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que hicieron los ingleses con los indígenas, Familias indígenas desplazadas en la Pista de las Lágrimas durante el invierno, siglo XIX
historia ·#12343 ·Lectura 9 min. Redacción de respuesta: Editorial NexusCurioso.com

¿Que hicieron los ingleses con los indígenas?

Respuesta corta

La 'Pista de las Lágrimas' (1830-1850) desplazó a más de 46.000 indígenas de cinco naciones hacia reservas en Oklahoma, con miles de muertes en el trayecto.

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Lo que hicieron los ingleses con los pueblos indígenas en todo el mundo

La colonización llevada a cabo por la Corona inglesa y, posteriormente, por el Imperio británico entre los siglos XVI y XX supuso una de las transformaciones más devastadoras de la historia humana. A diferencia de una narrativa que a veces se presenta como un 'encuentro' entre culturas, el registro histórico, etnográfico y arqueológico muestra un patrón consistente: desplazamiento forzado, violencia armada, imposición cultural y depredación económica de los pueblos originarios en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, la India, África y el Caribe. En América del Norte, las colonias inglesas (Virginia, Massachusetts, Carolina, etc.) establecieron desde el principio una lógica de apropiación territorial. Los tratados firmados con las naciones indígenas, como el Tratado de York (1784) o los Acuerdos de París (1763), fueron sistemáticamente incumplidos. La 'Pista de las Lágrimas' (Trail of Tears, 1830-1850) bajo la Ley de Reasentamiento Indígena de Andrew Jackson desplazó a más de 46.000 miembros de cinco naciones (cherokee, choctaw, chickasaw, creek y seminole) hacia reservas en Oklahoma, con un saldo estimado de entre 4.000 y 10.000 muertes por agotamiento, frío y falta de recursos. Las enfermedades infecciosas —sarampión, viruela, gripe, tifus— funcionaron como un arma demográfica desproporcionada. En la zona de las Trece Colonias, la población indígena cayó de aproximadamente 2 millones a menos de 100.000 entre 1600 y 1800, según estimaciones del historiador Russell Thornton (1987) y datos consolidados por la Universidad de Wisconsin-Madison. No se trata solo de 'contacto': en múltiples casos se documentó la distribución deliberada de mantas infectadas, como en el incidente de Fort William Henry (1757) o en las campañas contra las llanuras. El sistema de escuelas residenciales indígenas (boarding schools), operado conjuntamente por el Estado y misiones religiosas entre 1879 y 1969, tuvo como objetivo explícito la 'eliminación del indio' para 'salvar al hombre', según las palabras del inspector Carlisle (1879). Más de 250.000 niños indígenas fueron separados de sus familias, prohibidos el uso de su lengua y sometidos a maltrato físico y psicológico. El informe de la Comisión de Reconciliación Canadiense (2015) documentó abusos en 139 escuelas residenciales canadienses; en Estados Unidos, el informe de 2024 identificó más de 600 escuelas del mismo tipo. En Australia, la llegada de la Primera Flota en 1788 y la declaración de Terra Nullius (tierra de nadie) ignoró la presencia de más de 500 naciones aborígenes con civilizaciones de al menos 65.000 años. Las masacres de los asentamientos (como la Batalla de Windmill Hill, 1838, o la Masacre de Myall Creek, 1838) fueron numerosas y apenas perseguidas. El programa de las Generaciones Robadas (1910-1970) separó a entre 100.000 y 200.000 niños aborígenes y australianos del Pacífico Sur de sus familias bajo política estatal, un hecho reconocido oficialmente con la disculpa pública de 2008. En Nueva Zelanda, las Guerras de la Boji (1845-1872) enfrentaron a fuerzas coloniales inglesas contra las iwi (tribus) māori. El Tratado de Waitangi (1840), redactado en inglés y māori con traducciones deliberadamente distintas, fue incumplido de forma masiva: entre 1845 y 1872 el gobierno confiscó más de 10 millones de hectáreas de tierra māori. La lengua māori fue prohibida en escuelas públicas hasta la década de 1970, y no fue declarada lengua oficial hasta 1987. En la India británica, la explotación económica se tradujo en hambrunas evitables. La Gran Hambruna Bengalí de 1943, bajo la administración de Lord Wavell y la desviación de grano hacia el esfuerzo de guerra, causó entre 2 y 3 millones de muertes. El economista Amartya Sen (Premio Nobel 1998) demostró que no fue escasez absoluta, sino política de asignación y especulación colonial. Anteriormente, las hambrunas de 1876-1878 (Madras), 1899-1900 (Bihar) y 1907 (Uttar Pradesh) suman más de 25 millones de muertes atribuidas al modelo extractivo británico. En África, la Conferencia de Berlín (1884-1885) repartió el continente entre potencias europeas, incluida Gran Bretaña, sin consulta a los pueblos locales. La ocupación de Rhodesia (hoy Zimbabue), Kenya, Nigeria y Sudáfrica implicó expropiación de tierras fértiles, trabajo forzoso en minas y plantaciones, y la destrucción de redes comerciales preexistentes. En Kenia, el levantamiento Mau Mau (1952-1960) contra las plantaciones coloniales fue reprimido con campos de internamiento donde murieron decenas de miles de keniatas. El modelo económico colonial inglés se basó en la extracción: tabaco y madera en Virginia, azúcar en el Caribe (con mano de obra esclavizada africana que a su vez destruyó comunidades enteras), algodón en el sur estadounidense, opio en la India, caucho en Malasia. El indígena o nativo era, en el marco jurídico colonial, un 'súbjecto' sin ciudadanía plena, excluido del voto, de la propiedad y de la justicia igualitaria durante siglos. A pesar de la magnitud de estos hechos, la narrativa oficial en muchos países anglosajones tardó décadas en incorporarlos. La disculpa pública a los pueblos aborígenes y australianos llegó en 2008 (Australia), la Comisión de Reconciliación en Canadá en 2008, y solo en 2021 el gobierno de Ontario (Canadá) reconoció oficialmente las masacres indígenas. En Nueva Zelanda, la Royal Commission on the Treaty of Waitangi se creó en 1975. En la India, el fin del dominio británico en 1947 no incluyó ninguna reparación por las hambrunas coloniales.

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En Australia, la política de Terra Nullius (1788) ignoró 65.000 años de presencia aborigenal y solo fue revocada judicialmente en 1992 (caso Mabo).

Dato clave
que hicieron los ingleses con los indígenas, Escuela residencial australiana de las Generaciones Robadas, paisaje del outback
Imagen

Escuela residencial australiana de las Generaciones Robadas, paisaje del outback

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Colonización, desplazamiento y despojo: un legado documentado en cinco continentes

Es importante contextualizar que la violencia contra los pueblos originarios no fue exclusiva de Inglaterra: España, Portugal, Francia y Países Bajos protagonizaron dinámicas similares. Sin embargo, el Imperio británico, al ser el mayor territorio colonial jamás disuelto (cubría un cuarto de la superficie terrestre habitada en su apogeo de 1920), acumuló una escala de impacto sin precedentes en términos absolutos. La justificación ideológica que acompañó estas acciones se articuló en varios discursos: el 'Destino Manifiesto' (Manifest Destiny, 1845) en Norteamérica, la doctrina del 'supremacismo blanco' racial, la idea de 'civilización' como mandato moral ('deuda al hombre blanco' según Lord Cromer), y el marco jurídico de Terra Nullius que negaba la existencia previa de soberanía indígena. Estos discursos no eran meras opiniones: estaban codificados en leyes, sentencias judiciales (como la decisión de Mabo v Queensland 1992, que solo en 1992 revocó Terra Nullius en Australia) y en la estructura de las instituciones coloniales. El impacto demográfico global fue devastador. Estimaciones conservadoras sitúan la caída de la población indígena americana entre un 89% y un 95% entre 1492 y 1900. En Australia, la población aborigenal pasó de unos 750.000-1.000.000 en 1788 a aproximadamente 100.000 en 1900. En Nueva Zelanda, la población māori cayó de unos 200.000 en 1840 a menos de 42.000 en 1896 antes de recuperarse parcialmente. Las consecuencias actuales siguen siendo medibles: en Australia, la esperanza de vida aborigenal sigue siendo unos 8-10 años inferior a la no indígena; en Canadá y EE.UU., las comunidades de las reservas enfrentan índices de pobreza, adicción y salud mental desproporcionados; en Nueva Zelanda, el desempleo māori duplica al de la población no indígena; en la India, las comunidades adivasi (tribales) concentran los peores indicadores socioeconómicos del país. La Comisión de Reconciliación Canadiense (2015) concluyó que las escuelas residenciales constituyeron un 'genocidio cultural'. En términos de reparación, el panorama es desigual. Nueva Zelanda estableció tribunales de claims bajo la Waitangi Tribunal Act (1975) para resolver reclamaciones de tierras y daños, con acuerdos financieros que en 2024 superaban los 1.700 millones de NZD. Canadá aprobó en 2023 una ley de justicia por las escuelas residenciales con fondos de 1.900 millones CAD. Australia no ha aprobado aún una ley de tratados o reparación estructural similar, a pesar de la disculpa de 2008 y del informe 'Uluru Statement from the Heart' (2017). En la India, no existe mecanismo de reparación por las hambrunas coloniales. Comprender estos hechos no es un ejercicio de culpabilidad abstracta, sino una condición para políticas públicas informadas: los acuerdos de tratados con naciones indígenas en Canadá y EE.UU., la legislación de derechos aborígenes en Australia (1992, Mabo) y la restitución de tierras en Nueva Zelanda son ejemplos de marcos legales que intentan, con décadas de retraso, corregir el daño estructural generado por la colonización inglesa. La historia documentada no ampara la idea de un 'choque de civilizaciones' simétrico ni de una 'expansión natural'. Los archivos de la Crown Archives (Londres), los registros parroquiales, las crónicas indígenas orales recopiladas etnográficamente, la arqueología forense y la demografía histórica convergen en un mismo relato: el Imperio británico construyó su riqueza industrial en gran medida sobre el despojo territorial, la mano de obra forzada y la destrucción demográfica de pueblos que habitaron esos territorios durante milenios.

Conclusión:

¿que hicieron los ingleses con los indígenas?

El impacto de la colonización inglesa sobre los pueblos indígenas no fue un suceso aislado ni una 'consecuencia inevitable' del contacto, sino el resultado de decisiones políticas, jurídicas y económicas documentadas en archivos de cinco continentes. Reconocerlo es el primer paso hacia marcos de reparación y reconciliación que, como muestran los casos de Nueva Zelanda, Canadá y Australia, están en curso pero aún incompletos. El estudio histórico riguroso —apoyado en demografía, derecho internacional, etnohistoria y arqueología— sigue revelando aspectos de este legado que las sociedades colonizadoras aún no han asumido plenamente.

Fuentes: Thornton, R. (1987) American Indian Holocaust and Survival; Australian Human Rights Commission (1997) Bringing Them In; Truth and Reconciliation Commission of Canada (2015); Waitangi Tribunal Reports; Sen, A. (1998) Development as Freedom; Crown Archives, Kew; Myall Creek Trial Records (NSW, 1838). —
Redacción: editorial NexusCurioso.com
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