Los 12 Apóstoles después de la muerte de Jesús
Tras la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús, los once apóstoles restantes (Judas Iscariote se había suicidado antes) regresaron a Jerusalén y se mantuvieron reunidos en la llamada 'Cena Alta' durante aproximadamente 40 días. En ese período, Jesús apareció repetidamente a ellos, les enseñó sobre el Reino y les dio la Gran Comisión: ir por todo el mundo y hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28,19-20).
Antes de la Ascensión, el grupo se redujo a once y, siguiendo la indicación de Jesús, elieron a Matías para ocupar el lugar de Judas Iscariote (Hechos 1,15-26), restaurando así el número simbólico de doce.
El evento que marcó el inicio real de su actividad pública fue el Pentecostés, unos 50 días después de la resurrección. Según Hechos 2, el Espíritu Santo descendió sobre ellos y comenzaron a predicar en múltiples lenguas ante la multitud reunida en Jerusalén. Pedro pronunció un sermón que atrajo a unos tres mil conversos. Desde ese momento, la comunidad cristiana de Jerusalén creció rápidamente bajo la dirección de Pedro y los apóstoles.
Durante los primeros años (aprox. 33-42 d.C.), la actividad apostólica se centró en Jerusalén. Establecieron normas comunitarias, repartían bienes entre los fieles, realizaban milagros y enfrentaban las primeras tensiones con las autoridades judías. Pedro y Juan fueron arrestados por el Sanedrín (Hechos 4-5), y Pedro fue encarcelado por el rey Herodes Agripa I (Hechos 12).
El Concilio de Jerusalén (aprox. 49 d.C.), documentado en Hechos 15, fue un hito crucial: los apóstoles, junto a Pablo y Bernabé, debatieron si los gentiles convertidos debían circuncidarse. La decisión fue que no, lo que abrió la misión cristiana al mundo pagano de forma decidida.
A partir de esa fecha, los apóstoles y los misioneros que ellos enviaron se dispersaron por el Imperio Romano. El Nuevo Testamento y las cartas paulinas confirman viajes a Antioquía, Damasco, Efeso, Filipos, Atenas y Roma. Los Hechos de los Apóstoles describe misiones a Asia Menor, Grecia y Macedonia.
Es importante distinguir entre lo que el Nuevo Testamento documenta directamente (Pedro en Jerusalén y luego Roma; Pablo en sus tres viajes misioneros; Juan en Éfeso) y lo que proviene de tradiciones tardías (siglos II-VI), como las 'Actas apócrifas' y el 'Martirologio Romano', que atribuyen a cada apóstol un lugar concreto de martirio.
La dispersión fue estratégica: cada apóstol o grupo se dirigió a una región específica, estableciendo comunidades cristianas que con el tiempo se organizarían en las primeras diócesis. Esta red de iglesias fundadas o supervisadas por apóstoles es la base de lo que luego se llamaría la Iglesia apostólica, cuya continuidad invocan tanto católicos como ortodoxos.
Juan de Gescemáneo es la única tradición unánime entre católicos y ortodoxos: el único apóstol que murió de muerte natural, en Éfeso, a muy avanzada edad.
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