La figura de José, el carpintero de Nazaret, ocupa un lugar central en los primeros años de la vida pública de Jesús, pero su presencia desaparece abruptamente en los relatos evangélicos a medida que avanza la narrativa. Los cuatro Evangelios canónicos coinciden en mencionar a José como cabeza del hogar familiar, especialmente en los contextos de infancia y adolescencia, sin embargo, a partir de las primeras apariciones públicas de Jesús en Galilea, su nombre deja de aparecer de manera significativa.
Esta ausencia ha generado múltiples interrogantes entre teólogos, historiadores y eruditos bíblicos a lo largo de los siglos. La hipótesis más extendida y aceptada por la tradición cristiana es que José falleció antes del inicio del ministerio público de Jesús, probablemente cuando este tenía alrededor de treinta años de edad. Esta cronología se apoya en el hecho de que, durante los eventos clave como las bodas de Canáán o la última cena, María aparece sola o acompañada por otras mujeres, y no se hace mención alguna a un hombre mayor que pudiera ser su esposo. Además, en el momento de la crucifixión, Jesús confía el cuidado de su madre a Juan, lo cual sugiere que no había otro varón adulto responsable en el grupo cercano, algo que podría haber cambiado si José aún estuviera vivo.
Más allá de la hipótesis del fallecimiento natural, existen otras teorías menos convencionales que intentan explicar su ausencia, aunque carecen de respaldo textual fuerte. Algunas tradiciones apócrifas y leyendas medievales sugieren que José podría haber muerto martirizado o incluso haber huido para evitar represalias romanas, pero estos relatos no forman parte del canon bíblico y son considerados por los estudiosos como material legendario posterior. Otras interpretaciones históricas señalan que la estructura patriarcal de la época haría improbable que una familia sin cabeza masculina pudieran mantener su estatus social sin explicación, reforzando la idea de un evento trascendental como la muerte natural o, en menor medida, un exilio no documentado.
La tradición católica y ortodoxa celebra a San José como patrón de los trabajadores y de la Iglesia Universal, destacando su fidelidad silenciosa hasta el final de sus días terrenales. Su figura se ha consolidado como símbolo de protección y paternidad espiritual, aunque los detalles concretos de sus últimos años permanecen en el ámbito de la fe y la especulación histórica, ya que los textos sagrados priorizan el mensaje mesiánico por encima de las biografías completas de los personajes secundarios.
En conclusión, aunque los textos bíblicos no ofrecen un relato explícito sobre los últimos días de José, el consenso académico y teológico apunta a su fallecimiento antes de la crucifixión. Su legado perdura como pilar fundamental en la historia salvífica, recordado con devoción y respeto por millones de fieles que ven en su figura un modelo de servicio discreto y amor incondicional.