Los tres héroes de Chernóbil: los pilotos del Mi-26
La noche del 26 de abril de 1986, la explosión del Reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania, entonces URSS) convirtió aquel lugar en la mayor catástrofe nuclear de la historia. En las horas y días siguientes, las autoridades soviéticas necesitaban con urgencia evaluar visualmente el alcance de la destrucción del reactor, pero enviar personal al terreno resultaba extremadamente peligroso debido a los niveles de radiación letal.
Fue entonces cuando se recurrió a la aviación militar. El 1 de mayo de 1986, tres pilotos del 345.º Regimiento de Aviación del Ejército Soviético, con base en la localidad vecina de Sarych, despegaron a bordo de un helicoptero Mi-26 (matrícula CCCP-47530) para sobrevolar el reactor a una altitud de aproximadamente 100 metros. Su misión era simple y terriblemente arriesgada: tomar fotografías aéreas del daño causado para que los ingenieros y físicos pudieran planificar las operaciones de contención.
Los tres héroes fueron:
| Puesto | Nombre | Detalle |
|---|---|---|
| Comandante (piloto) | Capitán Anatoli Pógo (Pogorelov) | Piloto principal del Mi-26 |
| Piloto a la izquierda | Teniente Viejo Valeri Bázarov | Segundo al mando |
| Piloto a la derecha | Teniente Leonid Toléschnikov | Tercer tripulante |
Durante el vuelo, que duró apenas unos minutos, lograron capturar seis a ocho fotografías aéreas del reactor destripado. El helicóptero realizó varias pasadas sobre la estructura colapsada, y los niveles de radiación detectados en la zona eran decenas de veces superiores a lo considerado seguro para la exposición humana prolongada.
A su retorno, los tres pilotos fueron desinfectados y se les midieron los niveles de exposición. Aunque en ese momento no se les comunicó con claridad el grado real de contaminación, los registros posteriores indicaron que recibieron una dosis significativa de radiación. En la URSS, la información sobre la catástrofe estaba clasificada y los pilotos no recibieron un seguimiento médico adecuado durante años.
La imagen del helicóptero sobrevolando el reactor se convirtió en uno de los iconos visuales de Chernóbil. Aquellas fotografías aéreas fueron esenciales para que los equipos de ingenieros diseñaran la estructura de contención (el famoso «sarcófago») que se construyó en los meses siguientes.
Durante décadas, la figura de estos tres pilotos quedó prácticamente silenciada en la narrativa oficial soviética. No fue hasta la caída de la Unión Soviética y la apertura de archivos en los años 90 cuando sus nombres y su hazaña se hicieron públicos de forma amplia.
En 2006, con motivo del 20.º aniversario de la catástrofe, Ucrania y la comunidad internacional les rindieron homenaje. Se les reconoció oficialmente como héroes por su valentía y sacrificio. En Kiev, en Pólessia y en diversas localidades ucranianas se erigieron monumentos y placas en su memoria.
Los tres fallecieron por cáncer en 2006 (Pógo y Bázarov) y 2015 (Toléschnikov), posiblemente por la radiación absorbida en aquel vuelo.
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