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cómo se fabrica el gas, Horno de retorta del siglo XIX para fabricar gas de alumbrado a partir de carbón mineral
ciencia ·#13025 ·Lectura 11 min. · Redactor: Gonzalo E.Garcia

¿Cómo se fabrica el gas?

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La reacción global de la gasificación: 3C + O₂ + H₂O → H₂ + 3CO, la ecuación que convierte carbón sólido en combustible gaseoso.

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Cómo se fabrica el gas: procesos, química e historia de un combustible esencial

El gas, ese combustible que arde en cocinas, calienta hogares y mueve industrias enteras, no cae del cielo. Se fabrica o se extrae, y durante más de dos siglos la humanidad ha dominado dos rutas muy distintas para obtenerlo. La primera, la más antigua, consiste en transformar carbón mineral en una mezcla gaseosa inflamable mediante calor intenso. La segunda, la que hoy domina el mercado energético mundial, pasa por desenterrar hidrocarburos gaseosos atrapados bajo capas de sedimentos desde hace millones de años.


El gas de alumbrado, también llamado gas de hulla o gas ciudad, es un gas industrial que se obtiene a partir de la hulla mediante destilación seca. Se formaba sin presencia de aire, a temperaturas que oscilaban entre 1200 y 1300 °C, y arde con una llama luminosa que lo hacía perfecto para iluminar calles y salones cuando todavía no existía la electricidad. Su poder calorífico rondaba los 18 MJ/m³, un valor que lo convertía en un combustible competitivo para municipios y consumidores que podían recibirlo por tuberías enterradas bajo las aceras.


La obtención clásica se basaba en el carbonizado de la hulla. El carbón mineral se colocaba en hornos de retorta, unos cilindros herméticos de hierro fundido, y se mantenía a esas temperaturas durante unas seis u ocho horas. Sin oxígeno, el carbón no ardía: se descomponía. El resultado era una mezcla gaseosa compuesta aproximadamente por un 45 % de hidrógeno, un 35 % de metano y un 8 % de monóxido de carbono, todos ellos combustibles. Añadían cantidades menores de etileno, dióxido de carbono, nitrógeno, amoniaco y oxígeno. Los subproductos sólidos y líquidos eran el alquitrán de carbón y el coque, de ahí que a este gas también se le conociera como gas de coque.


Una vez obtenido, el gas no estaba listo para encender una lámpara. Había que purificarlo. Los productos volátiles, gases y vapores, pasaban desde las retortas a un colector cilíndrico con agua, donde se condensaban los componentes del alquitrán y se separaba el amoniaco. El proceso continuaba hacia otros condensadores que recogían la naftalina y los hidrocarburos aromáticos. En las fábricas más modernas, tras retirar la totalidad del alquitrán, el gas se hacía pasar por lavadores o scrubbers que eliminaban el sulfuro de hidrógeno y otras impurezas corrosivas. El gas purificado se almacenaba en grandes depósitos cilíndricos llamados gasómetros, desde los cuales, con su presión regulada, fluía hacia las cañerías de consumo.


Aquí viene un dato importante y algo siniestro: el gas así fabricado era venenoso por su contenido en monóxido de carbono. En algunas ciudades se sometía a un lavado posterior con vapor de agua, transformándolo parcialmente en hidrógeno y anhídrido carbónico. Y las cifras del rendimiento industrial eran notables:


SubproductoCantidad por tonelada de carbón
Gas de alumbrado280–330 m³
Alquitrán≈ 51 kg
Amoníaco≈ 3 kg
Coque≈ 520 kg

La fabricación de gas, por tanto, nunca fue solo una fuente de iluminación. Era también una industria química en sí misma, generadora de materias primas valiosas que alimentaban fábricas de fertilizantes, colorantes y materiales de construcción.


En química industrial, la gasificación del carbón es el proceso de producción del gas de síntesis, una mezcla compuesta principalmente por monóxido de carbono, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y vapor de agua. Se obtiene a partir de carbón, agua, aire y/u oxígeno. Históricamente, el carbón se gasificaba para producir ese gas ciudad que se canalizaba hasta los clientes, antes de la llegada de la explotación a gran escala del gas natural desde los pozos.


Durante la gasificación, el carbón es soplado con oxígeno y vapor mientras se calienta y, en algunos casos, se presuriza. Si el calentamiento proviene de fuentes de calor externas, el proceso se denomina alotérmico. Si se produce por reacciones químicas exotérmicas dentro del propio gasificador, es autotérmico. La clave química es que el oxidante suministrado debe ser insuficiente para la combustión completa: las moléculas de oxígeno y agua oxidan parcialmente el carbón y generan esa mezcla gaseosa. La reacción global típica se expresa como:


3C + O₂ + H₂O → H₂ + 3CO


El producto final deseado suele ser el gas de síntesis, la combinación de hidrógeno y monóxido de carbono. Si se quieren alcanes, hidrocarburos presentes en el gas natural, la gasolina o el diésel, el gas se dirige a un reactor Fischer-Tropsch. Si el hidrógeno es el producto final, el monóxido de carbono sufre la reacción de cambio del gas de agua, CO + H₂O → CO₂ + H₂, produciendo hidrógeno adicional. En la práctica actual, las grandes instalaciones de gasificación se destinan sobre todo a generar electricidad o a producir materias primas químicas como amoníaco y metanol.


Existen múltiples tecnologías de gasificación que comparten los mismos principios químicos. Algunas no requieren vapor para carbones de bajo grado con alto contenido de agua, otras operan sin altas presiones, y varían en la forma de suministrar el soplado. En el soplado directo, el carbón y el oxidante se alimentan desde lados opuestos del reactor; el oxidante atraviesa el coque y las cenizas hasta la zona de reacción, y el gas caliente resultante pasa por combustible nuevo absorbiendo alquitranes y fenoles, lo que exige un refinado muy intenso antes de su uso posterior.

“El GNL se obtiene enfriando el gas a −162 °C, reduciendo su volumen unas 600 veces para hacerlo transportable en buques metaneros.”

Dato clave
cómo se fabrica el gas, Plataforma de procesamiento de gas natural con antorcha y buque metanero en el mar
Imagen

Plataforma de procesamiento de gas natural con antorcha y buque metanero en el mar

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Del horno de retorta al pozo de perforación: dos rutas hacia el mismo combustible

La historia de la fabricación de gas arranca con Stephen Hales, que en 1727 describió cómo al calentar carbón en un recipiente sellado se emitía un «aire inflamable». Pocos años después, en 1792, el mecánico escocés William Murdoch alumbró una casa en Redruth con ese gas naciente, y en 1802 instaló antorchas de gas en el edificio de Boulton y Watt en Birmingham. El francés Philippe Lebon demostró en 1801 que el gas podía calentar y alumbrar conduciéndolo por tuberías empotradas, una idea que revolucionó la infraestructura urbana. Y en 1885, Carl Auer von Welsbach inventó el manguito incandescente de torio y cerio que multiplicó la intensidad luminosa de la llama de gas, haciendo de la iluminación a gas un espectáculo casi comparable al de las primeras bombillas eléctricas.


La primera planta comercial de gas se atribuye a la London and Westminster Gas Light and Coke Company, construida en 1812 en Great Peter Street para iluminar el puente de Westminster. El primer suministro público por tubería llegó en 1807 a trece lámparas de Pall Mall, en Londres. En Estados Unidos, la Gas Light Company de Baltimore, fundada en 1816, fue la primera compañía de gas fabricado, mientras que en 1821 el gas natural ya se usaba comercialmente en Fredonia, Nueva York. En 1870 existían 340 plantas de gas en Alemania que fabricaban gas ciudad a partir de carbón, madera, turba y otros materiales.


En la década de 1860 se desarrollaron procesos para producir gas de producción y gas de agua a partir de coque. El gas de agua azul arde con llama no luminosa, por lo que resulta inadecuado para iluminación. El gas de agua carburado, enriquecido pulverizando aceite en una retorta caliente, tiene mayor poder calorífico y llama luminosa; mejorado por Thaddeus Lowe en 1875, fue la tecnología dominante en Estados Unidos entre las décadas de 1880 y 1950, con un poder calorífico de unos 20 MJ/m³. El gas Mond, elaborado a partir de carbón, contenía amoníaco y alquitrán que se recuperaban como compuestos valiosos para la industria química.


La fabricación del gas natural, en cambio, no es una fabricación en sentido estricto sino una cadena completa de actividades extractivas y de tratamiento. El gas se forma por descomposición de materia orgánica sepultada bajo sedimentos durante millones de años. Mediante la catagénesis, el calor y la presión transforman esa materia en hidrocarburos gaseosos: a bajas temperaturas se genera petróleo, y a temperaturas más altas, metano. El metano representa entre el 70 % y el 90 % del gas natural, que además contiene etano, propano y butano, compuestos separables en la refinación para producir GLP y otros derivados.


La exploración se apoya en sísmica 2D y 3D, que genera vibraciones en la superficie mediante explosiones controladas o dispositivos mecánicos y analiza las ondas reflejadas para construir un modelo tridimensional del subsuelo y detectar trampas geológicas. Se complementa con gravimetría y magnetometría. Tras identificar la zona, las perforaciones exploratorias, verticales, direccionales u horizontales, confirman la presencia de gas y su viabilidad comercial. En yacimientos convencionales el gas fluye naturalmente por la presión del reservorio; en los no convencionales se recurre a la fracturación hidráulica, que inyecta agua, arena y químicos a alta presión para romper la roca, junto con la perforación horizontal.


El gas extraído rara vez está listo para el consumo y debe tratarse en plantas de procesamiento. Se eliminan agua, dióxido de carbono, azufre e hidrocarburos pesados mediante separadores y absorbentes químicos, evitando corrosión y formación de hidratos que obstruirían las tuberías. La desulfuración retira el sulfuro de hidrógeno por absorción con aminas o conversión en azufre elemental. La separación de líquidos extrae propano y butano.


Para el transporte marítimo se licúa el gas enfriándolo a −162 °C, lo que reduce su volumen unas 600 veces, tras pretratamiento, eliminación de gases ácidos, deshidratación, fraccionamiento de pesados y ciclos de refrigeración. Es un proceso caro y complejo, pero permite llevar gas a mercados sin conexión por tubería.


Finalmente, el gas llega al consumidor por tres vías bien definidas:

  • Gasoductos, la opción más económica y segura para grandes volúmenes, tanto en tierra como bajo el mar.
  • Buques metaneros para GNL hacia mercados sin conexión por tubería.
  • Redes de distribución locales que regulan la presión y el caudal hasta hogares, industrias y centrales eléctricas.

El metano obtenido se destina a generación eléctrica, a la síntesis de amoníaco para fertilizantes y a la producción de metanol y otros compuestos químicos. Y fuentes no convencionales como el biometano a partir de residuos orgánicos amplían hoy el concepto mismo de fabricación del gas, cerrando un ciclo que comenzó con carbón en un horno sellado en el siglo XVIII.

Conclusión:

¿cómo se fabrica el gas?

Si te preguntas cómo se fabrica el gas, la respuesta es que se fabrica de muchas formas distintas, y lo fascinante es que cada época eligió la suya. El albañil del siglo XIX encendía una lámpara de gas alimentada por carbón quemado sin aire a 1300 grados, y tú enciendes el fogón con metano que la tierra tardó millones de años en cocinar bajo capas de roca. Son dos procesos separados por siglos y por química, pero ambos responden a la misma necesidad humana: convertir materia en fuego controlable.

Fuentes: 1º Wikipedia.org,2º Academia-lab.com,3º Inspenet.com,4º Anair.es
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Redacción: Gonzalo E.Garcia · Actualizado en: 24/10/2026

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