En el año 1671, la ciudad de Panamá La Vieja, que entonces era uno de los centros más importantes del Imperio Español en América, fue atacada y saqueada por las fuerzas del pirata inglés Henry Morgan. Este evento no fue un incidente aislado ni menor; fue el golpe final a una ciudad que ya había sufrido otro ataque devastador décadas antes, en 1655, lo que la dejó económicamente debilitada y militarmente vulnerable. Morgan llegó con una flota considerable y, tras superar defensas costeras, tomó la ciudad por asalto. La población civil fue masacrada o capturada, y las riquezas acumuladas en los templos, casas de los nobles y almacenes fueron saqueadas sistemáticamente.
La devastación causada por Morgan fue total: incendios intencionados consumieron la mayor parte de la ciudad, incluyendo el Palacio Arzobispal, catedrales y edificaciones clave. Aunque las autoridades españolas intentaron reconstruir parcialmente la zona tras este ataque, la confianza en la seguridad del lugar estaba rota. Este suceso aceleró el proceso de abandono definitivo que comenzaría a consolidarse en 1673, cuando se decidió trasladar la capital a una ubicación más defensible, dando nacimiento a lo que hoy conocemos como Panamá Ciudad o Panamá Moderna. Así, 1671 marcó el principio del fin para la antigua ciudad amurallada.
En resumen, lo que ocurrió en Panamá La Vieja en 1671 fue su destrucción final a manos de Henry Morgan. Este acto de piratería selló el destino de la ciudad antigua, forzando a los españoles a iniciar el traslado definitivo hacia una nueva ubicación más segura, transformando así el mapa urbano y político de la región para siempre.