El wombat, el único animal que defeca en cubos
El wombat, también conocido como vombátido, es un marsupial herbívoro que habita en Australia y Tasmania. Su tamaño recuerda al de un oso en miniatura: pesa entre 20 y 35 kilogramos, mide cerca de un metro, tiene patas cortas y una musculatura notablemente desarrollada. Vive bajo tierra en madrigueras extensas, es crepuscular y nocturno, cría a sus bebés en una bolsa marsupial y su carácter solitario y tímido lo hace difícil de avistar en libertad.
En la actualidad existen tres especies de wombátidos. Todas comparten rasgos que las hacen únicas en el reino animal, pero hay una que las ha catapultado a la fama mundial: sus excrementos tienen forma cúbica, casi perfecta. Ninguna otra especie conocida en el planeta produce heces con esa geometría.
Un wombat puede alcanzar velocidades superiores a 40 km/h en distancias cortas, algo sorprendente para un animal tan compacto. Además, su trasero está protegido por una coraza natural de cartílago, grasa, piel gruesa y pelo, que funciona como escudo contra depredadores. En cautiverio llegan a vivir hasta 20 años, y en libertad alrededor de 15.
Durante mucho tiempo se barajaron teorías sobre el origen de los cubos. Se sugirió que el esfínter del wombat era cuadrado, o incluso que el animal daba forma a sus heces para apilarlas mejor. Ninguna de esas ideas resiste la evidencia: el ano del wombat es redondo como el de cualquier mamífero, y la geometría cúbica se genera dentro del intestino, antes de que la materia salga al exterior.
En el mundo de la ingeniería, crear estructuras cúbicas requiere extrusión (presión sobre un molde) o moldeo por inyección. Que un sistema biológico logre lo mismo de forma natural es extraordinariamente raro, y el intestino del wombat es uno de los pocos ejemplos confirmados.
El intestino del wombat mide unos 10 metros de largo, aproximadamente diez veces la longitud del cuerpo del animal. Su digestión es extremadamente lenta: mientras un ser humano tarda uno o dos días en procesar los alimentos, el wombat puede tardar hasta dos semanas. Esa lentitud le permite extraer al máximo los nutrientes y el agua de una dieta herbívora de baja calidad nutricional.
Al clima seco de su hábitat se suma la acción del propio organismo, que absorbe gran parte del líquido del alimento. Las heces resultan hasta dos veces más secas que las de otros mamíferos, lo que las vuelve más firmes y, por tanto, más fáciles de moldear en el interior del tracto digestivo.
Las cantidades que un wombat produce son considerables. Un solo ejemplar puede defecar cerca de 100 cubos en una noche. Greg Irons, director del Santuario de Fauna Salvaje de Bonorong en Tasmania, señala que un animal en plena batida territorial puede dejar hasta 150 heces en una sola noche. Los wombats de nariz descubierta excretan de cuatro a ocho piezas simultáneamente.
La forma cúbica no es un capricho evolutivo. Cumple una función ecológica y comunicativa muy concreta. Los wombats apilan sus heces para marcar territorio y transmitir información olfativa. Como su vista es limitada, depositan los excrementos en lugares prominentes: junto a madrigueras, sobre rocas, troncos y pequeñas elevaciones. Un estudio en Tasmania constató que el 88,76% de las letrinas se encontraban junto a esos elementos.
Los cubos no ruedan, se apilan con estabilidad y resaltan frente a los de otros individuos. Esa es la ventaja geométrica: unos excrementos esféricos rodarían ladera abajo, perdiendo el mensaje químico. La forma cúbica resuelve ese problema de forma elegante.
“Un wombat puede defecar hasta 150 cubos en una sola noche durante una batida territorial. Los cubos miden unos 2 cm de lado.”
Dato clave