La Noche de los Cuchillos Largos, que tuvo lugar principalmente entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, fue una operación de represión política masiva ordenada por Adolf Hitler dentro del partido nazi. El objetivo principal era eliminar a los líderes de las SA (Secciones de Asalto), lideradas por Ernst Röhm, así como a otros opositores políticos y personalidades que se consideraba amenazaban la estabilidad del régimen.
La tensión venía aumentando desde hacía meses. Los líderes de las SA, antiguos miembros del ejército de la Primera Guerra Mundial, reclamaban la transformación del Estado alemán en una entidad más militarizada y socialmente radical, lo que preocupaba a Hitler, quien buscaba el apoyo de las élites militares tradicionales (Wehrmacht) y de la industria. Además, Röhm había ampliado las SA hasta los 4 millones de hombres, superando al ejército regular, y se rumoreaba que planeaba un golpe de estado contra Hitler.
La ejecución comenzó con el arresto y asesinato de Ernst Röhm en la prisión de Stadelheim en Múnich. A continuación, las SS (Secciones de Seguridad) y la policía política iniciaron una ola de detenciones y ejecuciones sumarias en todo el país.
Más allá de las SA, la operación se utilizó para eliminar a críticos conservadores como el canciller del Reich anterior, Kurt von Schleicher, y a otros políticos centristas o de izquierda. La violencia fue extrema: se estima que entre 85 y más de 200 personas fueron asesinadas directamente en la operación, aunque las cifras exactas varían según las fuentes históricas. Esta acción demostró la brutalidad del aparato estatal nazi y la capacidad de Hitler para sacrificar a sus propios aliados inmediatos si consideraba que ponían en riesgo su poder.
La Noche de los Cuchillos Largos no solo eliminó a la principal amenaza interna al poder de Hitler, sino que también consolidó su alianza con el ejército y la alta burguesía alemana. Al desmantelar las SA como fuerza política independiente, Hitler aseguró que el poder militar quedara bajo el control del Estado y, por extensión, bajo su mando personal. Este evento marcó un punto de inflexión en la transformación de Alemania en una dictadura totalitaria, donde la lealtad a Hitler se convirtió en la única ley y la violencia estatal se institucionalizó como herramienta de gobierno.