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que hicieron los romanos despues de la muerte de jesus, Soldados romanos indiferentes ante los primeros cristianos en Jerusalén tras la crucifixión
historia ·#12411 ·Lectura 8 min. Redacción de respuesta: Editorial NexusCurioso.com

¿Que hicieron los romanos despues de la muerte de jesus?

Respuesta corta

La primera persecución romana documentada contra cristianos fue ordenada por Nerón en el 64 d.C., casi treinta años después de la crucifixión de Jesús.

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Lo que hizo el Imperio Romano después de la muerte de Jesús

Tras la crucifixión de Jesús en Jerusalén, ocurrida alrededor del año 30-33 d.C. bajo el mandato del prefecto Poncio Pilato, el Imperio Romano reaccionó de una forma que muchos esperan: no hizo prácticamente nada. Para la administración imperial, la ejecución de un predicador judío en una provincia periférica como Judea era un asunto menor de orden público, comparable a las cientos de ejecuciones que se llevaban a cabo cada año en las distintas provincias del imperio. Los romanos, siendo pragmáticos en materia religiosa, permitían el culto a cualquier divinidad local siempre que no amenazara la pax romana ni el culto imperial al emperador. Los primeros seguidores de Jesús, conocidos inicialmente como «los de las Vías» o «cristianos» (término que aparece por primera vez en Antioquía, hacia el año 43 d.C., según el libro de los Hechos), continuaron su actividad sin mayor intervención romana. Pablo de Tarso, convertido tras la muerte de Jesús, dedicó los años 40 y 50 d.C. a fundar comunidades cristianas en Galacia, Macedonia, Corinto, Efeso y Roma misma, escribiendo sus epístolas que hoy forman parte del Nuevo Testamento. El Senado y el gobierno imperial no registraron ningún decreto específico contra este pequeño grupo judío durante las primeras décadas. La primera reacción oficial romana documentada llegó con Nerón en el año 64 d.C., tras el gran incendio de Roma. Nerón culpó a los cristianos del suceso y los sometió a una persecución local en la capital imperial, donde fueron ejecutados en el circo de Nerón como espectáculo público. Sin embargo, esta fue una medida aislada y geográficamente limitada a Roma; no se convirtió en política imperial generalizada. Durante el reinado de Domiciano (81-96 d.C.) se intensificó la presión, especialmente contra los que se identificaban abiertamente como cristianos, distinguiéndolos de los judíos, a quienes se les seguía permitiendo practicar su fe. El apóstol Juan, según la tradición, fue exiliado a la isla de Patmos en este periodo, donde recibió las visiones del Apocalipsis. La dinastía antonina trajo una política más consistente. Trayano (98-117 d.C.), en su correspondencia con el gobernador Plinio el Joven (cartas de Plinio, libro X), estableció la doctrina de que los cristianos no debían ser buscados activamente, pero si fueran acusados y se negaran a sacrificar a los dioses romanos, debían ser ejecutados. Esta llamada «regla de Plinio» se mantuvo como criterio administrativo durante décadas: no persecución proactiva, pero tampoco tolerancia explícita. Bajo Hadriano (117-138 d.C.) y Marco Aurelio (161-180 d.C.), la hostilidad creció de forma más difusa. Marco Aurelio, filósofo estoico, vio en el cristianismo una amenaza a la cohesión filosófica del imperio. El mártir Lucio Vero y el filósofo Rustico protagonizaron uno de los juicios más célebres de este periodo. En 177 d.C., la comunidad cristiana de Vienne y Lyón sufrió una de las primeras grandes matanzas documentadas fuera de Roma. Con Septimio Severo (193-211 d.C.) se dictó un edicto que prohibía el proselitismo tanto judío como cristiano, bajo pena de muerte. Los cristianos eran ahora vistos como una religión religio illicita, fuera de la ley, no por su contenido teológico, sino por su carácter exclusivo: un cristiano no podía, a ojos romanos, jurar lealtad a los dioses del estado. En el siglo III, las persecuciones adquirieron una escala sin precedentes. El emperador Decio (249-251 d.C.) exigió que todos los súbditos del imperio ofrecieran un sacrificio público a los dioses y presentaran un certificado (la libellus). Los cristianos que se negaron fueron ejecutados o condenados a trabajos forzados. Valeriano (253-260 d.C.) fue aún más drástico: ordenó la ejecución de obispos, presbíteros y diáconos, la confiscación de bienes eclesiásticos y el exilio de los cristianos que se negaran a sacrificar. La «Gran Persecución» bajo Diocleciano (303-311 d.C.) fue la más violenta y extensa: destrucción de iglesias, quema de escrituras sagradas, degradación de cristianos en cargos públicos y muerte de mártires en todo el imperio. Se estima que murieron entre 25.000 y 100.000 cristianos en estos ocho años. Sin embargo, esta persecución, lejos de erradicar la fe, la fortaleció y convirtió a los mártires en figuras de cohesión comunitaria. El punto de inflexión llegó con Constantino. Tras su victoria en el Puente Mílvio (312 d.C.), emitió el Edicto de Milán en 313 d.C., que otorgaba libertad de culto a todas las religiones del imperio, incluida la cristiana. En 325 d.C., Constantino convocó el Concilio de Nicea para unificar la doctrina cristiana, y en 328 d.C. convirtió su palacio de Constantinopla en sede de la nueva capital. El cristianismo pasó de ser perseguido a ser favorecido por el poder imperial. Finalmente, bajo Teodosio I, el Edicto de Tesalónica de 380 d.C. estableció el cristianismo niceno como religión oficial del Imperio Romano. Los templos paganos fueron cerrados, los juegos olímpicos terminaron en 393 d.C., y la estructura religiosa romana que había tolerado miles de divinidades durante siglos fue reemplazada por una única fe de Estado.

“

El Edicto de Tesalónica (380 d.C.) convirtió al cristianismo en religión oficial del Imperio Romano, cerrando el ciclo iniciado con la indiferencia de Pilato.

Dato clave
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Imagen

Cristianos en oración durante una persecución en la Roma antigua

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De la indiferencia inicial a las persecuciones sistemáticas del cristianismo

Es importante matizar que la relación Roma-cristianismo no fue lineal ni uniformemente hostil. En las primeras dos generaciones tras la muerte de Jesús, los romanos simplemente no se fijaron. El cristianismo era, desde su perspectiva, una rama del judaísmo, una religión permitida en Judea por decreto de Augusto (aunque con restricciones fiscales). La separación entre ambos grupos fue un proceso gradual que no se consolidó hasta bien entrado el siglo II. La persecución romana, cuando llegó a ser sistemática, seguía una lógica administrativa y no teológica: se perseguía al cristiano no por lo que creía, sino porque se negaba a realizar un acto cívico (el sacrificio a los dioses o la adoración al emperador). Esto explica por qué las persecuciones eran intermitentes: dependían del emperador de turno y de la situación política. En épocas de estabilidad, la indiferencia prevalecía; en tiempos de crisis (plagas, terremotos, derrotas militares), se buscaba un chivo expiatorio. El impacto de estas políticas romanas en la Iglesia primitiva fue profundo. La tradición de los mártires se convirtió en el fundamento identitario de la comunidad cristiana: los que morían por no sacrificar eran considerados más santos que los que vivían. San Agustín, siglos después, argumentaría que la sangre de los mártires era semilla de nuevos cristianos (semen christianorum). Las catacumbas romanas, como la de San Calixto o la de San Sebastián, son testimonio arqueológico de las comunidades que se reunían en secreto durante los periodos de mayor represión. Desde el punto de vista puramente romano, la estrategia final fue de absorción. Al hacer del cristianismo religión de Estado, el imperio no solo dejó de perseguirlo, sino que lo instrumentalizó como herramienta de cohesión política. El obispado de Roma se convirtió en una estructura paralela al gobierno imperial, y los concilios ecuménicos (Nicea 325, Constantinopla 381) comenzaron a definir no solo la fe, sino también aspectos de legislación civil. En resumen, lo que los romanos hicieron después de la muerte de Jesús se puede resumir en tres fases: indiferencia (33-64 d.C.), persecución intermitente y creciente (64-313 d.C.) y apropiación como religión oficial (313-380 d.C. y después). Un arco de poco más de tres siglos que transformó a un pequeño grupo de judíos galileos en la religión dominante de la mitad del mundo conocido.

Conclusión:

¿que hicieron los romanos despues de la muerte de jesus?

La historia de lo que los romanos hicieron después de la muerte de Jesús es, en esencia, la historia de cómo una potencia imperial pasó de ignorar un pequeño grupo religioso a perseguirlo durante siglos y, finalmente, a adoptarlo como pilar de su identidad cultural y política. Un proceso de tres siglos que transformó irreversiblemente el mapa religioso del mundo mediterráneo y sentó las bases de la civilización occidental.

Fuentes: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Cartas a Plinio deTácito (Anales, lib. XV), Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica), Edictos imperiales romanos (Milán 313, Tesalónica 380), Tertuliano (Apologeticum). —
Redacción: editorial NexusCurioso.com
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