El pan judío, conocido tradicionalmente como challah, es mucho más que un simple pan; es una expresión cultural y religiosa que se prepara con devoción, especialmente para el shabbat o las festividades. A diferencia de los panes rústicos sin aditivos, la challah se caracteriza por su riqueza, ya que incorpora huevo, leche (o agua en días ayunos), azúcar y aceite o manteca, lo que le confiere una miga suave, húmeda y una corteza dorada e irresistible. Para empezar esta receta casera, debes tener a mano todos los ingredientes: harina de fuerza, levadura fresca o seca, huevos, leche tibia, azúcar, sal, aceite de oliva o manteca sin sal, y opcionalmente pasas o semillas como sésamo o anís estrellado para decorar.
El primer paso fundamental es la activación de la levadura. Disuelve la levadura en la leche tibia (no caliente, para no matar los microorganismos) junto con una pizca de azúcar y deja reposar unos diez minutos hasta que espume. Mientras tanto, bate los huevos con el resto del azúcar y la sal. La técnica de amasado es clave: comienza incorporando la harina a la mezcla líquida poco a poco hasta formar una masa pegajosa. A partir de aquí, necesitarás paciencia. Amasa durante al menos 10-15 minutos hasta que la masa suelte las manos y quede lisa y elástica. Este proceso desarrolla el gluten, esencial para la estructura del pan.
Una vez amasada, deja reposar la masa en un bol engrasado, cubierta con film transparente o un paño húmedo, durante una a dos horas, hasta que doble su volumen. Este primer levado es crucial para el sabor y la textura. Tras el reposo, precalienta tu horno a 180°C. El pan judío tradicional tiene formas específicas; puede ser una trenza simple o una trenza de tres hebras entrelazadas, que simboliza la unión. Divide la masa en tres porciones iguales y estíralas con un rodillo hasta formar tiras largas. Cruza las tiras entre sí para crear la clásica forma trenzada, asegurándote de sellar bien los extremos para que no se abran durante la cocción.
Coloca la trenza en una bandeja forrada con papel de horno y deja segundo levado durante 30-45 minutos. Mientras tanto, prepara el glaseado: mezcla un huevo batido con un poco de agua o leche y una pizca de azúcar. Justo antes de meter al horno, pinta generosamente la superficie del pan con este glaseado. Puedes espolvorear encima semillas de sésamo, anís estrellado o pasas picadas para darle ese toque auténtico. Hornea durante 30-40 minutos hasta que esté dorado y suene a hueco al golpearlo por debajo. Sácalo del horno y déjalo enfriar sobre una rejilla antes de cortar, ya que la miga necesita tiempo para asentar.
Hacer pan judío casero es una experiencia gratificante que conecta la tradición con el sabor moderno. Al seguir estos pasos, no solo obtendrás un pan delicioso para acompañar tus comidas, sino que también revives una costumbre llena de significado. La clave está en la paciencia durante los levados y en la calidad de los ingredientes. Disfruta del proceso y del resultado final, que es mucho mejor que cualquier versión comprada.