La decisión de usar o no una faja durante la carrera es puramente subjetiva y depende de objetivos individuales, anatomía y tipo de actividad. Para la mayoría de los corredores recreativos, correr sin faja permite una mayor libertad de movimiento y una respiración más natural, lo cual es crucial para mantener el ritmo en distancias medias y largas. Sin embargo, algunas personas sienten que la compresión ofrece un soporte abdominal extra que les ayuda a sentirse más estables, especialmente si tienen debilidad lumbar o buscan mejorar su postura de carrera. Es importante recordar que la faja no debe apretar excesivamente, ya que podría comprimir los pulmones y dificultar la oxigenación, reduciendo el rendimiento.
Desde el punto de vista fisiológico, el uso constante de una faja puede llevar a una atrogfia o debilitamiento progresivo de los músculos del core, ya que estos trabajan menos para estabilizar el tronco. Los expertos en medicina deportiva suelen recomendar fortalecer la musculatura abdominal y lumbar mediante ejercicios específicos en lugar de depender de soportes externos. Si decides usarla, hazlo solo para distancias cortas o como herramienta de readaptación temporal bajo supervisión profesional. La clave está en que tu cuerpo aprenda a sostenerse a sí mismo; la faja es un parche, no una solución estructural para el corredor.
En conclusión, salvo por prescripción médica específica o situaciones de readaptación, lo más recomendable es correr sin faja para promover un desarrollo muscular natural y una respiración óptima. Escucha a tu cuerpo: si sientes dolor lumbar recurrente, consulta a un profesional antes de utilizar cualquier tipo de soporte externo.