El tejido en redondo, conocido comúnmente como punto redondo, es una técnica fundamental en el oficio del tejer que permite crear prendas tubulares sin necesidad de realizar costuras finales. A diferencia del tejido plano, donde se trabaja ida y vuelta, en el punto redondo las agujas se mantienen fijas y se va girando la hebra alrededor del círculo de puntos activos. Para iniciar correctamente un proyecto en redondo con dos agujas rectas o de punta larga, lo primero es calcular con precisión el número de puntos que necesitas montar para que la prenda tenga la circunferencia deseada. Una vez montados los puntos, se debe realizar la famosa Costura Invisible o uniur los extremos formando un anillo perfecto, siendo crucial no tensar demasiado la hebra para evitar que el tejido quede arrugado o con un inicio irregular. El truco profesional es dejar un pequeño espacio de seguridad entre el primer y el último punto montado antes de cerrar el bucle. Durante el proceso de tejido, la aguja izquierda mantiene los puntos ya tejidos mientras que la aguja derecha trabaja los nuevos puntos, moviéndose siempre en sentido horario alrededor del círculo. Es importante mantener una tensión constante; si aprietas demasiado, la prenda será rígida y difícil de llevar, pero si sueltas mucho, el tejido perderá estructura. Los principiantes suelen cometer el error de girar las agujas incorrectamente, lo que puede dar lugar a un efecto de torsión en el borde inferior de la prenda. Para evitar esto, retuerce suavemente el anillo de puntos en la dirección opuesta al sentido del giro natural antes de comenzar a tejer la primera vuelta completa.
A medida que avanzas en las vueltas, es fundamental identificar claramente dónde comienza y dónde termina cada una para no perder la cuenta. Muchos tejedores utilizan un marcador de puntada o una hebra de color contrastante para marcar el inicio de la vuelta, lo cual resulta indispensable especialmente cuando se trabajan patrones complejos con cambios de patrón o colores. Al llegar al punto marcado, debes cambiar las agujas de mano: la que estaba en tu mano izquierda pasa a la derecha y viceversa, manteniendo siempre los puntos activos tensionados sobre la aguja que no está tejiendo. Este movimiento constante requiere práctica para automatizar el gesto y evitar fatiga en las muñecas. Si notas que el tejido empieza a torcerse hacia adentro o hacia afuera de forma irregular, revisa tu tensión y asegúrate de que no estés tirando de la hebra del centro mientras tejes. Además, al trabajar con agujas rectas largas, debes estar atento a que la aguja vacía no se enrede con la hebra suelta, algo que puede ocurrir si el cable o la longitud de las agujas no es adecuada para el diámetro de la prenda. Para prendas anchas como los cuellos de las camisetas, utiliza agujas de punta larga (DLP) de al menos 80 centímetros; para bucles más pequeños como los calcetines, bastará con 40 o 60 centímetros. La clave del éxito en el punto redondo reside en la consistencia: mantener el mismo ritmo de punteado y la misma tensión de hebra durante todo el proyecto garantiza un acabado profesional y uniforme.
Dominar el punto redondo con dos agujas es una habilidad transformadora que abrirá las puertas a la creación de infinitas prendas sin costuras, desde calcetines hasta cuellos de jerséis. La práctica constante es la clave; comienza con proyectos pequeños para afinar tu tensión y coordinación antes de lanzarte a creaciones más grandes. Recuerda que cada tejedor desarrolla su propio ritmo, así que no te desanimes si al principio se siente incómodo. Con paciencia y las técnicas adecuadas, pronto verás cómo tus manos dominan el movimiento circular y tus proyectos alcanzan un acabado profesional y elegante.