La infección por SARS-CoV-2 en niños de siete años suele presentarse con una sintomatología que difiere ligeramente de la observada en adultos. Aunque muchos casos son leves o asintomáticos, es fundamental estar atento a los signos clínicos iniciales. Los síntomas más comunes incluyen fiebre moderada, congestión nasal, dolor de garganta y fatiga leve. A diferencia de otros grupos etarios, los niños en edad escolar pueden experimentar también diarrea o vómitos, aunque con menor frecuencia que en lactantes.
Es crucial monitorear la temperatura corporal cada pocas horas durante las primeras 48 horas tras el inicio de los síntomas. La hidratación es clave; se recomienda ofrecer líquidos claros, sueros orales y alimentos ligeros que el niño acepte voluntariamente. En caso de fiebre alta persistente o dificultad respiratoria, la consulta médica inmediata es obligatoria para descartar complicaciones como la neumonía viral.
El manejo del COVID-19 en esta edad se centra principalmente en el tratamiento sintomático y el descanso. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno o el paracetamol son las opciones preferidas para reducir la fiebre y el malestar, siempre bajo la dosis recomendada por el pediatra según el peso del niño. Evite la automedicación con antibióticos o antivirales sin prescripción expresa, ya que no tienen efecto sobre los virus y pueden causar efectos secundarios innecesarios.
El aislamiento en casa debe mantenerse hasta al menos 24 horas después de la resolución de la fiebre sin uso de medicación antipirética. La ventilación de las habitaciones y el uso de mascarillas por parte de los adultos que conviven con el niño enfermo ayudan a reducir la transmisión dentro del hogar. Mantener una rutina de sueño constante y actividades tranquilas favorece la recuperación del sistema inmunológico infantil.
La vigilancia activa por parte de los padres es la herramienta más eficaz para garantizar una recuperación segura. Ante cualquier signo de empeoramiento, como respiración rápida o letargo extremo, no dude en contactar a su servicio de salud pediátrico. La educación sanitaria y la prevención continua son pilares fundamentales para proteger a los más pequeños.