¿Qué hicieron los ingleses para despojar de sus tierras a los indígenas?
El despojo territorial de los pueblos indígenas por parte de la Corona británica y sus colonizadores no fue un acto único, sino un sistema articulado que combinó la fuerza militar, el marco legal, la presión económica y la destrucción cultural a lo largo de varios siglos, en América del Norte, Australia, Nueva Zelanda, India e Irlanda. No existió una sola táctica; fue un engranaje donde cada pieza reforzaba a las demás.
1. El marco jurídico como herramienta de apropiación: La base ideológica fue la Doctrina del Descubrimiento, heredada del papado en el siglo XV, que otorgaba a las coronas cristianas europeas el derecho de reclamar territorios habitados por pueblos no cristianos. En Australia, se aplicó además la doctrina de Terra Nullius (tierra de nadie), que legalmente negaba la existencia de los pueblos aborígenes como dueños legítimos hasta 1992, cuando el caso Mabo v Queensland del Alto Tribunal australiano la declaró inconstitucional. En América, la Proclamación Real de 1763 intentó regular la compra de tierras indígenas, pero en la práctica se convirtió en un instrumento para que la Corona mediara (y frecuentemente impidiera) la venta directa, canalizando las transacciones a través de tratados desiguales.
2. Los tratados: promesas rotas y asimetría de poder: Miles de tratados se firmaron entre 1600 y 1900 en Norteamérica, y acuerdos similares en Australia y Nueva Zelanda (Tratado de Waitangi, 1840). En la práctica, estos documentos presentaban una enorme asimetría: los indígenas no compartían el concepto occidental de propiedad privada de la tierra; para muchas naciones, la firma significaba alianza y coexistencia, mientras que para los colonos significaba cesión soberana del territorio. La brecha lingüística y cultural era enorme. Además, una vez firmados, los tratados se incumplieron sistemáticamente: se redujeron reservas, se ignoraron cláusulas de protección, y cuando los indígenas reclamaban, los tribunales coloniales o nacionales fallaban en contra. En EE.UU., de los más de 500 tratados firmados, la gran mayoría fueron violados.
3. La guerra y la violencia directa: Cuando la diplomacia (desigual) no bastaba, se recurrió a la fuerza militar. Campañas punitivas contra pueblos enteros, matanzas como Wounded Knee (1890), las guerras de los Maori en Nueva Zelanda (1845-1872), o las expediciones contra aborígenes australianos organizadas por colonos y, en algunos casos, financiadas por autoridades locales. No se trataba solo de defender asentamientos: eran guerras de exterminio territorial, cuyo objetivo era eliminar la presencia indígena para abrir el suelo a la agricultura, la minería y la especulación.
4. La presión demográfica y económica: El flujo constante de inmigrantes británicos creó una demanda insaciable de tierra. Compañías especulativas compraban vastas extensiones a precios irrisorios o mediante engaños, y el gobierno otorgaba concesiones masivas. La introducción de la ganadería a gran escala (ovinas en Australia, vacunos en el oeste americano) destruyó los ecosistemas de los que dependían los pueblos originarios: el hatillo bison en las llanuras norteamericanas fue diezmado en pocas décadas, eliminando la base alimentaria de naciones como los cheyennes, comanches o sioux. En Australia, las ovejas y las vacas invadieron pastizales que los aborígenes habían gestionado con fuego durante miles de años.
5. La reubicación forzada: El gobierno de EE.UU. impulsó la Ley de Reasentamiento de 1830, que autorizó la expulsión forzada de naciones del sureste (cherokee, chocktaw, chickasaw, choctaw y seminole) hacia el territorio de Oklahoma. La ruta se conoce como Trail of Tears (Camino de las Lágrimas), donde murieron entre 4.000 y 6.000 cherokee de frío, hambre y agotamiento. En Australia, los aborígenes eran simplemente desalojados de sus tierras sin compensación ni registro legal, ya que no existía un marco jurídico que los reconociera como propietarios.
6. La destrucción cultural y la asimilación: El despojo no era solo territorial; también era identitario. Se prohibieron ceremonias sagradas (Danza del Sol, ceremonias de sudor), se impuso el inglés o el criollo, y se crearon escuelas residenciales en Canadá (sistema en funcionamiento hasta 1996), EE.UU. y Australia, donde miles de niños indígenas fueron separados de sus familias, les fue prohibido hablar su lengua y se les obligó a adoptar la cultura europea. El objetivo declarado era «matar al indio para salvar al hombre», frase del general Phillip Sheridan en 1879. Esta desestructuración cultural facilitaba el despojo: un pueblo que ha perdido su relación con la tierra, sus lenguas y sus instituciones, se vuelve más vulnerable a la apropiación.
7. El papel de la Iglesia y la «civilización»: Misiones católicas, anglicanas y metodistas jugaron un doble papel. Por un lado, algunas ofrecieron protección limitada; por otro, fueron instrumentos de asimilación que enseñaban que la cultura indígena era inferior y que la tierra debía «ponerse en valor» según el modelo europeo de parcelas privadas y labranza. El concepto de «mejora» del suelo se usó como justificación legal para expropiar: si un indígena no cultivaba la tierra de forma «productiva» según criterios europeos, la Corona podía considerarla disponible.
8. La exclusión política y la negación de la ciudadanía: Durante siglos, los indígenas fueron excluidos del sufragio, de la propiedad legal plena y de la representación política. En Australia, los aborígenes no pudieron votar hasta 1962 y no fueron contados oficialmente en el censo hasta 1967. En EE.UU., la ciudadanía plena a nativos no llegó hasta la Ley de Ciudadanía de 1924, y muchas reservas operan como «naciones» sin soberanía real, sujetas a la jurisdicción federal. Sin voto, sin propiedad reconocida y sin voz política, la resistencia legal se volvía casi imposible.
En resumen, el despojo fue multinivel: se actuó simultáneamente en el terreno (guerra, desplazamiento), en la ley (tratados desiguales, terra nullius, expropiación), en la economía (especulación, destrucción de recursos) y en la cultura (escuelas, prohibiciones, religión). Ninguna sola medida fue suficiente; fue la convergencia de todas lo que hizo el proceso casi irreversible durante dos siglos.
El Acta Dawes (1887) provocó la pérdida de ~90 millones de hectáreas por parte de los pueblos nativos de EE.UU. entre 1887 y 1934, un tercio de su territorio total.
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