El cambio del desagüe, o más precisamente de la manguera de evacuación de condensados, es una tarea de mantenimiento fundamental que suele realizarse cuando se observan goteos en la unidad interior, malos olores a humedad dentro de la vivienda o un nivel de ruido anómalo debido al bloqueo total del conducto. Antes de iniciar el proceso, es imprescindible apagar el aire acondicionado desde el termostato y, si es posible, cortar el paso eléctrico en el cuadro de mandos para garantizar la seguridad. La mayoría de las mangueras tienen un diámetro estándar de 5 o 8 milímetros, por lo que debes llevar una pieza nueva de estas medidas a la ferretería. Una vez apagado el equipo, localiza la boquilla de drenaje, generalmente situada en la parte inferior trasera de la unidad interior. Tendrás que desenroscarla con cuidado; si está muy oxidada, aplica un poco de desengrasante o usa una llave inglesa suave para no romper la rosca del plástico. Retira la manguera vieja comprobando que no queden restos dentro de la boquilla.
Para instalar la nueva manguera, asegúrate de que esté limpia y libre de pliegues que puedan obstruir el flujo del agua. Introdúcela firmemente en la boquilla de drenaje; muchas unidades incluyen un pequeño tornillo o pinza para asegurarla y evitar que salte por la presión negativa creada al encender el ventilador. Es vital mantener la pendiente constante hacia el exterior, ya que el agua no sube sola: cada 10 metros de longitud horizontal debería haber al menos 1-2 centímetros de caída. Si el tramo es largo, puedes hacer una pequeña curva en U invertida (sifón) cerca de la entrada a la pared para evitar que entren insectos, pero ten cuidado de no elevar la manguera por encima del nivel de la bandeja. Finalmente, sellan cualquier hueco en la pared con silicona o espuma de poliuretano impermeable y prueba el sistema vertiendo un vaso de agua directamente sobre la bandeja de condensados para verificar que sale correctamente por la salida exterior sin filtraciones.
Realizar este cambio preventivo o correctivo evita daños por humedad en paredes y techos, así como la proliferación de moho que afecta a la calidad del aire interior. Recuerda que si la obstrucción es recurrente, puede deberse a una instalación con pendientes incorrectas o a una suciedad excesiva en el filtro, por lo que se recomienda una limpieza profunda anual por un profesional.