La fabricación de la quena: del bambú al sonido andino
La quena es uno de los aerófonos más antiguos del continente americano. Su nombre viene del quechua qina, y se extendió por toda la Cordillera de los Andes durante el auge del Imperio Incaico. Los restos arqueológicos más remotos se hallan en la civilización Caral, con unos 5000 años, y la pieza más vieja recuperada en Chilca, Perú, rozaría los 6000 años. En 1973 el arqueólogo Carlos Aschero desenterró ocho quenas en el yacimiento Inca Cueva, en Jujuy, Argentina, datadas en unos 4000 años. Siete eran de caña de bambú y una de hueso. El primer registro escrito de la palabra aparece en 1612, en un vocabulario aimará del misionero Ludovico Bertonio.
En 2009 el Perú la declaró Patrimonio Cultural de la Nación, reconociéndola como el aerófono autóctono de mayor peso en la música tradicional peruana. Para la clasificación de Hornbostel-Sachs, las quenas son aerófonos sin canal de insuflación con tubo resonador longitudinal abierto, código 421.111.12. El sonido se controla con siete agujeros de digitación, seis al frente y uno posterior para el pulgar, aunque existen variantes de cuatro y hasta ocho orificios.
El primer paso en la construcción es la selección del material. Tradicionalmente se emplea caña cortada en su entrenudo, preferentemente bambúes verdes o secos de origen americano como el tokhoro, los géneros Aulonemia o Rhipidocladum. A ellos se sumaron bambúes asiáticos introducidos en el continente. También se trabaja con caña de carrizo y maderas muy duras, entre ellas ébano, jarilla, palo violeta, itín, palo santo, guayubira, pino, estróbilos y cocobolo. En épocas antiguas se usaron hueso, arcilla, calabaza, cerámica y piedra, y hoy se fabrican modelos de metal y plástico.
El luthier busca una pieza seca, recta y libre de imperfecciones, la corta a la longitud deseada y le da forma con herramientas especializadas. El extremo abierto es donde se talla la embocadura, una escotadura o muesca que encaja en el labio del ejecutante. El extremo terminal, llamado orificio distal, suele formarse por un nudo del bambú perforado con un agujero menor que el resto del tubo; algunos constructores prefieren cortar el tubo para que ese orificado mantenga el diámetro del caño.
Las especies de bambú presentan geometrías de entrenudo más o menos cónicas, cilíndricas, y texturas internas distintas. Eso es lo que da origen a los diferentes tipos de quena que se encuentran en los mercados andinos. Cada especie responde de manera propia al corte y al pulido, y el artesano debe conocerlas bien antes de iniciar la talla.
La escotadura es la pieza clave del instrumento. Es una muesca afilada que divide el chorro de aire del soplo y lo convierte en vibración. Puede tener forma de U, V, W o cuadrada, y cada geometría produce un timbre diferente. Su inclinación, tamaño y forma, combinados con la cara del músico, definen la embocadura ideal. En el trabajo artesanal el tubo se corta con sierra dejando unos tres cuartos del agujero del lado útil, se rebaba con cuchillo y lijas de granos progresivos, y la escotadura se rebaja con lima redonda desde fuera y desde dentro buscando una U abierta.
Conviene que la muesca no quede extremadamente filosa para evitar seseos indeseados. A mayor largo de la escotadura hay más volumen, pero también más dificultad para soplar. A mayor ancho se gana en volumen y en la riqueza de armónicos. Un taller familiar en Cusco o Puno puede tardar varios días solo en este detalle, ajustando con lima fina hasta que el sonido responde limpio y redondo.
En las comunidades andinas, fabricar una quena no es un acto puramente técnico. La elección de la caña y el momento del corte se consideran decisivos. Algunos artesanos prefieren cortar en luna menguante para asegurar mayor durabilidad, reforzando la idea de que el instrumento tiene un alma propia. Los talleres familiares de Cusco y Puno mantienen vivas estas prácticas y transmiten el oficio de generación en generación, sin manuales ni certificaciones, solo con la memoria de las manos.
La familia de la quena varía en tamaño y registro. La quenilla o quena soprano suena en Re más agudo, la quena contralto estándar en Sol, el quenacho o quena tenor en Re y la mamaquena o quena bajo en Sol, midiendo las de gran tamaño entre 50 y 80 cm. Antiguamente sus cinco orificios servían para melodías pentatónicas incaicas, y con el tiempo se aumentaron a seis, siete u ocho para acercarse a los aerófonos europeos.
La quena moderna de siete agujeros es cromática y capaz de reproducir tres octavas, superando a otros instrumentos de viento tradicionales. Puede llegar por encima del Sol 5 e incluso al Sol 6 en ejemplares muy bien logrados. Esa amplitud la convierte en una herramienta melódica extraordinariamente flexible para la música andina contemporánea.
“En Sol mayor: La al 81,5%, Si al 73%, Do al 67%, Re al 59%, Mi al 51%, Fa# al 44% del largo total”
Dato clave