Argentina en el Mundial de 1994: del sueño al derrumbe en 32 años de memoria
Corría el año 1994 y el fútbol mundial se instalaba en un escenario inesperado: los Estados Unidos. La decimoquinta edición de la Copa Mundial se disputó entre el 17 de junio y el 17 de julio, en un país cuya tradición deportiva giraba en torno al béisbol, el fútbol americano, el hockey sobre hielo y el baloncesto. La elección fue polémica, sí, pero el resultado superó todas las previsiones: casi 3,6 millones de espectadores llenaron las tribunas de 9 estadios, todos originalmente diseñados para el fútbol americano, con una media de casi 69.000 almas por encuentro. Fue el Mundial con mayor afluencia de público en la historia, y también el último que se jugó con 24 selecciones, permitiendo que los cuatro mejores terceros avanzaran a octavos. Además, marcó un hito reglamentario: la victoria pasó a otorgar tres puntos por primera vez.
Brasil terminó coronándose tetracampeón al vencer a Italia desde los once metros en el Rose Bowl de Pasadena, la primera final mundialista definida por penaltis. El torneo también dejó páginas negras, como el asesinato del defensor colombiano Andrés Escobar tras su autogol, y páginas memorables, como el camerunés Roger Milla anotando a los 42 años para convertirse en el goleador más veterano de la historia de los Mundiales.
Argentina llegó a esa cita bajo la dirección de Alfio Basile, quien había asumido tras el subcampeonato de Italia 1990 con Carlos Bilardo. El equipo venía de ganar las Copas América de 1991 y 1993, con un aire de renovación y confianza. Sin embargo, el camino hacia Estados Unidos estuvo lejos de ser sencillo. En septiembre de 1993, la selección sufrió una humillante derrota por 5-0 ante Colombia en el Monumental, que la obligó a disputar una repesca contra Australia. Para ese tramo decisivo, Basile hizo un movimiento que nadie esperaba: repescó a Diego Armando Maradona, ausente del seleccionado desde hacía meses.
Maradona respondió. Empató 1-1 en Sídney y luego, en Buenos Aires, Argentina venció 1-0 con gol de Gabriel Batistuta. En la clasificación de Conmebol, la Albiceleste había terminado segunda detrás de Colombia, con 7 puntos en seis partidos. La preparación incluyó una gira de amistosos intensa: victoria 2-1 sobre Alemania en Miami, derrota 2-0 con Brasil en Recife, triunfo 3-1 ante Marruecos en Salta (con gol de Maradona desde el penal), empate 3-3 con Chile en Santiago, caída 1-0 con Ecuador en Guayaquil, goleada 3-0 a Israel en Tel Aviv y empate sin goles con Croacia en Zagreb.
El plantel convocó a Goycochea, Islas y Scoponi en el arco; Chamot, Sensini, Ruggeri, Cáceres, Basualdo, Vázquez, Borelli y Hernán Díaz en la defensa; Redondo, Simeone, Leo Rodríguez, Mancuso, Ortega, Hugo Pérez y Maradona en el mediocampo; y Batistuta, Caniggia, Balbo y Medina Bello arriba. Llamaron la atención las ausencias de jugadores habituales del proceso anterior como Mac Allister, Gorosito, Zapata, Altamirano y Acosta.
Argentina quedó encuadrada en el Grupo D junto a Bulgaria, Nigeria y Grecia. El debut fue una fiesta: el 21 de junio, en el Foxboro Stadium de Boston, la selección aplastó 4-0 a Grecia con tres goles de Gabriel Batistuta (uno de penal) y un tanto de Maradona al cierre de una jugada colectiva que, sin que nadie lo supiera entonces, sería el último gol del Diego en un Mundial.
Cuatro días después, en el mismo escenario, Argentina venció 2-1 a Nigeria con un doblete de Claudio Caniggia. El equipo mostraba solidez defensiva, poder ofensivo y un Maradona participativo como conductor del ataque. Todo parecía encajar.
La clasificación a octavos quedaba al alcance de la mano, y el ánimo del plantel estaba por las nubes. Basile planteó una victoria tranquila ante Bulgaria para sellar el primer puesto del grupo. Lo que nadie imaginaba es que ese partido con Nigeria sería el último que jugaría su capitán en un Mundial.
La euforia duró poco. El control antidopaje posterior al Nigeria reveló lo impensado. Y el mundo del fútbol cambió para Argentina para siempre.
El balance final de la preparación mostraba un equipo en crecimiento, con Maradona como eje, Batistuta en estado de gracia y un mediocampo con Redondo y Simeone como pilares. La ilusión era enorme tras dos Copas América consecutivas.
“Argentina terminó 10ª de 24 selecciones: 8 goles a favor, 6 en contra, eliminación en octavos ante Rumania”
Dato clave