El pan judío, o challah, es mucho más que una simple comida; es un símbolo cultural y religioso que se prepara especialmente para el Shabat y las festividades. Su característica principal es su textura rica y esponjosa, lograda gracias a la incorporación de huevo y aceite o mantequilla en la masa.
Para comenzar, necesitas reunir ingredientes frescos: 500 gramos de harina de fuerza, 2 cucharaditas de sal, 2 cucharaditas de azúcar, 7 gramos de levadura fresca (o 4 gramos de seca), 100 mililitros de leche tibia, 2 huevos enteros más uno extra para el bruñido, y 30 mililitros de aceite de oliva o mantequilla derretida. La calidad de la harina es crucial; busca una con alto contenido proteico para garantizar una buena estructura.
El proceso comienza con la activación de la levadura en la leche tibia con una pizca de azúcar durante 10 minutos. Mientras tanto, mezcla la harina y la sal en un bol grande. Añade los huevos batidos y el aceite a la mezcla húmeda e incorpórala a la harina. Amasa durante al menos 10-15 minutos hasta obtener una masa lisa, elástica y que no se pegue excesivamente en las manos. Esta etapa es fundamental para desarrollar el gluten.
Una vez amasada, cubre la masa con un paño húmedo o film transparente y déjala reposar en un lugar cálido durante 1 a 1.5 horas, hasta que duplique su volumen. Este proceso de fermentación es vital para el sabor y la textura final.
Después del primer levado, desgasifica la masa con cuidado y divídela. Para una challah tradicional trenzada, divide la masa en 3 o 4 partes iguales. Estira cada porción en una tira larga, similar a un salchicha de unos 25-30 cm de longitud. Colócalas sobre una bandeja forrada con papel de horno.
Ahora viene la parte artística: trenza las tiras comenzando desde la base hacia arriba, entrelazándolas con firmeza pero sin apretar demasiado para no romper la estructura. Puedes hacer un nudo simple en los extremos para sellarlas o simplemente aplastar las puntas contra el pan. Coloca la trenza en una bandeja horneada y cúbrela nuevamente. Deja que fermente por segunda vez durante 30-45 minutos.
Prepara un bruñido batiendo el huevo extra restante con una cucharada de agua o leche. Pinta generosamente la superficie del pan antes de hornear para lograr ese característico color dorado y brillante. Hornea en horno precalentado a 180°C (350°F) durante 25-30 minutos. El pan está listo cuando suene hueco al golpear la base.
Hacer pan judío en casa es una experiencia gratificante que conecta con tradiciones centenarias. La clave del éxito reside en la paciencia durante las fermentaciones y en el amasado correcto. Una vez dominada esta receta, puedes variarla añadiendo pasas, nueces o chocolate al relleno para ocasiones especiales. Disfruta de este pan versátil tanto solo como acompañante de comidas.