La madrugada del 27 de septiembre de 2014, la comunidad educativa de la Escuela Normal Rural "Magdalena Kino" en Ayotzinapa, Guerrero, se vio sacudida por una tragedia nacional e internacional. Un grupo de estudiantes que viajaban en camiones hacia la ciudad de Iguala para celebrar el aniversario de la masacre de Tlatelolco fueron interceptados. Las versiones iniciales y las investigaciones posteriores señalan una intervención violenta por parte de elementos policiales de Iguala y de la agrupación criminal "Los Caballeros Templarios", quienes protagonizaron una balacera que dejó varios muertos e hirió a otros estudiantes.
El nudo central del caso reside en el destino de 43 normalistas, quienes fueron trasladados hacia el basurero municipal de Cocula, donde fueron presuntamente entregados a miembros de la célula criminal local. Según la versión oficial inicial, los estudiantes fueron asesinados e incinerados junto con sus pertenencias en un basurero cercano. Sin embargo, esta hipótesis ha sido ampliamente cuestionada por organizaciones de derechos humanos, peritos independientes y las propias familias de las víctimas, quienes mantienen una búsqueda activa para encontrar a sus seres queridos vivos.
El caso de Ayotzinapa trasciende la desaparición física de los estudiantes para convertirse en un símbolo de las heridas profundas en la seguridad pública y la justicia mexicana. A pesar de los años transcurridos, la verdad completa sigue siendo un objetivo pendiente que exige memoria histórica y exigencia ciudadana.