¿Qué hicieron los liquidadores de Chernóbil? El sacrificio silencioso de 600.000 personas
El 26 de abril de 1986, la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania, entonces URSS) liberó una nube de material radiactivo que se extendió por gran parte de Europa. En las horas y días siguientes, el gobierno soviético movilizó a miles de trabajadores, militares, mineros, pilotos e ingenieros para contener la catástrofe. A estas personas se les conoció como liquidadores, término que en ruso (likvidatory) significa literalmente 'los que resuelven o liquidan un problema'. Se estima que entre 600.000 y 800.000 personas participaron en las operaciones de limpieza y contención durante los meses y años posteriores al accidente.
Una de las tareas más peligrosas y visibles fue la supresión del fuego en el reactor. Pilotos de helicópteros militares, como los capitanes Valeri Belyayev y Leonid Teliatkín, volaron a apenas 200 metros sobre el núcleo en llamas para arrojar arenas, boratos y plomo desde helicópteros Mi-26 e Il-76. Cada pasada les exponía a dosis letales de radiación. Belyayev falleció en 1989 por leucemia inducida por radiación. Otros pilotos sufrieron quemaduras agudas y enfermedad por radiación en las semanas siguientes.
Simultáneamente, mineros de la cercana ciudad de Pripyat, expertos en excavaciones subterráneas, fueron reasignados para cavar un túnel de 168 metros bajo el reactor. Su objetivo era instalar un bloque de grafito de 100 toneladas que estabilizara el núcleo y abrir canales de drenaje para evacuar el agua subterránea y evitar una segunda explosión. Trabajaron con geófonos y herramientas manuales, expuestos a niveles de radiación extremos, durante las primeras 48 horas críticas.
Otra figura legendaria son los llamados 'biorobots': Alexéi Ananenko, Valeri Bezpalov y Borís Baranov, tres ingenieros que, ante la imposibilidad de operar las válvulas automatizadas dañadas, entraron manualmente en el sótano del reactor para abrir las esclusas de agua y drenar los pozos. El nivel de radiación en ese punto superaba las 10.000 rem, una dosis letal en minutos. Su decisión probablemente evitó la fusión total del núcleo y una segunda explosión mucho peor.
La construcción del 'Sarcófago' (también llamado 'Mausoleo' o 'Cofre') fue la obra más emblemática. Un ejército de 300.000 trabajadores, muchos de ellos reclutas militares de la 37.ª División de Tanques de Ryazán, levantó en apenas 200 días una estructura de hormigón y acero de 200.000 toneladas que encerró el reactor destruido. Trabajaban en turnos de 90 segundos a 4 minutos, rotando constantemente para no exceder las dosis diarias permitidas.
Miles de trabajadores civiles, bomberos, voluntarios y militares se encargaron de la descontaminación de la ciudad de Pripyat (evacuada en 36 horas), de los ríos, alcantarillados, techos y calles del perímetro de 30 km. Mujeres y niños pequeños eran a veces enviados a barrer las aceras con escobas para reducir el tiempo de exposición de los adultos. Se utilizaron camiones para arrastrar capas de tierra y se aplicaron soluciones de polímeros para fijar la radiactividad en el suelo.
Dentro del reactor, robots y brazos mecánicos (aunque con resultados muy limitados por la radiación) intentaron extraer combustible nuclear y escombros. Cuando fallaron, se recurrió a operarios manuales que trabajaban por turnos de segundos. La 'marea negra' y la 'isla' de escombros fundidos en la sala del reactor requirieron años de trabajo para ser contenidas.
El impacto en la salud de los liquidadores fue devastador: miles desarrollaron leucemia, tumores tiroideos, cataratas y enfermedades cardiovasculares. Los primeros bomberos (Vadim Suslov y Vladímir Pravik, quienes apagaron el techo del reactor con extintores) murieron por hemorragias internas a los pocos días. Se calcula que más de 20.000 liquidadores han fallecido prematuramente.
En 2016, el Sarcófago original fue cubierto por la Nueva Estructura de Contención (NEC), una megadoma de acero de 36.500 toneladas que garantiza el aislamiento durante 100 años. Los liquidadores, muchos de ellos con enfermedades crónicas, pudieron seguir desde la distancia la obra que enterraba definitivamente su sacrificio.
El Sarcófago que encerró el reactor destruido se construyó en solo 200 días con una estructura de 200.000 toneladas de hormigón y acero.
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