidad. Si esa electricidad viene de fuentes renovables, hidroeléctrica, eólica, fotovoltaica, el resultado es hidrógeno sin contaminación ni gases de efecto invernadero. Históricamente este método se usó poco porque la electricidad consumida valía más que el hidrógeno producido, una ecuación que no cuadraba en términos económicos. Hoy su importancia crece al reconocer que el hidrógeno es un vector energético clave frente a la emergencia climática, y sirve también para almacenar en forma de H2 el excedente renovable cuando la red produce más de lo que demanda. Actualmente solo alrededor del 2% del hidrógeno mundial se obtiene por electrólisis, por limitaciones de coste, aunque la tecnología está en desarrollo intenso.


Los electrolizadores se clasifican por su temperatura y mecanismo:

  • A baja temperatura, con agua líquida: electrolizadores alcalinos o de membrana de intercambio protónico (PEM).
  • A alta temperatura, con vapor: electrolizadores de óxido sólido, como los del proyecto europeo GrInHy2.0. Operan entre 100 °C y 850 °C, y cuando se dispone de una fuente de calor como solar térmica o nuclear, la eficiencia es mayor y la integración con calor residual industrial resulta más sencilla.

La eficiencia típica de la electrólisis ronda el 50% al 70%. Un ejemplo emblemático en España es la colaboración entre Iberdrola y Fertiberia en Puertollano: una planta fotovoltaica de 100 MW, baterías y un sistema PEM producen hidrógeno verde 100% renovable para fabricar amoníaco verde, la primera experiencia europea de gran escala en ese sector. Los electrolizadores a alta temperatura se han demostrado en laboratorio, pero aún no se han trasladado plenamente al uso comercial.


Una variante especialmente limpia es la fotoelectrólisis: usar electricidad de células fotovoltaicas para fraccionar el agua dentro de una célula fotoelectroquímica, un proceso también llamado fotosíntesis artificial o fotoelectrocatálisis. La industria investiga células multiunión de mayor eficiencia y la nanotecnología avanza hacia una producción solar más eficiente. La fotólisis directa, sin embargo, tiene una eficiencia muy baja, del orden del 0,5%, lo que explica que estas vías sigan en fase de desarrollo.


La producción termoquímica obtiene hidrógeno y oxígeno a partir de agua y calor, sin electricidad. Como la energía entra en forma de calor, estos procesos pueden ser más eficientes que la electrólisis de alta temperatura, porque la eficiencia de generar electricidad está intrínsecamente limitada. Se han probado cientos de ciclos termoquímicos; los más prometedores son:

  • Ciclo azufre-yodo (S-I)
  • Ciclo cerio-cloro (Ce-Cl)
  • Ciclo hierro-cloro (Fe-Cl)
  • Ciclo magnesio-yodo (Mg-I)
  • Ciclo vanadio-cloro (V-Cl)
  • Ciclo cobre-sulfato (Cu-SO4)
  • Variantes híbridas con paso electroquímico: azufre híbrido, cobre-cloro (Cu-Cl)

En todos ellos la reacción global es H2O → H2 + ½O2 y los demás elementos se reciclan internamente. Ninguno se ha probado a escala comercial, aunque algunos sí funcionan a escala de laboratorio.


Existen también vías químicas y biológicas. Con hidróxido sódico como catalizador, el aluminio y sus aleaciones reaccionan con agua produciendo hidrógeno: Al + 3H2O → Al(OH)3 + 1,5H2. Un kilogramo de aluminio puede dar teóricamente hasta 0,111 kg de hidrógeno, y al ser una oxidación exotérmica, la reacción funciona a bajas temperaturas y presiones, ideal para lugares remotos, dispositivos móviles o vehículos marinos. En el terreno biológico, la fermentación convierte materia orgánica en biohidrógeno mediante bacterias y enzimas en tres pasos similares a la digestión anaeróbica. La fermentación en la oscuridad permite producción constante, mientras que la fotofermentación, por ejemplo con Rhodobacter sphaeroides SH2C, requiere luz. En biorreactores de algas, si se priva a las algas de azufre, dejan de producir oxígeno y pasan a producir hidrógeno; es viable económicamente al superar el 7-10% de conversión de luz solar. También existen biorreactores que usan residuos como materia prima, donde bacterias alimentadas con hidrocarburos exhalan hidrógeno y CO2 que luego se separa, y técnicas como la electrohidrogénesis en células de combustible microbiano o la electrólisis microbiana.


Color del H2MétodoEmisión CO2
GrisReformado SMR, CO2 liberado a la atmósferaAlta
AzulReformado SMR + captura CCUSBaja
VerdeElectrólisis con electricidad renovableNula
RosaElectrólisis con electricidad nuclearNula
TurquesaPirólisis de metano (Proceso Kværner)Nula
Negro / MarrónGasificación del carbónMuy alta

En el uso final, el hidrógeno destaca como combustible limpio. En las pilas de combustible el agua es el único residuo y no emite los contaminantes nocivos de la combustión de hidrocarburos, lo que lo hace ideal para transporte pesado urbano, autobuses, y para cogeneración de calor y electricidad en edificios. Incluso sin capturar el CO2, un vehículo de hidrógeno producido desde gas natural emite la mitad de CO2 que uno de gasolina, porque el metano contiene proporcionalmente mucho más hidrógeno, que al quemarse da agua, mientras que la gasolina tiene cadenas de carbono que generan CO2. Los procesos basados en agua producen hidrógeno de mayor pureza; los basados en hidrocarburos suelen arrastrar trazas de monóxido de carbono. De cara al futuro inmediato se prevé que la mayor parte del hidrógeno producido siga siendo gris para uso industrial, pasando progresivamente a azul con el desarrollo de proyectos CCUS, mientras la electrólisis se despliega rápidamente para cubrir la demanda de hidrógeno verde en transporte e industria. Hacen falta muchas variantes de producción simultáneas para satisfacer el enorme crecimiento previsto de la demanda mundial.

Conclusión:

¿como se fabrica el hidrogeno?

El hidrógeno no se fabrica de una sola forma, y eso es precisamente lo que lo hace tan fascinante como complejo. Desde quemar metano a 900 grados sobre un catalizador de níquel hasta dividir una molécula de agua con la luz del sol dentro de una célula fotoelectroquímica, pasando por bacterias que exhalan hidrógeno en un biorreactor o aluminio que reacciona con agua a temperatura ambiente, cada ruta cuenta una historia distinta de energía y de carbono. Lo que sí comparten todas es que el hidrógeno nunca es el origen, siempre es el mensajero, lleva energía de un sitio a otro y al final te devuelve agua. La pregunta real no es cómo se fabrica, sino a qué velocidad somos capaces de fabricarlo sin llenar la atmósfera.

Fuentes: 1º 1º es.wikipedia.org, 2º 2º cicenergigune.com, 3º 3º anair.es, 4º 4º tecpa.es, 5º 5º academia-lab.com
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Redacción: Gonzalo E.Garcia · Actualizado en: 24/10/2026

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