Cómo se fabrica el oro de 18 quilates: proceso completo
El oro de 18 quilates (18k) es una aleación metálica compuesta por un 75% de oro puro y un 25% de otros metales de aleación. La razón de no usar oro de 24k (100% puro) en la mayoría de aplicaciones es que este es demasiado blando: con una dureza de solo 2,5 en la escala de Mohs, se deforma y raya con extrema facilidad. Al añadir metales como cobre, plata, zinc o paladio, se logra un material significativamente más resistente y duradero, manteniendo al mismo tiempo el color y el brillo característicos del oro.
El proceso comienza en una fundición industrial, donde se calientan las barras de oro puro (generalmente de 24k) a temperaturas que superan los 1.064 °C, punto de fusión del oro. En el crisol, normalmente de grafito o de yeso refractario, se añade la proporción exacta de metales de aleación. Los más habituales son:
Oro amarillo 18k: oro + plata + cobre (proporción típica: 75% Au, 12,5% Ag, 12,5% Cu).
Oro blanco 18k: oro + paladio o níquel + plata + zinc.
Oro rosa o rojo 18k: oro + cobre (proporción típica: 75% Au, 20% Cu, 5% Ag).
Una vez fundida la aleación, el metal líquido se vierte en molde de lingotes (generalmente moldes de grafito o de acero) donde se solidifica en barras o lingotes. En instalaciones de mayor nivel se emplea fundición al vacío para eliminar burbujas de gas y mejorar la homogeneidad del material. Tras la solidificación, el lingote se enfría controladamente para evitar tensiones internas.
El siguiente paso es el laminado en caliente y en frío. El lingote se pasa repetidamente entre rodillos de acero hasta obtener planchas del grosor deseado (desde 3 mm para piezas gruesas hasta 0,2 mm para láminas finas). Este proceso alinea la estructura cristalina del metal y le confiere mayor resistencia mecánica. Entre pasada y pasada, el material se recocido (se calienta a unos 650-700 °C) para eliminar las tensiones acumuladas y evitar que se quiebre.
Con la plancha ya disponible, el joyero o fabricante da forma a la pieza mediante técnicas de conformado: doblado, estampado, repujado, cizallado o, en procesos más modernos, impresión 3D de cera seguida de colado en arena a la cera perdida (proceso de cercha). En este último, se modela una réplica en cera, se recubre con yeso refractario, se funde la cera y se vierte el oro 18k líquido en el molde resultante.
Tras el conformado, la pieza pasa por tratamientos térmicos: recocido para ablandar el metal si se va a seguir trabajando, o tratamiento de temple si se busca mayor dureza final. En el caso del oro blanco, puede aplicarse un baño de rutenio o rodio mediante electrodeposición para intensificar el tono frío y aumentar la resistencia a la oxidación superficial.
El acabado incluye limado, pulido mecánico con pastas abrasivas de granulación decreciente (desde 120 hasta 0,5 µm), pulido final con paño y pasta de diamante, y en algunos casos un pulido espejo o satinado según el diseño. Finalmente se somete a control de calidad: verificación del quilataje con prueba de ácidos o con espectrómetro de fluorescencia de rayos X (XRF), medición de peso, inspección visual de defectos y ensayo de dureza.
Toda pieza de oro 18k legítima debe llevar el estampado o punzón que certifica su contenido. En España y la mayoría de países europeos se utiliza el número "750" (por los 750/1000 de oro) o el clásico "18k", junto al número de control de la asociación de joyeros local. Este marcado es obligatorio por ley y garantiza al consumidor la composición real del material.
La temperatura de fusión del oro es de 1.064 °C; la aleación 18k funde ligeramente por debajo, entre 950 y 1020 °C según su composición exacta.
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